OTELO, clásico revisitado

La obra de Shakespeare abordada desde una estética diferente

Otelo
Actúan: Guillermo Arengo, Florencia Bergallo, Toto Castiñeiras, Roberto Castro, Ezequiel Díaz, Vanesa Gonzales, Laura López Moyano, Esteban Meloni y Javier Pedersoli – Vestuario: Cecilia Zuvialde – Escenografía: Alicia Leloutre – Iluminación: Mariano Arrigoni y Javier Casielles – Sonido: Kaito Barragán – Música: Julián Rodríguez Rona – Músicos: Christian Basso, Zurima Frers, Julián Rodríguez Rona y Fernando Tur – Autor: William Shakespeare – Dirección: Martín Flores Cárdenas

Uno podría preguntarse si lo esencial en las obras de Shakespeare debe buscarse en las historias que se narran o en los textos mismos. Se dirá, lógicamente, que cada obra suya está constituida por ambas variantes. Pero una representación contemporánea de un clásico como Otelo plantea un desafío. Porque la declamación de los textos originales sobre un escenario nos alejaría hoy de la esperable acción dramática, dado que la estética que resulta propia de nuestro tiempo reclama que se tengan presentes claves y dinámicas diferentes de las que acaso resultaban esperables en la Inglaterra del siglo XVII. Así lo entiende Martín Flores Cárdenas, quien plantea un Otelo por momentos irreverente, que juega con el humor, con el desenfado, aunque no por eso deja de darle el debido peso a la intriga palaciega y la consecuente tragedia.

El planteo escénico es mínimo: los actores permanecen todo el tiempo a la vista del público, sentados a ambos costados del sector central donde se desarrolla la acción, aguardando el momento de entrar para cubrir sus roles. Hay además un segundo espacio, un escenario móvil elevado, que avanza o retrocede según sea necesario, que más allá de representar las habitaciones del moro ofrecen un marco diferenciado para el desenlace fatal. Más allá, sobre la izquierda del escenario principal, se ubican los músicos: una banda integrada por guitarra, bajo, teclados y batería, con una presencia importante y muy integrada al espectáculo ya desde el inicio, cuando Guillermo Arengo, un Otelo por demás convincente, se calza la guitarra eléctrica para hacer un punteo que servirá para preludiar el inicio de la obra.

Todas las actuaciones cumplen muy bien su objetivo. Sin embargo, es justo destacar de un modo especial el inefable Yago representado por Ezequiel Díaz, verdaderamente admirable, capaz de seducir al espectador en paralelo al desprecio que genera su villanía. Los contrastes también marcan a la Desdémona de Vanesa González, plena de frivolidad al principio y digna víctima del celoso asesino una vez desencadenado el drama. También el Cesio de Esteban Meloni, el Rodrigo de Javier Pedersoli y el Brabancio de Roberto Castro ocupan sus espacios con autoridad.

La puesta muestra los hilos de las marionetas del titiritero, al mismo tiempo que entra y sale de la ficción sin previo aviso, creando una dinámica muy interesante. Algún espectador podrá sentirse tal vez molesto por las licencias que el director se permite, al llevar de a ratos la tragedia a un lugar irreverente; pero lo cierto es que la realidad suele estar colmada de irreverencias más graves. No debe olvidarse que en el fondo de la ficción, como bien lo señala Flores Cádenas, está presente la cuestión del femicidio, verdadero drama que al parecer estaba tan vigente en 1604, cuando se estrenó la obra, como hoy mismo, más de cuatrocientos años después, con misoginias a la orden del día tanto en las noticias policiales como en el modo en que la televisión nos vende diariamente a la mujer. Germán A. Serain

Se dio hasta octubre 2016
Teatro Regio

Av. Córdoba 6056 – Cap.

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