THE DINOSAURS, humor y memoria compartida

En un grupo de apoyo de mujeres en recuperación, charlas triviales dejan entrever trayectorias marcadas por los años

The dinosaursActúan: Kathleen Chalfant, Elizabeth Marvel, April Matthis, Keilly McQuail, Mallory Portnoy, Maria Elena Ramirez – Escenografía: Dots – Vestuario: Oana Botez – Iluminación: Yuki Link – Sonido: Palmer Hefferan – Texto: Jacob Perkins – Dirección: Les Waters

La acción de The dinosaurs transcurre en un espacio cotidiano: una sala comunitaria donde un grupo de mujeres se reúne cada sábado para participar en Saturday Survivors, un grupo de apoyo para mujeres en recuperación. La estructura de la obra se organiza en torno a dos registros bien definidos: momentos dominados por el humor y otros en los que ese tono se quiebra para dar lugar a testimonios de algunas de las asistentes.

En ese inicio prevalece un humor que surge de las interacciones entre las integrantes, cuyas conversaciones a veces se tornan un tanto irrisorias, casi rozando el absurdo. Un ejemplo claro aparece en el intercambio entre Rayna —quien explica que muchos la llaman simplemente “Buddy”— y Jane (April Matthis). Rayna, un personaje de tono ligeramente excéntrico y de humor peculiar (lo que en inglés se definiría como quirky), es interpretada con notable soltura escénica y preciso sentido del ritmo cómico por Keilly McQuail. En torno al ritual del café, Jane y Rayna intercambian opiniones sobre los dulces —scones, doughnuts o cupcakes— hasta que Rayna revela, con cierto asombro, que un día finalmente comprendió que estos últimos son “a cake in a cup” (es decir, un pastel en una taza). Un descubrimiento aparentemente trivial que, en el universo de la obra, adquiere una dimensión casi filosófica, pues como apuntaba Fernando Pessoa en Tabaquería: “Mira que en el mundo no hay más metafísica sino chocolates”.

Aunque ese tono humorístico mantiene la ligereza de las escenas y genera momentos genuinamente divertidos, The dinosaurs también recurre por momentos a gags ya conocidos, sin aportar novedad y restando frescura a ciertos pasajes; en otros casos, los remates se diluyen al ser fácilmente anticipados por el espectador. Aun así, varios de esos intercambios encontraron eco en la sala.

Las actuaciones constituyen uno de los puntos más sólidos de la producción. El elenco actúa con una cohesión que vuelve plenamente verosímil a este grupo de mujeres que parece llevar años reuniéndose allí, semana tras semana. Mención especial merece Kathleen Chalfant en el papel de Jolly, una de las integrantes más veteranas del grupo Saturday Survivors, que ha asistido ininterrumpidamente durante 47 años. Chalfant construye el personaje con una precisión que le otorga una presencia particularmente memorable dentro del conjunto. Las intérpretes logran transitar con naturalidad entre el registro cómico y los momentos más íntimos de la obra, manteniendo siempre el tono realista de la puesta.

A lo largo de la obra, el paso del tiempo se vuelve difuso: aunque la acción parece transcurrir durante una única reunión, la dramaturgia sugiere que los encuentros del grupo abarcan años e incluso décadas, rompiendo así una linealidad temporal estricta. Esa temporalidad difusa refuerza la idea de que el grupo funciona menos como un hito semanal que como una comunidad sostenida en el tiempo, donde se produce una suerte de traspaso del legado de generación a generación.

Desde el comienzo, la puesta se inscribe en un marcado hiperrealismo. La escenografía (a cargo del estudio Dots) reproduce con precisión un salón de usos múltiples: mesa y sillas plegables y diversos objetos ordenadamente dispuestos al fondo que dejan entrever que posiblemente el salón se utilice también para otras actividades. Ese naturalismo se extiende también al vestuario (Oana Botez) y a otros detalles de la puesta, que refuerzan la sensación de asistir como un observador discreto, casi un intruso, a esta reunión semanal. La iluminación (Yuki Link) es mínima: tubos blancos que permanecen encendidos durante toda la función. Tampoco hay música ni diseño sonoro. Esa ausencia de recursos escénicos adicionales refuerza el clima hiperrealista que propone la puesta.

Hacia la mitad de la obra el tono se quiebra. Los relatos de las participantes introducen un registro más dramático que permite entrever las historias personales que las han llevado hasta estos encuentros. La transición no abandona por completo el humor, pero aporta una capa de mayor densidad dramática que resignifica el registro que mantiene inicialmente el grupo. En el tramo final, The dinosaurs vuelve a apoyarse en la comicidad del conjunto, retomando el ritmo de los intercambios cotidianos entre las mujeres, cuyas interacciones sostienen el pulso de las últimas escenas.

En línea con su estética contenida, la puesta prescinde de efectos teatrales y se apoya en la observación de conversaciones y pausas, gestos cotidianos y confesiones compartidas en un espacio común. Su principal riqueza está en esos pequeños intercambios, a través de los cuales se revelan, poco a poco, las historias que cada una lleva consigo. Martín Quiroga Barrera Oro

Se dio hasta el 8 de marzo 2026
Playwrights Horizons
416 West 42nd Street
New York, NY 10036
Sitio Web Playwright Horizons

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