TEO PÉREZ, entre Buenos Aires y Nueva York

El joven baterista presenta The Drum Key y comparte el recorrido que inspiró este álbum

La pasión por la música llegó muy temprano para Teo Pérez. A los 5 años se sintió fascinado por la batería y, dos años después, comenzó a estudiarla. Egresado del Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, acaba de lanzar The Drum Key, un álbum que revisita clásicos del cancionero jazzístico neoyorquino junto a Jerónimo Carmona (contrabajo) y Dante Picca (piano), con arreglos originales realizados junto a Tomás Martínez.

Aunque incorpora nuevos arreglos, el disco se mantiene fiel a la tradición del jazz de las décadas de 1940 a 1960, sin fusionarse con otros géneros. Además de baterista, Pérez es productor musical, drum doctor e ingeniero de grabación.

Sobre el álbum, que presentará el 5 de julio en Thelonius Club, afirma que «la idea es conectar con las raíces de esta música y convertirla en un lienzo para que cada solista respire, impulsado por la sección rítmica, mientras la melodía siga siendo lo más importante. La Drum Key es la llave de afinar que usamos los bateristas. Representa un juego de palabras entre una herramienta fundamental, bastante más difícil de usar de lo que parece, y el hecho de que este álbum es un homenaje a todas las llaves que me han abierto puertas». 

¿Cómo nace este amor por la batería cuando eras tan chico?
Fue a primera vista. A los 5 años hacía un taller de iniciación musical y ya me había enamorado del instrumento, aunque todavía no tomaba clases. De alguna manera sabía que me gustaban mucho los tambores.

¿Cómo viviste tu infancia en una familia con músicos?
Mi padre siempre nos acercó a la música. Aunque no tuvo formación académica, se acompaña muy bien con la guitarra. Y mi primer héroe musical fue mi hermano, que toca la guitarra y canta. Gran parte de mi infancia musical consistió en acompañarlo.

¿Cómo fue tu formación en Argentina?
Tuve mucha suerte de encontrarme con las personas adecuadas que me llevaron por el buen camino. En orden cronológico fueron Pipi Piazzolla, con quién tomé clases desde los 15 a los 18; Eloy Michelini, quien se convirtió en mi maestro y ahora es un colega; y Tomás Martínez, con quien compartí muchos años de trabajo y viajes. Ellos fueron las tres figuras más importantes de mi formación en Argentina.

¿Por qué elegiste Nueva York para continuar tu formación?
Desde hace muchos años, Nueva York es la gran meca del jazz. Allí se encuentran algunos de los mayores exponentes del género en todos sus estilos. El nivel de músicos es altísimo y, como sucede con cualquier lenguaje, la mejor manera de aprenderlo es ir al lugar donde se habla todos los días.

¿Qué te inspiró de Nueva York para hacer este disco?
Los músicos que conocí allí. De alguna manera, todas estas canciones están atadas a una enseñanza o anécdota de algo que viví en esa ciudad. Los clubes, la música, el repertorio y la propia Nueva York están presentes en el álbum.

¿Tenés fascinación por el jazz?
Eso dicen. Lo que sé es que, cuando escucho o toco esta música, me toca una fibra que ninguna otra logra alcanzar.

¿Quiénes fueron tus grandes maestros? ¿Y cómo es hoy tu relación con Pipi Piazzolla?
En Argentina son los tres que mencioné. En Nueva York conocí bateristas extraordinarios, varios de ellos héroes musicales para mí desde hacía muchos años. Uno es Kenny Washington, que además de baterista es disc jockey de radio y una figura muy importante de la cultura de la ciudad, un verdadero sabio de la música. También Keith Balla y Pete Van Nostrand. Entre los tres moldearon mi forma de estudiar y de interpretar este lenguaje. Con Pipi seguimos encontrándonos en los escenarios de los clubes como colegas, y siempre me da mucha alegría verlo.

¿Qué músicos te acompañan?
Dante Picca es un pianista muy joven a quien escuché por primera vez tocando con Eloy Michelini y me impactó. Con el tiempo nos fuimos conociendo y trabajar con él fue muy sencillo gracias a su enorme talento y a que comprendió enseguida lo que buscaba. Él también viajó a Nueva York y compartimos muchas influencias. A Jerónimo Carmona lo veo desde las primeras épocas en que salía a escuchar música en vivo. Después de trabajar varios años con él entendí por qué su oficio y profesionalismo lo mantienen entre los músicos más destacados de la ciudad.

¿Cómo resumirías la esencia de este disco?
Mi objetivo al hacer música es transmitir bienestar, con algo de emoción. Que cada canción brille y al mismo tiempo invite a relajarse. Que genere una conexión y haga sentir bien a quien la escucha. También creo que resume muy bien todo lo que cambió para mí en estos últimos años gracias a la posibilidad de viajar a Nueva York.

Domingo 5 de julio a las 20
Thelonious Club
Nicaragua 5549 – CABA
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