LA CANCION DE LA TIERRA, danza mágica

Excelente realización de Mauricio Wainrot con la música de Gustav Mahler

Gustav Mahler tenía una especial vocación por hacer las cosas en gran escala. Sin embargo, es probable que jamás haya imaginado que La canción de la tierra pudiese llegar a convertirse en un ballet. Una de las obsesiones del compositor fue correr la frontera de la voz humana, poniéndola en relación con la dimensión de lo sinfónico. Esta obra, que en rigor es un ciclo de seis canciones, nace en 1907, poco después de la muerte de su hija mayor. Por entonces Mahler había perdido su cargo de director de la Ópera de Viena y se veía acosado por el diagnóstico de una afección cardíaca que finalmente sería fatal. Esta “sinfonía para tenor, contralto y orquesta”, basada en antiguos textos orientales, presenta un recorrido por diferentes momentos que van desde una embriagada contemplación del mundo hasta una lánguida despedida del mismo, pasando por la exaltación de la juventud y el momento presente, la reflexión en torno de la soledad de los tiempos otoñales y una sombría visión de la vida como algo pasajero y efímero: “El sol se despide detrás de las montañas; / en todos los valles baja el atardecer con sus sombras, llenas de frío. / ¡Oh, mira! Como una barca de plata cuelga la luna alta en el mar del cielo”.

A partir de esta maravillosa composición musical de Mahler, Mauricio Wainrot creó una obra que merece quedar inscripta en los anales del ballet neoclásico, con un interesante devenir que combina poderosos cuadros grupales con poéticas escenas en las cuales se alternan, en grupos de dos o tres parejas, los siempre magníficos bailarines del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, dirigidos actualmente por Andrea Chinetti. La escenografía y los vestuarios de Graciela Galán crean un ambiente propicio, entre sensual y salvaje, apoyado por una muy atractiva puesta de video de Marcelo Manente, que genera una sutil sensación de temporalidad y movimiento que enmarca muy bien la coreografía. Respecto del trabajo coreográfico, pretender expresar en movimientos danzados los profundos sentidos que Mahler persigue con su música y con los poemas escogidos para estas canciones, era ciertamente un desafío importante, del cual Wainrot sale muy bien parado.

La vida, con toda su carga de sensualidad, y el insondable misterio que supone el camino hacia la muerte. De eso se trata este ballet. Qué bueno hubiese sido realizarlo con orquesta y cantantes en vivo, como un espectáculo conjunto planteado con alguna asociación privada de ópera, tal como sucedió en esta misma sala del Teatro Coliseo en abril de 2014 con El Mesías de Handel, otra antológica realización de Wainrot, realizada entonces en colaboración con Buenos Aires Lírica. Ojalá las condiciones de producción hicieran esto posible. Germán A. Serain

Fue el 5 de noviembre de 2016
Teatro Coliseo
Marcelo T. de Alvear 1125 – Cap.
complejoteatral.gob.ar

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