YO ACUSO, arte y escándalos

El caso Dreyfus, Émile Zola, Henry de Groux, Roman Polanski, y otras cuestiones de un bochorno

El 13 de enero de 1898 el gobierno francés era vapuleado en el diario L’Aurore, con una carta abierta –J’accuse…! (Yo acuso)- dirigida puntualmente al presidente, Félix Faure. El remitente: Émile Zola, un escritor que años antes había publicado Germinal, su obra maestra. El motivo: las acusaciones de antisemitismo y de falsedad de pruebas que marcaron el juicio al capitán Alfred Dreyfus, militar francés de origen judío, acusado de espiar para los alemanes. El hecho pasó a la historia como “el caso Dreyfus”, y generó un tremendo escándalo en la Francia de fines del siglo XIX, amén de abrir una enorme grieta en una sociedad ya golpeada por la derrota de sus fuerzas ante las de Bismarck y la pérdida de Alsacia y Lorena. El sentimiento nacionalista comenzaba a tomar fuerza, y con esto, como ha sucedido a veces en la historia, el buscar algún chivo expiatorio, el enemigo en quien cargar las tintas.

Ese rol caería en algún grupo minoritario; en este caso, la comunidad judía, que había logrado ser próspera en ciertos planos. Y Alfred Dreyfus encajó perfectamente en ese molde. Las publicaciones antisemitas que aparecían en los medios fueron fogoneando un odio irracional hacia “el otro”. La olla a presión estalló en 1894, cuando el Estado Mayor del ejército francés se enteró de que alguien de sus filas era en realidad un quintacolumnista para el enemigo. Y qué cosa más fácil que aplacar la furia de las fieras culpando a un inocente. Así, Dreyfus, capitán de origen judío, se vio envuelto en un escándalo en el que nada tuvo que ver.

El juicio de Dreyfus estuvo sesgado desde el vamos. Una de las pruebas que se usó para la acusación fue un manuscrito, conocido como “memorándum”, que se encontró entre los papeles del agregado militar alemán, con información sensible sobre la seguridad francesa, y escrito con una letra que, decían, era idéntica a la de Dreyfus. Más tarde se supo que el manuscrito no era obra de Dreyfus; que los encargados de examinar la escritura habían falseado la verdad. Pero la opinión pública y el estado mayor francés estaban demasiado enardecidos como para dar marcha atrás al asunto. En diciembre de 1894, Dreyfus fue degradado, condenado a perpetua y exiliado a la Isla del Diablo, a pocos kilómetros de la Guayana Francesa. De por sí el nombre de la isla permite anticipar en qué condiciones eran alojados los internos ahí, en general presos políticos; lo paradójico es que esta isla forma parte de un archipiélago llamado Islas de la Salvación…

El destino de Dreyfus hubiese sido vegetar en un lugar inhóspito y en condiciones infrahumanas como eran las del penal de la Isla del Diablo. Pero hubo dos personas a las que nada de lo sucedido les cerraba, y en consecuencia alzaron la voz, incluso a riesgo personal. Uno fue el comandante George Picquart, de los servicios secretos franceses, que se dio cuenta de que la caligrafía del documento condenatorio no era de Dreyfus, sino de un oficial francés de origen húngaro llamado Esterhazy. Tampoco se calló Émile Zola, autor del Yo acuso…! mencionado más arriba. Pese a que el descubrimiento de Picquart señalaba el gravísimo error judicial perpetrado en contra de un inocente, y que la carta de Zola menciona a los responsables con nombre y apellido, quienes habían acusado y condenado a Dreyfus no querían dar el brazo a torcer y por un buen tiempo se negaron a revisar el caso. Para “sacárselo de encima”, el ejército francés envió a Picquart muy lejos de Francia. Por otra parte, Zola fue juzgado, condenado y embargaron sus bienes; huyó a Inglaterra, donde permaneció cerca de un año.

Las artes plásticas tampoco quedaron en silencio. En 1898, Henry de Groux, pintor simbolista nacido en Bélgica, plasmó en lienzo su óleo Zola, ultrajado. Se trata de una obra de 81 x 109.5 cm, hoy exhibida en el Musée Émile Zola en Medán (Francia), donde Zola, con el terror manifiesto en su expresión, es asediado por una turba enardecida. De Groux y Zola se habían conocido en París, y durante las turbulencias del escándalo Dreyfus, el pintor ofició de guardaespaldas del escritor.

Yo acuso, la carta de Zola no pasó inadvertida y encendió más los ánimos. En una viñeta de la época, titulada Un diner en famille (“Una cena en familia”) se ve una familia compartiendo una cena en paz; luego, la misma familia trabada en una tremenda pelea donde no faltan golpes y otros hechos violentos, y uno de los comensales pide por favor no hablar del caso Dreyfus. Este episodio también dividió al mundo de las letras: por un lado, los que estaban en contra de Dreyfus, entre quienes figuraba Jules Verne, y los que estaban a favor: André Gide, Anatole France, Marcel Proust y otros, además de Zola. ¿Acaso esta cuestión no nos hace hoy resonar a nosotros, argentinos, alguna campana?

En 1899, Dreyfus finalmente fue indultado por Émile Loubet, que sucedió en la presidencia a Félix Faure, fallecido en circunstancias, al parecer, non sanctas, en un episodio de alto voltaje con una amante. Dreyfus salió de prisión, pero solo en 1906 fue exonerado y su condición de militar devuelta, con un rango mayor al que tenía al momento del juicio. Murió a los 75 años, en 1935. Sus nietos donaron una enorme cantidad de documentos, incluida la correspondencia durante sus años en prisión, al Museo de Arte y de Historia del Judaísmo de París. Por otra parte, Zola murió a los 62 años, en septiembre de 1902, por inhalar monóxido de carbono mientras dormía en la casa que compartía con Alexandrine, su esposa. Pero Jeanne Rozerot, su amante y madre de dos hijos que tuvo con Émile Zola, nunca creyó la versión oficial, y existiría una confesión en lecho de muerte del deshollinador de la chimenea de la casa…

Como corolario de esta historia, Roman Polanski, director de larga trayectoria y con más de un episodio de cariz dramático o escandaloso en su vida personal, filmó El oficial y el espía, en 2019, película que gira en torno al caso Dreyfus. La película ha sido premiada; sin embargo, las críticas que se pueden leer en FilmAffinity no dejan de plantear el interrogante de si Polanski, juzgado y condenado por abuso sexual, no pretendió, de algún modo, retratarse a sí mismo en este filme. Dreyfus fue injustamente juzgado por ser judío; ¿será válido juzgar la producción cinematográfica de Polanski a la luz de los pecados de su vida privada? Viviana Aubele

Yo acuso (completo), de Émile Zola
La sospechosa muerte de Zola
Yo acuso en Wikipedia
Yo acuso en Amnistía Catalunya

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