Actor, músico y transformista, Eduardo Solá ha desarrollado un estilo inconfundible en el que el humor, la fonomímica, la música y la creación de personajes conviven naturalmente. Sonrisas Musicales recupera esos rasgos que el público reconoce desde hace décadas y, al mismo tiempo, deja aflorar con mayor claridad su faceta musical.
El propio título juega con un doble sentido que define acertadamente el show: Sonrisas Musicales también puede leerse como «son risas musicales». A partir de una sucesión de cuadros, Solá despliega humor, nostalgia y homenajes, acompañado por Edy Magalí, Federico Prado y Horacio Vidaurre, quienes completan eficazmente la propuesta mediante actuaciones, canciones y caracterizaciones que suman referencias tan diversas como Raffaella Carrà y Vera Luna.
Quienes lo recuerdan desde la época de Caviar reconocerán la esencia de aquel lenguaje escénico que compartió con Jean François Casanovas. En esta oportunidad aflora con mayor claridad el músico. A partir de un consejo de China Zorrilla, Solá se sienta al teclado e interpreta el Vals de la suite Masquerade, de Aram Khachaturian, con la solvencia de quien posee una sólida formación pianística. Más adelante, el instrumento vuelve a ocupar un lugar central cuando acompaña a Edith Piaf en La foule, además de ofrecer versiones de La vie en rose y Non, je ne regrette rien.
Las caracterizaciones de mujeres de otras épocas, las evocaciones de figuras como Libertad Lamarque, Tita Merello y Olguita Lamas, junto con guiños al tango, a la canción popular y al recitado o la declamación —como el logrado Implacable, de Juana de Ibarbourou—, conforman un recorrido donde el transformismo mantiene intacta su capacidad de sorprender. La fonomímica convive con interpretaciones en vivo y conserva el atractivo juego de no saber en qué momento una canción pertenece a un recurso escénico o a la voz auténtica de sus intérpretes.
El gran protagonista visual de la noche es el vestuario. Brillos, tocados, joyas, plumas y rápidos cambios de indumentaria acompañan un desfile de figuras que remite por momentos al espíritu de la revista musical y completa una propuesta donde la imaginación ocupa un lugar central.
La sencillez de la puesta deja el protagonismo en manos de Eduardo Solá y de un elenco que lo acompaña con encanto. El resultado confirma la vigencia de un artista que sigue fiel a una identidad construida con oficio, imaginación y un sello muy personal. Eso también merece una sonrisa. Martin Wullich
Domingos a las 20.30
Paseo La Plaza
Av. Corrientes 1660 – CABA
Entradas por Plateanet
Eduardo Solá en este Portal














Comentarios