Actúan: Victoria Césperes, Juana Viale – Vestuario, Escenografía e Iluminación: Rocío Troc – Música e interpretación: Ángela Acuña – Dramaturgia y Dirección: Luis Barrales
En La sangre de los árboles nuestra historia sirve para nutrirnos. Nos nutrimos de las huellas que hemos dejado como humanidad, de los cambios que hemos forjado, de las luchas de género. Juana Viale y Victoria Césperes nos cuentan de dónde vienen y no nos queda claro hacia dónde van. Están esperando un resultado de ADN que confirmará si son o no son hermanas. La trama consiste en variaciones de un encuentro donde parece que los dos personajes están llevando a cabo una actuación dentro de la actuación. Están actuando de sí mismas al tiempo que revelan su propia identidad. Es que la identidad no es algo fijo e inmutable sino que se va construyendo y el lenguaje cobra en esto un rol vital.
Las dos mujeres juegan a ser hermanas, a ser amantes o a ser madre e hija. Lo interesante de la pieza son estos desplazamientos donde cada una puede construirse, donde la verdad y la mentira se van alternando, y resulta imposible distinguir una de la otra. La dramaturgia muestra a un Luis Barrales corrosivo que erosiona todas las convenciones sociales e indaga en una relación hasta llegar al hueso. Desnudando emociones y anhelos, las dos protagonistas imaginan un futuro y un pasado y nos dejan con distintas versiones de sí que el espectador elegirá creer o no. Si la vida está hecha de infinitos senderos que se bifurcan, como en un cuento de Borges, las actrices nos irán guiando por los múltiples caminos como si ensayáramos junto a ellas, como si formáramos parte de la ficción.
En los árboles encontramos una fuerza sagrada: su copa se conecta con lo divino; sus raíces nos permiten el reencuentro con nuestros antepasados en la tierra. Sus anillos nos permiten leer la cantidad de años que han habitado nuestro mundo y a partir de sus troncos hacemos el papel sobre el que escribimos nuestras historias. Las ramificaciones de los árboles son las mismas que las ramificaciones en la vida, a veces son demasiadas y nos olvidamos de lo esencial, pero luego puede aparecer esa persona que nos cambia de perspectiva y nos ayuda a metamorfosear la mirada. Manuela y Leonor son como lentes por medio de las cuales observamos la trama. Jugamos a ser biólogos, al igual que una de ellas: sus vidas se presentan ante nuestro microscopio y así las veremos de cerca. Lo interesante es poder mirar sin juzgarlas, aceptarlas tal cual son o como pretenden ser.
El resultado del ADN, en resumidas cuentas, no importa, porque lo que define la relación de las supuestas hermanas es la capacidad que ellas tienen de reinventarse a sí mismas. Juana Viale y Victoria Césperes se realzan mutuamente y sacan lo mejor que cada una tiene. Se entregan a este viaje lúdico por el pasado, futuro y presente, con actuaciones que las afirman a las dos como actrices con notables posibilidades expresivas; cada una con trayectoria en cine, teatro y televisión eligen contar esta historia pequeña pero muy significativa. Su interpretación cobra un excelente rumbo bajo la batuta de Luis Barrales, quien ha sabido pulir esta pieza para conseguir el brillo máximo de las actrices. El cello que acompaña la acción marca las pausas y los acentos, no resulta meramente decorativo, sino que se integra al drama de la mejor manera. Milly Vázquez
Jueves a las 20
Espacio Callejón
Humahuaca 3759 – Cap.
(011) 4862-1167
espaciocallejon.com







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