La receta para armar una noche italiana no es complicada, pero requiere de algunos elementos para brindarle calidad y calidez. Es necesario un tenor experimentado, con un caudal de voz importante pero que también sepa manejar los pianissimi con dulzura y sutileza. En esto, Santiago Martínez es un gran profesional, que además otorga sentimiento y expresividad a lo que canta. También se necesita alguien que lo acompañe con pareja efusividad y vehemencia, tal como lo hace Juan Pablo Scafidi, que se luce en el piano como un reflejo de la voz del cantante.
En Una noche italiana, informalidad y profesionalismo se dan la mano. La intimidad del lugar y el pequeño escenario, a modo de café concert, generan una sensación que predispone a la escucha atenta. Parecería que hasta el sonido de una copa o un plato se incorporan como elemento percusivo que también acompaña. Además de ser cantante lírico, Santiago Martínez es profesor de historia. No es un detalle menor, para quien va relatando momentos y anécdotas que preludian cada canzonetta o cada aria, para que conozcamos el porqué de su origen o a quién fue dedicada.
Partiendo de 1817, en un periplo de un siglo, Martínez comienza afirmando que el mismísimo y muy joven Stendahl nos invita a hacer el amor con la música de Italia. Menciona el bel canto y la relación con los grandes poetas de la antigüedad; habla de tradiciones, de Dante, de Ovidio y de Virgilio. Llegan Rossini y Olimpia Pelissier, la cortesana más bella de París según Balzac, para dar lugar a L’orgia, evocación de las mujeres y el vino preciosamente entonada.
Las crónicas rescatadas por Martínez hablan de las cuatro amantes de Bellini, todas casadas, o de Paolo Tosti, compositor de más de 600 canciones y maestro de música de dos futuras reinas. Entonces entona Aprile, Malía, A vucchella y Non t’amo piu, después de Malinconía y Ma rendi. Llega Gabriele D’Annunzio y ya sabemos que L’alba separa dalla luce l’ombra. También conocemos el porqué de una Musica prohibita.
Aparecen las primeras grabaciones y Enrico Caruso. A Mariú se le pide que nos hable de amor. Hay anécdotas de la mañana a la noche, desde Mattinata hasta Addormentarmi cosi, y no faltan las golondrinas en su nido ni un pedido de recuerdo –Non ti scordar di me– ni tampoco algún corazón ingrato.
Esa noche, amigos y colegas de Santiago Martínez también hicieron su aporte, convirtiendo el lugar en una noche de fiesta. Roxana Deviggiano, Marisú Pavón, Sebastián Sorarrain y Eduviges Picone se unieron al público exultante, compartiendo seguramente los efluvios de algún vino spumeggiante. Martin Wullich
Fue el 11 de noviembre de 2021
Bargoglio
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