MUJERES EN VÍSPERAS, color y extrañeza

Una selección de obras de Carlos Gorriarena, donde la figura humana se impone con ambigüedad narrativa e inestabilidad formal

A primera vista, Mujeres en vísperas parece una celebración del color. Rosas intensos, amarillos vibrantes y verdes encendidos dominan las salas de MC Galería. Sin embargo, detrás de esa energía visual aparecen cuerpos vulnerables, situaciones extrañas y personajes atravesados por una tensión silenciosa. Lo que se impone de inmediato es una ambivalencia difícil de fijar entre lo visual y lo inquietante. El cruce entre ambas dimensiones sostiene buena parte de la fuerza de la muestra.

La exposición se concentra en la representación de figuras femeninas. El artista construyó allí un universo en el que la sensualidad convive con el desgaste, la vitalidad con la sensación de deterioro y la belleza con una incomodidad persistente. Más que retratos, se reúnen personajes que parecen habitar un estado de suspensión permanente. Mujeres que esperan, observan o parecen atrapadas en un tiempo suspendido. Nunca terminan de revelarse por completo y es precisamente allí donde reside gran parte de su atractivo.

El montaje acompaña esa lectura. Las paredes celestes, rosas y verdes prolongan la experiencia cromática más allá de los marcos y establecen diálogos inesperados con las piezas. El color deja de ser una cualidad exclusiva de las obras para convertirse en una condición del recorrido.

El trabajo cromático en cuanto a su dimensión material merece una atención especial. A primera vista los colores en los cuadros impactan por su intensidad, pero una mirada más cercana revela una construcción compleja. Un amarillo contiene múltiples amarillos; un azul se descompone en matices inesperados. Cada plano exhibe variaciones mínimas que sostienen la vibración de la imagen sin recurrir a efectos de virtuosismo.

Las mujeres de Gorriarena no parecen posar para el espectador ni responder a una idea única de feminidad. Algunas exhiben una sensualidad evidente; otras transmiten cansancio, distancia o extrañeza. Lo que las une es que nunca terminan de entregarse por completo al espectador. Están absorbidas por algo que ocurre fuera de campo. Sus miradas rara vez ofrecen respuestas y las escenas que habitan parecen fragmentos de una historia mayor cuyo comienzo y desenlace permanecen ocultos.

Esa condición narrativa atraviesa buena parte de la muestra. En Diminutos detalles, un hombre se ahoga mientras una mujer sostiene a sus perros junto a la pileta. La pieza resulta desconcertante no por el hecho en sí, sino precisamente porque nadie parece reaccionar como debería: la mujer no se alarma ni desespera, los perros no ladran, ni siquiera le prestan atención, el hombre no grita. En Los alimentos, tres personajes comen de pie alrededor de una mesa. Mientras las velas continúan ardiendo, una de las figuras sostiene un cuchillo manchado de rojo cuya función nunca termina de aclararse. Ambas obras parecen desarrollarse después de un acontecimiento que el cuadro decide ocultar.

La pintura acompaña esa incertidumbre. Los trazos gruesos dan vida a figuras movedizas. Hay zonas donde la materia se acumula con espesor y otras donde el pincel apenas parece rozar la superficie. Esa alternancia produce una vibración constante y vuelve a las figuras tan inestables como las situaciones que representan.

A esa riqueza formal se suma un universo poblado de elementos extraños. En algunas escenas aparecen cuerpos incompletos, figuras deformadas o situaciones que bordean lo absurdo. Sin embargo, lejos de producir rechazo, estas imágenes conservan una inesperada cercanía. Hay algo deliberadamente burdo en ciertos personajes y composiciones, pero también una humanidad persistente que impide reducirlos a caricaturas.

Calcinados (el hombre con la pierna rota pero en casa), condensa buena parte de esas tensiones. Tres personajes toman sol bajo un cielo negro. Sus cuerpos aparecen incompletos: faltan brazos y piernas. Sin embargo, la escena transcurre con una naturalidad desconcertante. Nadie parece alarmado por su condición. Como ocurre en buena parte de la muestra, la rareza convive con una inesperada sensación de normalidad.

Es allí donde la exposición encuentra su principal fortaleza. Las mujeres son el punto de partida, pero el verdadero asunto ronda la fragilidad humana, el desgaste del tiempo, el deseo y la espera. Los personajes habitan una especie de víspera permanente en la que algo está por suceder y, a la vez, algo ya parece haber comenzado a deteriorarse.

Incluso en las escenas más extrañas persiste una energía vital difícil de ignorar. La exposición muestra cuerpos frágiles, situaciones incómodas y personajes excéntricos, pero nunca construye un universo sombrío. Entre el humor, la vulnerabilidad y la extrañeza, sus pinturas encuentran una forma singular de resistencia.

Mujeres en vísperas permite acercarse a una zona menos transitada de la producción de Gorriarena. Su singularidad reside en convertir situaciones absurdas o en imágenes que continúan trabajando en la memoria mucho después de abandonar la sala. Candelaria Penido

Lunes a viernes de 11 a 19
(hasta 31 de julio de 2026)
Mujeres en vísperas
Obras de Carlos Gorriarena
MC Galería

José León Pagano 2649 – CABA
Sitio web de la galería

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