SINFÓNICA JUVENIL, regreso con gloria

Con un programa inusual y novedoso, la orquesta liderada por Mario Benzecry inició su temporada 2026 con rarezas de Brahms y el estreno local de la Séptima de Tchaikovsky

La Orquesta Sinfónica Juvenil “Libertador San Martín”, dirigida por Mario Benzecry, inició su temporada 2026 con un programa tan inusual como estimulante, que pudo apreciarse en dos instancias diferentes: el concierto del sábado en la Facultad de Derecho de la UBA —donde, por la ausencia del Coro Polifónico Nacional, solo se interpretó la obra de Tchaikovsky— y, al día siguiente, la audición radial de la función completa desde el Auditorio Nacional del Palacio Libertad.

Si en la sala la obra de Tchaikovsky se impuso como acontecimiento, la escucha radial posterior permitió ampliar la perspectiva y acceder al programa en su totalidad, que incluía además dos poco frecuentes páginas de Johannes Brahms, lo que amplió el alcance de una propuesta de singular interés..

El programa se abría con el Ave María Op. 12, obra juvenil de Brahms para coro femenino y orquesta, de carácter sereno y escritura predominantemente homofónica. La intervención del Coro Polifónico Nacional —en su rama femenina y bajo la dirección de Fernando Tomé— se destacó por la pureza del sonido y la delicadeza en la línea vocal, sostenida por un acompañamiento orquestal de discreta eficacia.

A continuación, la Cantata Rinaldo Op. 50, también infrecuente en las salas de concierto, reveló un Brahms inusual. Basada en un fragmento de La Jerusalén liberada de Torquato Tasso, en traducción alemana de Goethe, la obra se aparta del estilo más reconocible del compositor para adentrarse en un terreno descriptivo y dramático. Escrita para tenor, coro masculino y orquesta, exige recursos vocales de gran amplitud y una articulación expresiva constante.

En este contexto, la labor del tenor Ricardo González Dorrego resultó particularmente destacada por la solvencia y entrega en una parte de notable exigencia. El Coro Polifónico Nacional masculino, nuevamente bajo la dirección de Fernando Tomé, resolvió con precisión los contrastes y efectos de una escritura coral compleja, mientras que la orquesta acompañó con solidez, evidenciando un trabajo sostenido en la construcción del discurso.

La segunda parte del programa —y núcleo del concierto escuchado en sala— estuvo dedicada a un verdadero acontecimiento: la presentación en Argentina —y posiblemente también en el continente— de la Sinfonía Nº 7 en mi bemol mayor de Piotr Ilich Tchaikovsky, en la restauración realizada por Semyon Bogatyrev.

La historia de esta obra es singular. Tchaikovsky había dejado esbozado el primer movimiento de una sinfonía de carácter más luminoso de lo habitual en su producción, pero diversas circunstancias —entre ellas exigencias profesionales y crisis personales— impidieron su desarrollo. A partir de esos materiales y de otras reelaboraciones del compositor, Bogatyrev reconstruyó la obra, que se estrenó en Moscú en 1957 y fue grabada por primera vez por la Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Eugene Ormandy en 1962.

En esta versión, la sinfonía deja entrever ecos de otras páginas del autor, aunque conserva una identidad propia que la vuelve especialmente atractiva. Su inclusión en el programa no solo constituyó un aporte de valor en términos de repertorio, sino también un desafío interpretativo que la orquesta asumió con compromiso y madurez.

Cabe señalar que fue el periodista Nelson Castro quien acercó esta partitura a Mario Benzecry, impulsando un trabajo que demandó tiempo y dedicación hasta alcanzar su concreción en estos conciertos. El resultado fue recibido con entusiasmo por el público, que celebró tanto la iniciativa como la calidad de la ejecución.

Más allá del interés puntual de las obras, lo que se reafirma en este inicio de temporada es el notable crecimiento de la Orquesta Sinfónica Juvenil “Libertador San Martín”. La evolución del conjunto, la seguridad en los solos y la cohesión en los ensambles evidencian un proceso formativo sólido, que posiciona a sus integrantes a la altura de las más destacadas agrupaciones juveniles.

En los 31 años de vida del organismo, este tipo de proyectos no solo representan hitos artísticos, sino también la confirmación de un trabajo sostenido en favor de la formación musical. En ese sentido, la figura de Mario Benzecry, a sus noventa años, continúa siendo central como impulsor de una tarea que trasciende el escenario.

Queda el deseo de que esta obra poco transitada de Tchaikovsky logre una mayor difusión y no vuelva a caer en el olvido, y que experiencias como esta continúen enriqueciendo la vida musical local. Estela Telerman

El concierto en la Facultad de Derecho (UBA) fue el 11 de abril de 2026
El concierto en el Palacio Libertad fue el  12 de abril  de 2026
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