A casi un siglo de su estreno, El acorazado Potemkin, más allá de narrar una historia verídica, expone una verdadera sinfonía visual que combina con lo estético y exalta la dignidad colectiva ante una rebelión.
Sergei Eisenstein, su director, estremece al espectador con secuencias de un torrente emocional que provoca e incomoda. Cada plano no busca solo mostrar, sino interpelar, lo que convirtió a esta obra en una de las películas más influyentes de la historia del cine.
Las fragmentos orquestales fueron interpretados de manera impecable por la Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín, orquesta pre-profesional fundada en 1994 por el maestro Mario Benzecry, su director titular. Integrada por más de cien jóvenes de entre catorce y veintisiete años, aborda obras sinfónicas de todos los tiempos. En esta ocasión se lucieron con la solvente dirección del maestro Santiago Chotsourian.
Las partes sinfónicas fueron tomadas de tres compositores rusos: Aleksandr Borodin (Sinfonía Nº 2 Op. 5, conocida como la Sinfonía del Bogatyr -Guerreros Medievales Rusos, de carácter épico e influencias populares rusas); Nikolai Rimsky-Korsakov (Sinfonietta sobre temas rusos Op. 31, de estilo nacionalista basado en melodías folklóricas); y Modest Mussorgsky (fragmentos de Una noche en el Monte Calvo, poema sinfónico que recrea un aquelarre en la noche de San Juan).
Asimismo, parte del acompañamiento musical fue interpretado al piano por el propio Santiago Chotsourian, en carácter de compositor, junto a un ensamble de talentosos jóvenes percusionistas Miranda Bejanuel, Esther Laplaza, Lucio Clivio, Valentín Depaoli y Juan Pablo Rodríguez. La sincronización alcanzada por Chotsourian merece destacarse: su propuesta articula tensiones y distensiones musicales que potencian las emociones transmitidas por las imágenes.
Esto se percibe en escenas célebres como la Escalinata de Odesa: los soldados zaristas avanzando sobre la multitud que corre aterrada, la desgarradora caída del cochecito, las madres desesperadas llorando, presentadas con la preeminencia de los metales en la música de Mussorgski. También en pasajes menos recordados, donde solos de vientos realzaron las cornamusas, las trompetas acompañaron el saludo del comandante, y las escenas de llanto fueron subrayadas por el triángulo y tutti orquestales, siguiendo el pulso de las masas populares en puentes y caminos.
El público mantuvo un silencio respetuoso durante toda la proyección, en una sala colmada y ante una copia impecablemente restaurada. La exhibición fue posible gracias a Marcela Cassinelli, presidenta de la Fundación Cinemateca Argentina, entidad que facilitó la copia restaurada con subtítulos en castellano, y a Silvana Jarmoluk Stroganova, representante de los estudios Mosfilm en Argentina. Vale recordar que para su estreno, la primera copia se envió a Montevideo y luego fue trasladada a Buenos Aires en el histórico Vapor de la Carrera.
El ciclo, que ya presentó La Pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer y La caída de La Casa Usher de Jean Epstein (1928), continuará con Amanecer (1927) del alemán Friedrich Wilhelm Murnau. Ignacio Vijnovich
Fue el 16 de agosto de 2025
Palacio Libertad
Sarmiento 151 – CABA
Sitio Web Palacio Libertad
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