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Una muy atractiva y contemporánea gala con grandes figuras

Intérpretes: Carolina Agüero, Florencia Chinellato y Matías Oberlin (Ballet de Hamburgo); Thomas Bieszka (Ópera de Dresde); Lucas Segovia (Joffrey Ballet); Karina Olmedo, Paula Cassano y Nahuel Prozzi (Teatro Colón); Julieta Paul (Teatro Argentino de La Plata); Carolina Basualdo (Ballet del Sur); Los ballets de Araiz; CEM (Cía. En Movimiento)

Esta gala fue una buena idea, empezando por su título, que homenajeó la evolución de la danza del academicismo al contemporáneo, y la evolución de los bailarines argentinos que se destacan hoy en los escenarios mundiales. Muy bien armada por Juan Lavanga y Mario Galizzi como productor y coordinador artísticos respectivamente, ambos supieron también salir al toro cuando una inoportuna lesión dejó fuera del dream team de argentinos a la etoile Ludmila Pagliero, de la Ópera de París . Pero a veces estas situaciones inesperadas permiten aflorar una adrenalina especial, una especie de amalgama que hace que los pedazos encajen perfectamente en un todo magistral. Así fue que el percance tuvo como contrapartida la inmediata convocatoria de Carolina Agüero, cordobesa, primera bailarina en Hamburgo desde hace más de diez años, y la participación especial de Karina Olmedo, la última  primera bailarina nombrada por concurso en el Teatro Colón, que por estos días ofrecerá su adiós a ese escenario con La viuda alegre.

Agüero y Thomas Bieszka fueron finos intérpretes de los pas de deux de El lago de los cisnes e Invisible grace de Yaroslav Ivanenko. Un desajuste en la iluminación dejó al descubierto el truco final con que Ivanenko sorprende al espectador pero, de todos modos, pudimos apreciar la ductilidad de la pareja para encarar tan disímiles dúos. También llegada desde Hamburgo, Florencia Chinellato simplemente deslumbró como La dama de las camelias junto al santafesino Matías Oberlin, solista de la misma compañía cuyo trabajo de partenaire se lució en los difíciles lifts planeados por John Neumeier. Hermosos port de bras, radiante expresividad y elocuentes puntas fueron el sello distintivo de la bailarina entrerriana.

Un vibrante Escualo de Mauricio Wainrot se hizo cuerpo en Karina Olmedo y el excelente Nahuel Prozzi, su pareja en la vida real. Recibidos con afectuoso aplauso desde su entrada, ambos aportaron una cuota emotiva tanto con su actuación como en los saludos finales. Otro impactante descubrimiento fueron los dos solos interpretados por el porteño Lucas Segovia: Vendetta -en estreno mundial con sugestiva coreografía de Anabelle López-Ochoa- y Percussion 4, con toda la magia jazzística y el genio de Bob Fosse. La absoluta identificación de Segovia con el sendero del jazz y la comedia musical fue un deslumbrante ingrediente.

Hubo también dos tercetos notables de Analía González y Bertrand de Courtot respectivamente: Remanso y sus complicados y fascinantes motores dinámicos, y Las Euménides, de estética neoclásica e impecables intérpretes: Paula Cassano, Julieta Paul y Carolina Basualdo. Los momentos grupales estuvieron a cargo de Los ballets de Araiz: Pulsos, breve muestrario de las relaciones entre el malambo y lo contemporáneo, estilizado con la base musical de John Adams, y Canto jondo, sinuoso y logrado por una compañía que destila pasión y entrega.

Brindamos por muchas noches más como esta, exenta de ultraclásicos, lo cual demuestra que algo está cambiando para bien en los criterios de programación de las veladas de danza. Patricia Casañas

Fue el 29 de julio de 2018
Teatro Coliseo
Marcelo T. de Alvear 1125 – Cap.
(011) 4816-3789
teatrocoliseo.org.ar

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