TOSCA, guiño equivocado

Confusa puesta del clásico de Puccini a cargo de Nelson Coccalotto

Tosca Música: Giacomo Puccini – Elenco: Anabella Carnevalli, Juan Carlos Vassallo, Fabián Veloz, Tomás Mingardo, Dardo Varela, Jesús Ciavatti, Gastón Sossi – Vestuario: Oscar Fernández Fini – Piano y Dirección Musical: María Inés Natalucci  – Percusión: Tiago Rivero y Renzo Sacavino –  Dirección escénica: Nelson Coccalotto 

En el marco del ciclo This is opera, el Teatro El Círculo de Rosario presentó su Función No. 6 dedicada a una de las obras más emblemáticas de Giacomo Puccini: Tosca. Anunciada con un guiño a la historia argentina, al escenario subieron Anabella Carnevali como Floria Tosca, Juan Carlos Vassallo como Mario Cavaradossi, y Fabián Veloz como el Barón Scarpia. Los tres cantantes cumplieron muy bien sus papeles y -aunque personaje secundario- el Sacristán estuvo muy bien logrado por Dardo Varela. Si bien Tosca no llegó a tocar del todo fibras íntimas en el Vissi d’arte, en general el desempeño de la cantante que llevó adelante el personaje fue muy bueno, especialmente los duetos con Cavaradossi, y el aria de este último, Recondita armonía, muy aplaudida. Digno de mención fue el desempeño de Veloz como el malvado villano, no solo en lo vocal, sino en el gesto que el barítono tuvo en el saludo final cuando invitó a la pianista, María Inés Natalucci, a saludar al público una vez que lo hicieron los demás participantes.

Sin embargo, algunas cuestiones hicieron bastante agua, y no nos estamos refiriendo a la que fluye al costado del Castel Sant’Angelo, en Roma. La acción no transcurre en la Europa de principios de siglo XIX, sino en Mar del Plata, República Argentina, en marzo de 1976. De más está aclarar qué momento histórico de nuestro país acaeció en esa época. Promocionada en los medios como “un guiño a la historia argentina”, esta adaptación, como tantas otras adaptaciones fallidas cuando no polémicas (recuérdese el reciente caso Theodora), pretende tratar un tema muy sensible para los argentinos echando mano de una obra clásica e inolvidable.

Tosca, en la régie de Nelson Coccalotto, inicia con ulular de sirenas y un comunicado en off de la toma del poder de la Junta Militar. Acto seguido, Cesare Angelotti (Tomás Mingardo) se desplaza desde la entrada de la sala hacia el escenario, con signos de haber sido maltratado. Luego, como ya sabemos, Cavaradossi le da su ayuda. Recordemos que Angelotti es el excónsul de la República Romana, y que Puccini se habría inspirado en Liborio Angelucci, un médico y político italiano que detentó ese cargo, y que estuvo preso en Castel Sant’Angelo por su apoyo a Francia. Pero en esta insólita versión, Angelotti es un jefe montonero que huye de las fuerzas armadas argentinas. Sin embargo, en lo cantado se escucha claramente que Angelotti es cónsul, no jefe montonero. Hay que decir que, afortunadamente y para tranquilidad de muchos que fueron testigos de esos tristes años de la historia de nuestro país, este lamentable rango le fue asignado a un personaje secundario y no al héroe de la obra.

Se advirtieron otras incongruencias. Se consigna en el subtitulado que la acción transcurre en Mar del Plata, pero Scarpia menciona el Palazzo Farnese, que se halla en Roma y no en nuestra costa atlántica. Se mencionan Caseros y Navarro, supuestamente en reemplazo de la caída Marengo, y el salvoconducto que firma Scarpia es a través de Santa Clara del Mar, ciudad distante unos dieciocho kilómetros de Mar del Plata. Es difícil aventurar cómo los amantes podrían salir del país por una vía tan poco convencional. Y como frutilla del postre, aunque la acción transcurre en marzo del ’76, se ve en el primer acto la entrada a la iglesia de mujeres con pañuelo blanco, una obvia alusión a las Madres de Plaza de Mayo, que saltaron a la palestra un año después, en abril de 1977, cuando comenzaron a reunirse en la mítica plaza.

Tosca es una de las óperas más célebres y representadas de Puccini, junto con Madama Butterfly y La Bohème, y es una cruda muestra de cómo corrompe el poder absoluto. Su concepción se inscribe en un momento y lugar determinados. Cualquier intento de intervención, por bien intencionada que sea, arruina el mensaje y el espíritu de la obra.

Se ha dicho que el tema del golpe de estado del ’76 y su devenir merecen una ópera, y ciertamente habrá en nuestro medio lírico artistas con capacidad sobrada para proponer su propia creación, en vez de apropiarse de la obra de otro y ajustarla a una intención que por cierto no era la del compositor original. Viviana Aubele

Fue el 3 de noviembre de 2021
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