TRES SIGLOS, TRES VOCES y una sorpresa

La OFBA, dirigida por Zoe Zeniodi y con Asiya Korepanova como solista, en un programa con rescates históricos y virtuosismo pianístico

La excelente programación temática 2026 de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires incluyó, en el segundo concierto de su 80º aniversario, un repertorio titulado Tres Siglos, Tres Voces, con obras presentadas por primera vez en el continente, compuestas por dos mujeres que vivieron a fines del siglo XVIII y a comienzos del XX. 

La directora griega Zoe Zeniodi se dirigió al público en perfecto castellano. En todos los conciertos es valioso que exista ese contacto previo. El anterior director titular, Enrique Arturo Diemecke, tenía acostumbrados a los melómanos a ese acercamiento cálido y comprensible. El discurso de la directora, amistoso y didáctico, con su homenaje a las integrantes de la Filarmónica, acercó aún más al público a la orquesta y lo introdujo con naturalidad en el programa. Mencionó que hubo una razón para incluir la Sinfonía Nº 1 de Robert Schumann (1810–1856) en un programa femenino. Tras haber compuesto únicamente obras para piano y Lieder, recién en 1841 abordó el género orquestal y dedicó la obra a su flamante esposa, la virtuosa pianista Clara Wieck.

Marianne von Martinez (1744–1812), única mujer que ostentó una membresía honoraria de la Academia Filarmónica de Bolonia, provenía de una familia artística y cultivada. Franz Joseph Haydn guió sus primeros pasos en el arte de la composición hasta convertirla en una de las creadoras más prolíficas de su época. Su tarea compositiva convivió con su actividad como cantante y ejecutante de teclado en los salones de Viena. En una sociedad principalmente masculina, logró un reconocimiento considerable por parte de sus contemporáneos. Tras haber estrenado todas sus obras en los aristocráticos salones vieneses, ni en sus sueños más audaces habría imaginado escuchar su música en un ámbito como el del Teatro Colón.

Fue un gran acierto de Zeniodi presentar en esta parte del planeta la Sinfonía en do mayor, recientemente recuperada. La directora titular de la Orquesta Filarmónica, convertida en esta ocasión en un conjunto de cámara, se puso al frente de cuerdas, flautas, oboes y cornos, que sonaron como un conjunto especializado en música del período clásico.

La obra —una pequeña joya— recuerda a las primeras sinfonías de Haydn, con sus tres movimientos contrastantes, repeticiones de secciones y temas de delicada filigrana. Sonó con luminosidad, precisión y minuciosidad en los detalles, y dejó flotando una reflexión inevitable: cuántas obras valiosas se habrán perdido en el tiempo.

La gran expectativa por escuchar por primera vez en vivo una de las más importantes obras del repertorio sinfónico de los Estados Unidos —unos cincuenta años anterior a la monumental Sinfonía Nº 4 de Charles Ives— se vio plenamente satisfecha con el protagonismo de Asiya Korepanova, pianista, compositora, poeta, artista visual y transcriptora ruso-estadounidense.

El Concierto para piano y orquesta en do sostenido menor, op. 45 de Amy Beach (1867–1944), estrenado en 1900 por la propia autora como solista, constituye un verdadero paradigma del pianismo virtuoso. La obra presenta innumerables dificultades técnicas y posee además un trasfondo autobiográfico. Fue concebida como una suerte de catarsis frente a los obstáculos que la compositora encontró para desarrollarse plenamente como pianista. Según diversos estudiosos, el piano solista representaría a la propia Beach en pugna con la orquesta, símbolo de los conflictos con su madre y su esposo.

El lenguaje es claramente posromántico y, a la manera de los conciertos de Johannes Brahms, el instrumento solista adquiere un rol concertante cercano al de una sinfonía con piano. Momentos expansivos y brillantes alternan con episodios líricos e introspectivos. Al igual que Ives en sus obras sinfónicas, Beach cita melodías propias: varias de sus canciones para voz y piano reaparecen aquí transformadas y combinadas con notable ingenio.

La escritura pianística resulta particularmente exigente. Abundan figuras veloces, saltos de dos octavas, arpegios en movimiento contrario, pasajes en staccato y escalas rápidas en notas dobles. La orquesta también enfrenta importantes desafíos técnicos. En esta ocasión, la química entre solista y directora resultó ideal para concretar la proeza musical, celebrada con entusiasmo por el público.

Korepanova, conocida por sus sorprendentes transcripciones de obras orquestales y sinfónico-corales para un solo piano —instrumento que en sus manos parece transformarse en orquesta— ofreció dos bises: un fragmento del ballet La bella durmiente de Piotr Ilich Tchaikovsky y su recreación de María, célebre aria de West Side Story de Leonard Bernstein. Ojalá sea posible volver a escuchar pronto a esta pianista fuera de serie, especialista en ciclos completos, en una velada dedicada a los estudios de Franz Liszt.

La segunda parte del programa nos trasladó al Romanticismo del siglo XIX con la fresca y juvenil Sinfonía Nº 1 (Primavera) de Robert Schumann. Aunque cada movimiento tenía originalmente un título —que el compositor luego eliminó— (El comienzo de la primavera, La noche, Felices compañeros de juego y Primavera en plena floración), la obra conserva un marcado carácter descriptivo.

Zeniodi logró crear un clima especial que se transmitió a cada uno de los inspirados músicos de la Filarmónica. El resultado alcanzó un nivel equiparable al de cualquier gran orquesta internacional. El público lo confirmó con prolongadas ovaciones. Estela Telerman

Fue el 7 de marzo 2026
Teatro Colón
Libertad 612 – CABA
(011) 4378-7100
Sitio Web Teatro Colón

Vota esta nota

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Publicado en:

Deja una respuesta