Mi querida señorita ( 2026, España, 112 min.) – Intérpretes: Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu – Música: Álex de Lucas, Zahara – Fotografía: Carlos Rigo – Guion: Alana S. Portero – Director: Fernando González Molina
Mi querida señorita es un drama español que generó expectativas desde el momento en que se anunció. Y con razón. La historia sigue a Adela, hija única de una familia conservadora de Pamplona, que reparte sus días entre la tienda de antigüedades familiar y las clases de catequesis que da. Su vida parece ordenada, tranquila, controlada. Pero por debajo de esa superficie late algo que ella misma no termina de comprender: su identidad sexual, su cuerpo, su lugar en el mundo. Cuando aparecen nuevas personas en su vida, todo eso estalla. Y Adela se lanza a un viaje de Pamplona a Madrid en busca de sí misma.
La película adapta un clásico del cine español, de 1972, protagonizad0 por José Luis López Vázquez y dirigida por Jaime de Armiñán. Era, para su época, una obra audaz. Esta nueva versión no intenta ser lo mismo. No tiene sentido compararlas: nacieron en contextos distintos y reflejan épocas distintas.
El proyecto tomó forma gracias a Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocidos en España como Los Javis. Son los responsables de series como La Mesías y Paquita Salas, y tienen un sello muy reconocible: personajes al margen, historias con carga emocional, y una mirada que mezcla ternura con denuncia social. Como productores, le dieron forma a un relato sobre intersexualidad que busca visibilizar una realidad todavía muy ignorada. La guionista Alana S. Portero, escritora y activista LGBT, construyó un texto que habla a las nuevas generaciones sin perder profundidad.
Detrás de la cámara está Fernando González Molina. Su nombre puede sonar conocido: dirigió Tres metros sobre el cielo, aquella historia de amor que arrasó en taquilla hace unos años. Esa experiencia se nota. La película tiene un lenguaje visual directo y atractivo, con una primera mitad más contenida y clásica, casi como un homenaje al film original. La segunda parte, ya en Madrid, se permite algunos excesos. Ciertos personajes secundarios rozan la caricatura. El sacerdote que encarna Paco León es divertido en pantalla, sí, pero cuesta creerlo. Aun así, eso no arruina el fondo del viaje de Adela.
Y ese viaje interior es lo mejor que tiene la película. Elisabeth Martínez, actriz intersexual en la vida real, da vida a Adela con una honestidad que se siente genuina. No hace una actuación de manual. Lo que muestra es más sutil: la incomodidad, la duda, el miedo a nombrarse. Eso vale mucho. A su lado, Anna Castillo, Manu Ríos, Nagore Aranburu y Lola Rodríguez completan un elenco que funciona. La ambientación en la Pamplona y el Madrid de los 90 y principios de este siglo está muy bien lograda. Hay algo en esa España de persianas cerradas y figuras de cerámica que conecta con la represión que vive Adela.
La película roza el drama a veces con demasiada fuerza, y le falta un poco de humor para equilibrar. El mensaje sobre intersexualidad es importante, pero en algunos momentos la historia parece más un manual de concientización que un relato libre y la vuelve menos ágil. Sin embargo… hay una melancolía tranquila, una calidez que no abandona la historia ni en sus momentos más duros. Mi querida señorita refleja la realidad de infantes que no han tenido voz ni voto para definir su identidad, para alguien que nunca vio su historia en una pantalla. Cristian A. Domínguez









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