AGOTADOS, múltiple virtuosismo

Un actor, cuarenta personajes, y un teléfono que no para; Staltari llena el escenario solo

Agotados (adaptación de Fully Committed) – Actuación: Ariel Staltari  – Autoría: Becky Mode y Mark Setlock –  Dirección: Pablo Fábregas

Hay obras que te sorprenden. Entrás al teatro sin grandes expectativas, te acomodás en la butaca, y de repente… algo pasa. Algo que no podés explicar del todo, pero que te deja con esa sensación rara de haber vivido una hora y media que valió la pena. Eso es, exactamente, lo que hace Agotados con quien se sienta a verla. Un unipersonal que ya se ganó un lugar entre lo más recomendable de la cartelera porteña.

La historia arranca de un lugar muy concreto, un restaurante en su mejor momento. El más exclusivo de Buenos Aires, para ser precisos. Y un teléfono que no para de sonar. Sam, el personaje central de este original unipersonal,  trabaja en ese sótano atendiendo llamadas, reservas imposibles, caprichos descabellados, jerarquías absurdas. La particularidad es que Sam es actor. O quiere serlo. Y mientras espera su gran oportunidad, la vida lo pone a atender. Simple como punto de partida, poderoso como metáfora de época.

La obra es una adaptación de Fully Committed, un texto dramático de origen estadounidense que el equipo eligió como base para construir algo que habla del presente argentino. De esa urgencia permanente, de la exigencia de estar siempre disponible, de los sueños que se sostienen como se puede mientras hay que pagar las cuentas. No hace falta mucho más para que el público se reconozca ahí.

Detrás de la puesta está Pablo Fábregas, un nombre conocido en el humor argentino, con un trabajo meritorio. La dirección apuesta por la austeridad, tan solo un espacio despojado, casi sin adornos, donde el protagonismo lo tiene el actor. Sin efectos especiales ni grandes artificios. Hay algo de apuesta arriesgada en esa decisión… y funciona. El orden escénico elegido opera como contrapunto al caos interno del personaje. La contención visual hace que el desborde emocional golpee más fuerte.

La temática no esquiva nada. Habla de trabajo, de explotación, de clase, de frustraciones y de ese deseo terco de creer que algo mejor está por llegar. Todo eso, sin embargo, pasa por el tamiz del humor. Un humor vertiginoso, que nunca deja que el espectador se ponga cómodo del todo.

Y entonces está él: Ariel Staltari. Solo en escena, sin red, durante una hora y diez minutos, interpreta más de cuarenta personajes distintos. Cuarenta. Cada uno con su voz, su cuerpo, su cadencia particular. La clienta caprichosa, el maitre presuntuoso, el chef histérico, el gerente que no da el brazo a torcer. Uno detrás del otro, sin pausas, sin respiro.

Lo que hace Staltari no es un truco. No es malabarismo vacío. Es trabajo. Trabajo fino, minucioso, con una inteligencia técnica que se nota en cada detalle, la respiración que cambia, la postura que se transforma, la musicalidad de cada personaje. Uno sale del teatro… como si hubiera vivido esa noche junto a Sam. El agotamiento no se representa, sino que  se contagia. Y eso, no es fácil de lograr.

Para quienes lo conocen de la televisión por series como Okupas y El Eternauta —o sus films—, este unipersonal es una total sorpresa. Staltari se corre de los registros habituales y despliega una paleta de matices que te hace pensar: «este tipo puede hacer cualquier cosa». Al final, cuando las luces vuelven, uno se queda unos segundos quieto. Con esa mezcla rara de risa y algo parecido a la emoción. Agotados no busca complacer ni dejar contento a todo el mundo. Busca interpelar. Preguntarte algo. Y eso, en el teatro de hoy, es bastante. Cristian A. Domínguez

Viernes a las 22.15
Lunes 23 de marzo a las 21

Paseo La Plaza
Av. Corrientes 1660 – CABA
(011) 6320-5300
Entradas por Plateanet

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