Tecnostalgia: Mauro Lanza: The Linconshire Poacher (2022) / Fernando Manasssero: Electricity + Do Re Mi (2024) / Alejandro Aguilar: Antena (2026, estreno) / Raphaël Cendo: Scratch Data (2004) / Fausto Romitelli: La sabbia del tempo (1981) – Ensamble ArtHaus: Amalia Pérez (flauta), Federico Landaburu (clarinete), Pablo Boltshauser (guitarra eléctrica), Bruno Lo Bianco (percusión), Leandro Rodríguez Jáuregui (piano), Carlos Britez (violín), Eliseo Oreste (viola), José Araujo (cello) – Director: Pablo Druker.
Lo digital es parte del actual universo técnico. Pero se trata de una técnica que difiere esencialmente de la naturaleza de las máquinas a las que nos tenía acostumbrado el pasado siglo XX. En este sentido, las músicas que conformaron este nuevo programa del Ensamble Arthaus, no por nada bautizado Tecnostalgia, estuvieron signadas por cierto espíritu vintage y la presencia nostálgica de elementos que remiten a un pasado quizás reciente, pero no por eso menos distante.
Pero empecemos por el principio. Lo primero que llama la atención es la extensa fila de público que espera para ingresar al auditorio de Arthaus. Algo llamativo, tratándose de un concierto de músicas contemporáneas que —al solo efecto de distinguirlas de otras músicas contemporáneas— podríamos designar como rupturistas o experimentales. Sin embargo, este flujo de oyentes curiosos, atrevidos, entusiastas, no es excepcional: Arthaus ya tiene un público propio, ganado a fuerza de prolijidad, calidad y trabajo.
Lo segundo que llama la atención es la velocidad con que ha pasado el tiempo. Todo sucede tan rápido que hablar de ondas de radio o de cintas magnéticas, incluso en formato cassette, supone un gesto casi historicista. El término aparece como un curioso contraste, cuando de músicas compuestas en el siglo XXI se trata. Contemporáneas en el doble sentido de la expresión: músicas realizadas en nuestra época, con estéticas y técnicas compositivas que abandonan o resignifican los elementos y las formas tradicionales.
También se resignifica el sonido: sonidos de ondas de radio fantasmas, de código Morse, pitidos diversos, son materialidades sonoras para el caso de la obra de Mauro Lanza, The Lincolnshire Poacher. Fernando Manassero toma en su trabajo, Electricity + Do Re Mi, el sonido de una serie de radiograbadores, pero no como reproductores de sonidos pregrabados, sino ellos mismos como fuente de sonido en tanto máquinas.
Dice Lanza: «A mí, lo que me interesa de las viejas grabaciones analógicas es también su estatus de señal residual, algo que ha atravesado el espacio, el ruido, el tiempo, y que ha llegado hasta nosotros medio destruido. Un mensaje cifrado del que se ha perdido la clave».
Por su parte, Manassero habla así sobre el gesto nostálgico de usar el grabador como un instrumento: «El presente es horrible y el futuro no pinta muy brillante. Entonces, ante la avalancha de mierda, la nostalgia emerge. […] Esas tecnologías permitían construir una relación personal con la música. Esos dispositivos no prometían toda la música del mundo: había que elegir entre opciones limitadas, incluso se armaban compilados en cassette o CD. La copia se iba reventando a fuerza de reproducciones».
Con muy buen criterio, entre obra y obra, estas y otras declaraciones pudieron leerse, proyectadas sobre una pared. Reflexiones sobre el sentido y la manera de aproximarse a estas músicas que, aunque le dicen al oyente que cada nota está perfectamente calculada, al mismo tiempo parece hecha con restos de lo que va quedando en el camino.
Imaginamos a Alejandro Aguilar como un chico travieso, fascinado con los sonidos que descubre que pueden surgir de los instrumentos y luego con eso arma una obra, centrando su atención en las vibraciones, en las frecuencias. Eso es Antena, el estreno de la velada, obra compuesta en París gracias a una beca de Mozarteum-Arthaus. Dice Aguilar: «Mi idea de pensar al ensamble como un dispositivo tecnológico, en este caso, como una antena; viene de una especie de obsesión que opera en mi obra de entender al ensamble como un artefacto híbrido humano-máquina».
Esta hibridación también aparece en la obra de Raphaël Cendo, Scratch Data, que combina sonidos electrónicos pregrabados con un set de percusión que permitió el lucimiento de Bruno Lo Bianco como solista. Explica Cendo: «La idea era integrar sonidos dañados, hacer de ellos una poesía: la de la destrucción. Es la idea del CD rayado que todavía escuchábamos en aquella época. […] En Francia, a la gente indeseable, a la que no se quiere escuchar ni mostrar, se la confina a la periferia. Son los excluidos de la sociedad. Fue precisamente por eso que quise poner de nuevo en el centro a los sonidos excluidos».
El final estuvo reservado a La sabbia del tempo, de Fausto Romitelli. Después de haber escuchado Professor Bad Trip, del mismo compositor, teníamos la expectativa de atrevernos a esta obra, la única del programa compuesta en el siglo pasado. Y sin duda fue el plato fuerte, con una demostración de la calidad musical de los integrantes del Ensamble Arthaus y la ajustada precisión en la dirección de Pablo Druker.
El próximo concierto del Ensamble Arthaus, que llevará el título de Lunáticos, se llevará a cabo los días 20 y 21 de junio, con un programa integrado por el Pierrot Lunaire de Arnold Schönberg y las Ocho canciones para un rey loco de Peter Maxwell Davis, con Valentino Grizutti en la puesta en escena y los cantantes Eugenia Fuente y Alejandro Spies. Germán A. Serain
Fue el 30 de mayo de 2026
ArtHaus
Centro de Creación Contemporánea
Bartolomé Mitre 434 – CABA
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Próximo concierto: Lunáticos
Sábado 20 de junio a las 20
Domingo 21 de junio a las 18.30
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