EL VENENO DEL TEATRO, sentido misterio

Mayúsculas actuaciones en atractiva incógnita

El veneno del teatroActúan: Daniel Freire y Miguel Angel Solá – Escenografía: Paco Azorín – Vestuario: Antonio Belart – Iluminación: Juan Cornejo – Autor: : Rodolf Sirera – Versión: José María Rodríguez Méndez – Dirección: Mario Gas

Estrenada en noviembre pasado en Madrid, El veneno del teatro, el suspense estupendamente dirigido por Mario Gas es un desafío histriónico que protagonizan Miguel Ángel Solá y Daniel Freire con excelente resultado. Esto es teatro puro, es un metalenguaje donde la representación se mezcla entre la realidad y el melodrama, y el teatro habla de sí mismo.

Tras trece años ausente de los escenarios de Argentina, cuando hizo su entrada pensé ¡qué avejentado está Solá! y -al igual que el personaje encarnado por Freire-, caí en la trampa tan bien pergeñada por el talentoso actor. Su timbre de voz y su postura corporal dan vida a ese mayordomo impostor que pocos minutos después cambia mágicamente de máscara y dice: «Yo no soy el mayordomo de mi señor, yo soy mi señor». Así es el misterioso hombre que invita a su casa a un famoso actor para que interprete la escena de la muerte de Sócrates, escena de una  obra escrita por el propio señor de excéntricas costumbres. Todo es una maquinación en la que el actor debe responder a interrogantes que plantea la notable dramaturgia del valenciano Rodolf Sirera.

Es importante transcribir algunos parlamentos del personaje de Solá para comprender lo diabólico de su juego: «¿Fingir ? ¿Pero es eso actuar, acaso?» El actor, angustiado, acosado, contesta: «Cuando se actúa llega un momento en el que no se distingue dónde empieza y dónde acaba la ficción». El señor logra su objetivo con réplicas de una presión psicológica insostenible: «Es que usted no consigue transmitirme lo que le sucede al personaje… Usted no puede expresar en el escenario algo que no ha sentido de una manera directa y personal» y remata con la  frase más extrema: «La única manera de mostrar satisfactoriamente la propia muerte es precisamente esa: muriendo de verdad».

¡Qué difícil es este oficio! ¡Qué loable la actuación de Daniel Freire! Su trabajo consiste en actuar dos muertes: la fingida y la verdadera. Hacia el final, mostrando su admirable ductilidad, Miguel Ángel Solá vuelve a ponerse la máscara del mayordomo y aprecia desde un rincón lo que estuvo buscando desde un principio, el efecto del envenenamiento con la cicuta utilizada por Sócrates… ¿realidad o ficción? La discreta escenografía, la iluminación y la música son puntales que coadyuvan a la cinematográfica puesta en escena. Marcos Alonso

EL VENENO DEL TEATRO - martinwullich.com

Se dio hasta marzo 2013
Teatro Maipo
Esmeralda 443 – Cap.
(011) 5352-8383

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