LOS 3 DÍAS DEL CÓNDOR, tensión cotidiana

La era Watergate inspiró la creación del género thriller político hace 40 años

Los 3 días del cóndor es un film estadounidense de 1975 que cuenta con las actuaciones de Robert Redford, Faye Dunaway, Cliff Robertson, Max von Sydow, John Houseman, y la dirección de Sydney Pollack.

El cine y la vida real se influyen recíprocamente mucho más de lo que uno pudiera imaginar. Un film y su época, una colección de documentales creada por los franceses Marie Genin (productora) y Serge July (autor y periodista, cofundador del periódico Libération) analiza obras maestras del cine como espejo de su tiempo. Cada episodio contiene escenas del film, archivos y entrevistas con los realizadores, actores, guionistas  y artistas contemporáneos.  Resume la génesis del retrato del film, de un director, de una estética donde diferentes campos artísticos intervienen: desde la poesía hasta la arquitectura, la pintura o la literatura, de la música a la fotografía.

En Argentina, el canal de cable Film & Arts difunde algunos de sus treinta y cuatro episodios con el nombre de La historia detrás de…. y es especialmente interesante  el capítulo dedicado a Los 3 días del Cóndor, dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford, rodada en un clima político de estupor. Tres días después de comenzar la filmación, en agosto de 1974, Richard Nixon renunciaba a su cargo de presidente de los Estados Unidos debido al escándalo Watergate, resultante del trabajo de investigación de dos jóvenes periodistas del Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward. Enfocados en principio, en un aparente robo banal en el edificio Watergate, sede del partido demócrata en Washington, dan con una cadena de actividades ilegales avaladas por en entorno del presidente con el fin de costear sus propósitos electoralistas y mantener la guerra de Vietnam.

En la trama de Los 3 días del Cóndor, basada en una novela de James Grady y adaptada por David Rayfiel, un agente de la CIA, Joseph Turner  –interpretado por Robert Redford- regresa un día del almuerzo a su oficina y todos sus compañeros han sido asesinados. Al reportar lo sucedido a su jefe de División, éste intenta matarlo. Busca refugio forzando a una chica desconocida –interpretada por Faye Dunaway- , quien aterrorizada al comienzo, termina confiando en él… y algo más. Turner sortea trampas y logra protegerse mientras confirma que una célula de la CIA vinculada a intereses petroleros planea en secreto invadir Medio Oriente. Una vez identificado el nombre del responsable implicado en el complot, le revela el caso al New York Times, y de este modo desactiva la apremiante orden de caza que pende sobre él.

Corría 1975 y este fue el primero de los thrillers con trama política, donde realmente comenzó a mostrarse que ciertas acciones criminales llevadas a cabo por el gobierno daban escalofrío. La dupla Redford y Pollack , consciente de que su film tenía algún correlato sobre el escenario real de su país, intentaba –en el formato de un cine masivo de entretenimiento- filtrar una advertencia sobre un tema que le preocupaba pero, a la vez, trataba de disimular su verdadera intención. Para Pollack –un gran tecnicista- sólo se trataba de hacer un buen film y de usar a la CIA como una alegoría de la era Watergate; para Redford era toda una declaración política, ya que usaba su fama para difundir sus ideas, vinculadas a la defensa de los derechos de los nativos americanos, el antibelicismo y la protección del medioambiente.

Pollack tomó a Redford como el prototipo del americano promedio que cae a un abismo, frente al descrédito de las instituciones. Su personaje es el estadounidense soñador y optimista, que descubre una violación al sueño americano, cometido por un poder oculto, que es mucho más grande, perverso y secreto de lo que puede llegar a comprender. A Pollack le interesaba –como director- la historia, la fábula humanista, los personajes. Su lema era “Vive sinceramente en el marco de circunstancias extraordinarias”.

Sólo un optimista podría arriesgar su carrera y su vida para revelar la verdad. Al final, Jo Turner no solo cree haber hecho lo correcto, sino lo que toda persona moral debería hacer. En sus palabras: “Podemos hacer algo mejor que esto y funcionará.”

¿No suena un poco a Edward Snowden?

Snowden no nacería hasta 1983, pero recrearía el debate de Los 3 días del Cóndor, acerca de lo “permisible”, de hasta dónde puede permitirse que un gobierno decida qué es lo mejor para un país, sin importar lo que piensen el Congreso, los ciudadanos, o la misma constitución. También en aquella época, el periodismo y la prensa se configuraron como un contrapeso indispensable, una vez que demostraron la capacidad y las agallas de revelar negocios turbios acerca del gobierno y la guerra.

Tras el estreno, el film se convirtió en un éxito comercial y de crítica. Había nacido el género “thriller político”, dominado por una tensión moral que no cesa hasta el final. Tensión que se ha vuelto cotidiana a lo largo de los últimos cuarenta años en todo el mundo. Silvia Bonetti

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