EL BARBERO DE SEVILLA, lírica y danza

Mauricio Wainrot en auspicioso debut como régisseur

A los 23 años de edad, el joven Gioacchino Rossini completó su obra maestra El barbero de Sevilla (Il barbiere di Siviglia) en solo trece días, basado en la primera obra de la trilogía de Figaro del francés Pierre Beaumarchais, donde también se había inspirado Wolfgang Amadeus Mozart tres décadas antes para Las bodas de Figaro. La versión ofrecida por el Teatro Colón presentó a un debutante Mauricio Wainrot a cargo de la régie, quien mostró su capacidad e imaginación para manejar la acción escénica manteniéndose fiel a la música y al libreto.

Wainrot incluyó atrayentes coreografías, realizadas por un grupo de 16 excelentes bailarines que otorgaron brillo, color y gracia a diferentes escenas. Hasta la obertura -que usualmente es a telón cerrado- incluyó una idea coreográfica que resultó agradable y novedosa.

Al director musical Miguel Angel Gómez Martínez le faltaron chispa, gracia y ligereza. Por momentos se lo notó sin el temple necesario para sostener las cuerdas todas juntas, mientras que la coordinación entre cantantes y orquesta presentó problemas que llegaron a traducirse en la cara de la mezzo Marina Comparato, cuando no hallaba el apoyo necesario para sostenerse en una Rosina que abordó con suficiencia.

El barítono Mario Cassi presentó un Figaro atractivo y algo tosco que, con voz potente y sonidos muy abiertos, se movió con gran soltura en el escenario. Juan Francisgo Gatell resultó un tenor muy adecuado para la tesitura rossiniana, con mucha seguridad en su Conde de Almaviva. Su bella voz, suave y potente al mismo tiempo, debería haber merecido más aplausos. Los bajos Carlo Lepore y Marco Spotti estuvieron impecables en sus roles de Don Bartolo y Don Basilio respectivamente, como asimismo el barítono Fernando Grassi y la soprano Patricia Gonzalez. personificando a Fiorello y a Berta.

La estética de los decorados fue poco interesante, simple (en el primer acto es similar a Mamma Mia, el musical de ABBA) y con algunos problemas en las terminaciones. No ocurrió lo mismo con el vestuario, rico en texturas y colores, y muy bien realizado. Ambos rubros fueron responsabilidad de Graciela Galán.

Sin dudas, es una buena y recomendable experiencia del Teatro Colén que -tratándose de una noche de Gran Abono- comenzó con una insólita e incómoda marginación con los asistentes que llevaban saco sin corbata, a quienes se frenaba y corría hacia un costado por “orden del director del Teatro”. Finalmente ingresó todo el mundo, incluidos miembros del Gobierno de la Ciudad que tenían también la camisa abierta. Martín Roig

Fue el 29 de abril de 2014
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109
teatrocolon.org.ar

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