POBRES CRIATURAS, Frankenstein empoderada

Una magnífica película que resignifica multitud de relatos, preconceptos y simbologías

Pobres criaturas (Poor Things, Irlanda, 2023) – Actúan: Emma Stone, Willem Dafoe, Mark Ruffalo, Ramy Youssef, Christopher Abbott, Jerrod Carmichael – Música: Jerskin Fendrix – Fotografía: Robbie Ryan – Guion: Tony McNamara – Dirección: Yorgos Lanthimos – Duración: 141 min.

Imaginemos la escena: alguien se acerca a un recién nacido, lo contempla y expresa: ¡Cosita!… También podemos decir que ese pequeño niño es una criatura. Así que haber traducido Poor Things, que es el título original en inglés de esta película, como Pobres criaturas, no es algo tan tirado de los pelos. La última producción del director griego Yorgos Lanthimos evidentemente ha llamado la atención, y más allá de otros reconocimientos ha sido nominada a nada menos que once premios en la  96ª edición de los Premios Óscar. ¿Realmente los merece? Estas cuestiones siempre son debatibles, pero anticipamos que nos ha parecido una película magnífica.

La fotografía del film es impecable, y la narrativa particularmente inusual. En el inicio vemos a una joven saltando desde un puente, en un evidente intento de suicidio. Luego, sin solución de continuidad, nos encontramos en el interior de una mansión, y vemos a la misma joven con una actitud corporal de lo más extraña, junto a un personaje perturbador, con un rostro marcado por cicatrices. El contexto es propio de una pesadilla, y la imagen en blanco y negro sugiere un flashback que no es tal. La irrupción, casi casual, de un extraño animal con cabeza de pato y cuerpo de perro nos lleva a pensar en La isla del Dr. Moreau. Y no estamos demasiado lejos. Si combinamos la novela de H.G. Wells con Frankenstein, tendremos el contexto fundamental de esta historia.

Bella —el personaje central, brillantemente interpretado por Emma Stone— es aquí la versión femenina del moderno Prometeo de Mary Shelley. El nombre parecería querer llevarnos aun a otra historia, la de La Bella y la Bestia; solo que aquí los papeles aparecen confundidos: Bella es inocente, pero su inocencia linda con lo brutal. La moral no ha asomado todavía en esta pobre criatura, cuyo hermoso cuerpo contrasta con una mente inmadura por completo, se diría que reseteada casi a cero.

El joven Max McCandles, estudiante del prestigioso cirujano Godwin Baxter —magnífico Willem Dafoe—, a quien Bella cariñosa y elocuentemente llama God (en inglés God significa Dios), será el encargado de registrar sus avances. En un retruécano simbólico, aquí el monstruo es bello (Bella) y el científico, que es el Dr. Victor Frankenstein de este relato, es quien lleva en sí las monstruosas cicatrices que uno hubiese esperado hallar en el engendro redivivo. De a poco se irá comprendiendo, sin embargo, que el científico es un poco ambas cosas. Para Bella, ese hombre que produce espanto en otros, para ella tanto podría ser Dios como su padre. Y en cierto modo reclamará a la larga su herencia esencial, además de su apellido.

¿Cuáles son los límites propios de la inocencia? Bella carece de moral tanto como del sentido de la precaución o del peligro, así como de criterios sociales. Pero aprende rápido. Quince palabras por día; pero también muchas otras cosas menos mensurables. Aprender equivale a perder la inocencia. Esto queda claro en la parábola bíblica, en la cual el fruto prohibido es ofrecido nada menos que por el árbol de la sabiduría. Comerlo nos expulsa del Paraíso.

En Pobres criaturas vamos a ver perros con cuerpo de gallina, cabras con cabeza de ganso… Nuestro Dr. Frankenstein tiene un modus operandi. De hecho, Godwin Baxter lo dirá expresamente: su filosofía señala que traspasar los límites es la única manera de vivir. Lo demás lo irá descubriendo el espectador de a poco, casi al mismo tiempo en que Bella irá descubriendo el mundo, como un bebé encerrado en el cuerpo de una joven mujer.

Pero como bien enseña el Fausto de Goethe, debe tenerse presente que en lo que hace al aprendizaje humano está la dimensión de las ideas, pero también la de las sensaciones. Como parte de su aprendizaje, la joven mujer descubrirá el poder de sus hormonas. Desvinculada de las represiones culturales, planteando una fantasía que hará las delicias del público freudiano, Bella será protagonista de momentos desopilantes, pero también salvajes. Lo interesante es que el espectador acompaña este crecimiento del personaje, replanteándose eventualmente aspectos de la vida que acaso daba por sentados. Hay un cuestionamiento muy fuerte del sentido de lo social, de los límites de las libertades individuales y hasta de la lógica capitalista en relación a la indiferencia y la crueldad humanas. Este es un gran mérito del film.

“Estoy trabajando sobre mi felicidad”, dirá Bella en una escena, mientras se masturba. El personaje es pintado así a un mismo tiempo como salvaje y empoderado. No mucho más tarde, como si fuese  una encarnación de Diógenes, su evolución la llevará a decir a quien busca dominarla: “Me estás tapando el sol”. En la tosquedad de la buena y bella salvaje, que nos remite de manera inmediata a Rousseau, reside también la evidencia de una sabiduría primaria que la cultura ha mancillado.

Bella encierra un cúmulo de contradicciones, tanto como la defensa de una libertad individual bien entendida, en un mundo donde esa palabra ha sido muy manoseada. La fuerte defensa del empoderamiento de la hembra humana por sobre el escenario de la represión cultural a la cual ha sido tradicionalmente sometida en occidente no puede ser sino bienvenida. 

Hay algunas cosas en el film que no quedan del todo claras. No se entiende muy bien, por ejemplo, por qué Lanthimos decidió pintar un escenario retrofuturista, haciendo convivir un Londres victoriano con una Lisboa, una Alejandría o una París insólitas, con arquitecturas imposibles y curiosos ingenios voladores. Pero definitivamente estos son detalles que no importan. Son libertades creativas que adornan este film que nos lleva a pensar que, pobres criaturas, en definitiva, no son solamente las de la pantalla, sino en algún punto todos nosotros, que somos su reflejo. Germán A. Serain

Yorgos Lanthimos en Film Affinity
Emma Stone en Wikipedia

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