CARMEN, amores perros

Un gran regreso de Juventus Lyrica al Teatro Avenida con la ópera de Bizet

Carmen Elenco: Rocío Arbizu, Marcelo Gómez, Juan Salvador Trupia, Carolina Gómez, Víctor Chávez, Mauricio Meren, Virginia Lucero Guevara, Estefanía Cap, Lautaro Chaparro – Dirección escénica: Ana D’Anna y María Jaunarena – Dirección musical: Hernán Sánchez Arteaga.

“¡Rocío Arbizu es Carmen!”, exclamó alguien, cuando ya el público salía del Teatro Avenida, entusiasmado, satisfecho, luego de haber aplaudido con muchísimas ganas el final de la primera de las cuatro fechas con las cuales Juventus Lyrica retomó la saludable costumbre de sus temporadas de ópera en esa magnífica sala, después de dos años de completa inactividad como consecuencia de la pandemia.

En efecto, hay en la notable mezzo argentina mucho del emblemático personaje imaginado por Prosper Mérimée, inspirado a su vez en Pushkin, que más tarde retomaran Ludovic Halévy y Henri Meilhac para crear el libreto de esta maravillosa ópera con música de Georges Bizet. Hay sensualidad, desafío, una fuerza avasallante, que seduce y a la vez resulta amenazadora. Todo eso estuvo presente, en el canto tanto como en la presencia escénica.

Pero también fue maravillosa la tarea de quienes completaron el triángulo del conflicto. Por una parte, el increíble torero de Juan Salvador Trupia, con una voz poderosa y una notable impronta gallarda. Por la otra, el Don José de Marcelo Gómez, perfectamente acomodado a un rol que desde su psicología no resulta fácil de interpretar, pues debe combinar una ternura casi ingenua, que surge por momentos en relación a su amor, con una condición rústica, que lo termina llevando a convertirse en el asesino de su amada.

En realidad Don José carga con un costado oscuro. Sabemos que va a morir, porque las cartas lo han vaticinado, incluso cuando no lo veamos en la ópera. Tampoco lo vemos en la escena, pero cabe preguntarnos si no ha llegado a la milicia empujado por algún entuerto previo. En esta versión, que aporta los diálogos originales del trabajo, que favorecen mucho su cabal comprensión, vemos con claridad algunas cuestiones reveladoras. Así, los celos de Don José también se cobran la vida del teniente Zuñiga, tras su riña en la taberna. Y más tarde, cuando cae ante la pericia de Escamillo: el torero le perdona la vida, diciendo “Yo mato toros, no hombres”. Como respuesta a este gesto de nobleza Don José ataca de nuevo, a traición, intentando matarlo.

Es evidente que el supuesto héroe no se corrompe de la mañana a la noche, sino que arrastra una inseguridad que deriva con facilidad en una furia que ni siquiera la rigidez de la milicia es capaz de contener. Para colmo, el contraste viene dado por el espíritu libre de la vida gitana, glorificado en el coro final del segundo acto. A todo esto se suma, completando un nuevo triángulo, el contraste planteado por la pureza absoluta de Micaela, que en la primera función estuvo interpretada impecablemente por Carolina Gómez.

Recordemos que Carmen, estrenada en la Opéra Comique parisina el 3 de marzo de 1875, recibió en su momento muchos reparos de la crítica. Por lo cual su autor falleció, de un repentino ataque al corazón, exactamente tres meses más tarde, sin saber que su obra iba a convertirse en un clásico que marcaría un antes y un después en el género, borrando la separación entre la ópera seria, heroica, y la ópera cómica. Era el inicio del camino que conduciría al verismo.

Estamos ante la exaltación de una mujer empoderada, en un tiempo en el cual esta idea resultaba subversiva, enfrentada a un hombre débil, que se convertirá en su asesino al intentar vanamente demostrar su valía. Los soldados, en su conjunto, son presentados como vulgares matones. Y los dos protagonistas que podrían recomponer un equilibrio, Escamillo por un lado y Micaela por el otro, son incapaces, respectivamente, de salvarle la vida a Carmen y de encauzar el destino de Don José. En términos de la tradición narrativa, Bizet elabora una antiópera.

“Déjame que te salve”, le dice Don José a Carmen un instante antes de asesinarla. Evidentemente el amor tanto puede ser fuente de placeres como de los mayores pesares. En ocasiones llega incluso al límite de la fatalidad. Este es el eje central de Carmen. Los amores perros. El destino: la muerte para ambos. Esta desacralización del amor romántico que hace Bizet es otra de las características fundamentales de su obra.

Estuvo muy bien Hernán Sánchez Arteaga al frente de la orquesta, que se lució en todo momento, pero emocionó especialmente con el trabajo de los vientos y los violines en el Preludio que abre el tercer acto. Destacable también fue la gran labor vocal y performance escénica del coro, al cual se sumó la simpática y cuidada presencia de un prolijo coro de niños en el inicio y en el final de la ópera.

Los vestuarios, un efectivo y visualmente atractivo dispositivo escénico y la presencia destacada de un bailaor que se lució junto a Carmen en la taberna de Lilas Pastia, completaron el conjunto. Cuidada hasta el último detalle, con una producción notable y más de setenta artistas en escena, esta reposición de Carmen marcó el esperado regreso de Juventus Lyrica, y merece todos los aplausos. Germán A. Serain

La Carmen de Rocío Arbizu, en la puesta anterior de 2015

Fue el 14 de octubre de 2022
Próximas funciones:
Jueves 20 y sábado 22 a las 20

Teatro Avenida
Av. de Mayo 1222 – Cap.
(011) 4381-0662
Juventus Lyrica
Entrevista a Rocío Arbizu y Juan Salvador Trupia en Radio Nacional Clásica

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