IDES KIHLEN, sorprendente creadora de 108 años

La artista despliega en el Palacio Duhau una selección luminosa que recorre su vasto camino y revela su extraordinaria sensibilidad

La primera vez que vi una obra de Ides Kihlen —hará casi tres décadas— fue en casa de Marcelo Longobardi. Me habían invitado a cenar y me detuve, casi sin querer, frente a una pintura preciosa, de una frescura poco habitual. Le pregunté a Marcelo de quién era. Me dijo que había descubierto a la artista hacía un tiempo y que estaba absolutamente fascinado.

Al día siguiente se lo conté a mi madre, Raquel Wullich, también pintora. Para mi sorpresa, no solo la conocía, sino que admiraba profundamente su arte y había compartido con ella el taller de Adolfo Nigro. Así, casi sin buscarlo, fui entrando en el universo de Ides: primero a través de sus obras, luego de los vínculos y, finalmente, de su personalidad. Y cuando supe que además tocaba el piano y llevaba ambas disciplinas a un diálogo íntimo, terminó de encender mi propia fascinación.

Con el tiempo fui acercándome a nuevos capítulos de su recorrido: la retrospectiva presentada por el MNBA —reseñada en este mismo portal por Viviana Aubele— o una muestra colectiva organizada por Norma Duek donde brillaban algunas de sus pinturas. También conocí a sus hijas, Ingrid y Silvia, y juntos alentamos la posibilidad de un reencuentro entre Ides y Raquel que no llegó a concretarse: mi madre se despidió hace poco más de un año, a los 96.

Por eso tiene un peso especial que el Palacio Duhau presente esta exhibición de Ides Kihlen. La historia parece cerrar un círculo inesperado: Ides nació diecisiete años antes que la casona que hoy aloja al hotel. En 1934, cuando aquella residencia inspirada en un castillo francés se levantó sobre la Avenida Alvear, ella —entonces una adolescente— vio surgir esa arquitectura majestuosa que hoy, casi un siglo después, abre sus salones para recibir su arte en una muestra delicada y luminosa.

La muestra reúne cuarenta y dos obras que permiten recorrer distintos momentos del larguísimo camino creativo de Ides Kihlen, un itinerario donde se respira su alegría, su energía vital y esa relación tan suya con el color. La selección abarca piezas de épocas muy diversas, incluidas algunas realizadas durante la pandemia, cuando su impulso artístico no se detuvo un instante.

Y aparecen, además, algunas pequeñas joyas nunca vistas, como dibujos de mascotas realizados en los ochenta. Ides retrata perros y gatos con una ternura y un humor que conmueven. Muchas de esas criaturas formaron parte de su vida; otras pertenecieron a familiares. En todas late la misma intimidad afectuosa.

En estas obras se advierte su libertad compositiva, su capacidad para narrar visualmente y su fidelidad a la audacia del color. Las técnicas son tan variadas como su curiosidad: acrílico sobre tela, acrílico con recortes de papel, cartón intervenido, óleo… Recursos que combina con naturalidad, como si cada soporte fuera simplemente otra forma de decir.

Y vuelve a aparecer allí esa relación única entre pintura y música que acompaña a Ides desde la adolescencia y la llevó a crear una tabla personal de correspondencias entre notas y colores, un pequeño alfabeto íntimo que guía muchas de sus composiciones. Esa sinestesia —ese puente secreto entre sonido y color— convierte cada obra en una experiencia sensorial propia, casi confidencial.

En todos estos trabajos, Ides reafirma su mirada luminosa: la convicción de que la pintura es un territorio de libertad absoluta, un espacio para jugar, explorar, sorprenderse y hallar la belleza que late en lo cotidiano. Martin Wullich

Lunes a domingos las 24 horas
(hasta el 8 de diciembre 2025)
Galería Paseo de las Artes
Palacio Duhau – Park Hyatt
Posadas 1350 – CABA
Acceso libre

Ides Kihlen 2017 Museo Moderno Mi dia de trabajo es todo el dia, credito Joaquin Aras

Vota esta nota

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Publicado en:

Deja una respuesta