Dementia (ópera en tres cuadros y epílogo) – Música: Oscar Strasnoy – Libreto: Ariana Harwicz – Intérpretes: Florencia Burgardt, Sebastián Angulegui, Daniela Tabernig, Alejandro Spies, Mónica Ferracani, Víctor Torres, Iván Rutkauskas, Milva Leonardi y Pablo Ruiz Seijo – Orquesta: Estable del Teatro Colón – Dirección musical: Tito Ceccherini – Coreografía: Luciana Acuña – Iluminación: Matías Sendón – Escenografía y Vestuario: Mariana Tirantte – Dirección escénica: Mariano Pensotti
Una pequeña ventana se abre en escena y una mujer lee frases relacionadas con el amor. Entre ellas, una resuena como una declaración de principios: “el amor es un fragmento fatídico”. Poco después, ese primer plano se eleva para revelar el interior de una gran casa de campo. Las primeras notas compuestas por Oscar Strasnoy crean un clima que impresiona desde el comienzo. La escenografía, de impecable factura, exhibe una biblioteca y un inquietante subsuelo oscuro. La casa concebida para la puesta no funciona únicamente como ámbito físico. Sus habitaciones, ventanales, biblioteca y espacios ocultos parecen prolongaciones de la mente de los personajes, y conforman un escenario tan atractivo visualmente como cargado de significados.
Basada en una novela de Ariana Harwicz, Dementia propone un universo enrarecido en el que una escritora y su traductor habitan una realidad poblada por dobles, reflejos y versiones alternativas de sí mismos. Los grandes ventanales de la casa funcionan como espejos donde aparecen imágenes semejantes a los protagonistas. Más adelante surgirán otras parejas que parecen replicarlos, aunque nunca queda claro si pertenecen a otro tiempo, a otra dimensión o a una construcción mental. Esa incertidumbre constituye uno de los principales atractivos de la obra.
La música de Strasnoy acompaña ese juego. Por momentos adquiere características casi programáticas y construye una tensión constante que invita a preguntarse qué ocurre realmente en escena. La presencia de la percusión, los sonidos de carácter incidental, los glissandi ásperos y los contrastes tímbricos generan una atmósfera inquietante que jamás pierde intensidad. La Orquesta Estable del Teatro Colón, con la precisa dirección de Tito Ceccherini, ofrece una interpretación de notable claridad y riqueza expresiva.
Uno de los hallazgos más interesantes es el trabajo sonoro. Las voces corales amplificadas se escuchan desde distintos sectores de la sala y parecen descender desde la araña central o emerger de lugares indefinidos. El resultado produce una sensación envolvente poco frecuente en el Colón. Esas voces, la orquesta y las inspiradas intervenciones del pianista Ivan Rutkauskas generan momentos de gran impacto y crean un clima tan extraño como fascinante.
La dramaturgia avanza a partir de preguntas. Los personajes se interrogan acerca de quiénes son, si comparten una misma vida o si son apenas copias de otros. La realidad y la ficción se mezclan de manera permanente. Una pareja aparece paseando por el jardín y parece conocer la casa mejor que sus propios habitantes. Se habla de un piano que ya no está, de vinos desaparecidos y de una vivienda alucinógena. Más adelante surgirán dobles, conciencias personificadas y figuras fantasmales que complejizan aún más la trama.
También ocupa un lugar importante el erotismo. Los encuentros entre la escritora y el traductor aparecen cargados de tensión y su coreografía sexual se repite cada vez que la atracción entre ambos vuelve a manifestarse. Más que buscar el impacto directo, esas escenas contribuyen a reforzar el clima de extrañeza y misterio y se integran naturalmente al entramado de fantasías, reflejos y obsesiones que propone la historia.
Lejos de representar un obstáculo, ese hermetismo juega a favor de la propuesta. Harwicz deja amplios espacios para la imaginación del espectador y evita explicar cada situación. No existe necesariamente un porqué para todo lo que sucede. La obra parece disfrutar de esa libertad interpretativa y convierte la ambigüedad en uno de sus principales motores.
En ese terreno se mueve con gran solvencia Mariano Pensotti, responsable de una dirección escénica tan minuciosa como atrapante. Formado en el ámbito teatral, conoce perfectamente el ritmo que requiere una historia de estas características y administra con inteligencia las entradas, salidas y desplazamientos de los personajes. El tema del doble, la relación entre realidad y representación, y la superposición temporal son cuestiones que ha explorado en trabajos anteriores y aquí las desarrolla con notable madurez.
En Dementia no hay grandes números, sino una continuidad donde música, palabra y acción se integran en un mismo discurso. Dentro de ese marco sobresale especialmente Daniela Tabernig, magnífica tanto vocal como actoralmente. Aunque la escritura se aleja de las arias tradicionales, encuentra numerosas oportunidades para desplegar recursos expresivos y construir un personaje de fuerte presencia escénica. Junto a ella, Florencia Burgardt aporta momentos de particular brillo. También se destacan las intervenciones de Alejandro Spies y Víctor Torres, mientras que los conjuntos vocales aportan un atractivo adicional gracias a su carácter casi espectral.
La convivencia entre registros elevados y expresiones cotidianas constituye otro de los rasgos distintivos del libreto. Las referencias a Marcel Proust, Bruno Gelber, Marguerite Duras, Gustave Flaubert o Guy de Maupassant conviven con exclamaciones coloquiales y hasta groseras que provocan inesperados momentos de humor. Cantada y hablada principalmente en castellano, la obra incorpora además numerosos pasajes en francés, especialmente en boca del traductor. En ese juego bilingüe aparecen expresiones como Ferme ta grosse gueule, traducida en los sobretítulos con un contundente “cerrá el orto”, o respuestas tan categóricas como “ahí no entro ni en pedo”. Esa combinación evita cualquier solemnidad excesiva y aporta una cuota de frescura a una trama deliberadamente compleja.
Hacia el final, cuando los propios personajes admiten que “somos malas copias”, la obra parece revelar una de sus claves más sugerentes. ¿Qué es original y qué es réplica? ¿Qué pertenece a la vida y qué a la ficción? ¿Hasta qué punto las historias que contamos terminan moldeando nuestra propia existencia? Dementia no responde de manera concluyente ninguna de estas preguntas, pero las instala con inteligencia y las sostiene hasta el último instante.
Disparatada fantasía que, sin embargo, fascina, la creación de Strasnoy, Harwicz y Pensotti encuentra un equilibrio notable entre misterio, humor, reflexión y extrañeza. El resultado es una experiencia tan inquietante como absorbente, una propuesta de teatro lírico contemporáneo que desafía las convenciones y confirma que el Teatro Colón también puede ser un espacio fértil para la exploración y el riesgo artístico. Martin Wullich
Fue el 4 de junio de 2026
Última función:
Sábado 6 de junio a las 20
(también se transmitirá en directo: CLIC )
Teatro Colón
Libertad 621 – CABA
(011) 4378-7100
Comprar tickets
Oscar Strasnoy en este Portal
Mariano Pensotti en este Portal









Comentarios