VAN GOGH the immersive experience, aburrida

Meras reproducciones en alta resolución que no entretienen ni educan

En el Rhode Island Center, emplazado en el barrio de Edgewood, asoma a lo lejos el nombre de Vincent van Gogh. Al llegar al edificio, que en el pasado sirvió de gran almacén (big-box retailer), se puede contemplar sobre su fachada una intervención con reminiscencias de uno de los cuadros más reconocidos del post-impresionismo: La noche estrellada. Como su nombre lo indica, Van Gogh: The Immersive Experience es una apuesta por envolver al espectador e invitarlo a ser parte de la vida y obra del pintor neerlandés mediante una propuesta de “eduntaiment”, un portmanteau que sugiere entretenimiento educativo.

La exhibición se torna fútil y absurda por estar plagada de meras reproducciones en alta resolución, adoleciendo de todo intento de entretenimiento y educación. Sin embargo, hay algunos giros creativos que se valen de la integración del arte y la tecnología para interpelar al espectador. Entre ellas, se destaca un jarrón (posiblemente hecho en yeso) sobre el que, acompasado con la música, atrae el despliegue de un dinamismo colorido de las diferentes flores y recipientes pintados por el artista.

Como una puesta escenográfica, se puede presenciar su habitación de la casa amarilla en la localidad de Arlés, al sur de Francia. La tridimensionalidad que adquiere esta recreación hiperrealista procura despojarse del distorsivo punto de fuga que se encuentra en sus tres obras de la habitación, en un período en el que, precisamente inspirado por su amigo Émile Bertrand, van Gogh ensayó la supresión de la profundidad para dar lugar a superficies planas.

La segunda parte de la exposición se trata de un amplio espacio que convierte los poco más de 30 minutos en una inmersión letárgica: el público queda expuesto a una serie de precarias animaciones y espasmódicas transiciones con citas del pintor proyectadas de forma aleatoria. La buena noticia es que uno puede escabullirse de esa improvisada sala de cine cuando considera que ha sido suficiente.

Finalmente, tras atravesar una suerte de taller para colorear un cuadro de van Gogh (instancia que afortunadamente también se puede abandonar en cualquier momento o pasar por alto), llega la única experiencia inmersiva de 360 grados: un recorrido de 10 minutos por siete obras del artista mediante el uso de dispositivos de realidad virtual. Aparece nuevamente su habitación como punto de partida, y luego el viaje permite extrapolarse a posibles escenas que inspiraron a van Gogh, para que tengamos una pictórica vivencia de las calles de Arlés de fines del siglo XIX. De este modo, por ejemplo, encontramos a el óleo Terraza de café por la noche, pintado en 1888, en el que por primera vez esboza un fondo estrellado que dota a la obra de una pulsión de vida, paradójicamente poco antes del trágico final de su creador.

La audacia artística y la inventiva de los diseñadores y curadores logran rescatar a esta experiencia que, por momentos, se vuelve el perfecto epítome de lo que Adorno y Horkheimer, representantes de la Escuela de Frankfurt, llamaban “ilustración como engaño de masas”. Martín Quiroga Barrera Oro

En Buenos Aires: Imagine Van Gogh
La Rural, Predio Ferial de Buenos Aires
(hasta 17 de abril 2022)

Av. Santa Fe 4363 – Cap.
Adultos: $ 3.000.-
Menores de 12 años: $ 2.000.-
Pack familiar (2 mayores y 2 menores): $ 8.000.-
https://www.imagine-vangogh.com

En Washington:
Días de semana, de 10 a 20
(martes cerrado)
Fines de semana y feriados, de 9 a 21
(hasta marzo 2022)
Rhode Island Center

524 Rhode Island Ave NE
Washington, D.C. – Estados Unidos
Tickets
Sitio Web de Van Gogh, the immersive experience

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