El infierno está encantador: Gulp! 1985 (2026, Argentina, 95 minutos) – Género: Documental – Con: Ricardo “Rocambole” Cohen, Lito Vitale, Héctor “Tito Fargo” D’Aviero – Montaje: Leandro Sanchez – Guion: Franco Medina Mora – Dirección: Lisando Carcavallo
En la actualidad, reconstruir el origen de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota implica enfrentarse a una paradoja: ¿Cómo narrar una de las historias más trascendentes del rock argentino sin la presencia de sus dos figuras centrales, el Indio Solari y Skay Beilinson? El infierno está encantador: Gulp! 1985 asume ese vacío como punto de partida y, lejos de intentar disimularlo, construye a partir de él. La decisión de incorporar sus voces a través de archivos sonoros, especialmente entrevistas radiales, y de complementarlas con animaciones no solo evita la ausencia, sino que la resignifica; los vuelve presencias espectrales, acordes a una banda cuya identidad siempre se movió entre lo tangible y lo mítico.
El documental se apoya principalmente en los testimonios de quienes formaron parte del núcleo creativo y del entorno inmediato de la banda durante la gestación de Gulp!, uno de sus discos más reconocidos. En ese sentido, la película encuentra su mayor potencia en la reconstrucción coral de la escena musical de ese entonces: la de la Buenos Aires de la postdictadura, donde el under, la experimentación estética y la precariedad técnica convivían con una necesidad urgente de expresión. Aparecen no solo las anécdotas de grabación, sino las condiciones materiales en las cuales se logró concluir el disco, que terminaron moldeando una forma particular de vínculo con el público.
A esta dimensión testimonial se le suma un uso muy potente del archivo audiovisual. El documental incorpora fragmentos de un concierto donde las canciones aparecen completas, sin el recorte habitual de este tipo de materiales. En esos pasajes, la película se corre momentáneamente del registro clásico y se transforma en una suerte de documental-concierto, que permite no solo escuchar sino experimentar la energía en vivo de la banda en sus inicios. Esta decisión no es menor. Al sostener las canciones completas, el film deja que la música construya sentido por sí misma, con lo que refuerza esa idea de comunidad y de ritual que definió a los Redondos desde sus comienzos.
Uno de los aciertos más claros es la atención a las dimensiones estéticas que rodearon a la banda. El trabajo visual de Rocambole, responsable de las tapas y buena parte del imaginario visual de la banda, aparece como un componente central en la construcción de identidad. Del mismo modo, el documental aborda las tensiones entre masividad e independencia de las disqueras, la relación con la censura y el clima el rock argentino en los años ochenta, evitando caer en una lectura celebratoria.
Sin embargo, la película no está exenta de tropiezos formales. Hacia el final, introduce una suerte de cierre falso con la presentación individual de los miembros de la banda y sus respectivos recorridos, que genera una sensación de final. La continuidad posterior del film, que se extiende aún varios minutos más, produce cierta desorientación en el espectador, incluso habilitando una reacción casi automática de aplauso antes de tiempo.
Aun así, El infierno está encantador: Gulp!. 1985 logra capturar el germen de una mística ricotera antes de su consolidación definitiva. Si la historia posterior de los Redondos, la de la masividad absoluta sin renuncia a la independencia musical y comercial, ya forma parte del imaginario colectivo, este film elige volver a ese momento inicial donde todo estaba todavía en construcción. Y en esa elección encuentra su mayor valor. Victoria Varacalli








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