LA CANCIÓN DE CÁMARA A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

Variados estilos y emociones a cargo de Ester Brewda y Mauro Luna Deretich

Dentro del ciclo La canción de cámara a través de los siglos, la soprano argentina Ester Brewda —radicada en Florida, EE.UU.— y al pianista Mauro Luna Deretich ofrecieron un delicioso programa que abarcó dos continentes, cuatro idiomas y un dialecto. La mezzo Gloria Sopeña presentó y comentó las obras con calidez.

Salvo dos excepciones —un aria barroca de Händel y una canción de musical de Lerner y Loewe—, el repertorio estuvo conformado por pequeñas joyas de la música de cámara, interpretadas por este dúo reunido especialmente para la ocasión. En el lied mozartiano Cuando Luisa quemó las cartas de su amante infiel, los intérpretes trazaron con gran sensibilidad una escena dramática en apenas tres minutos, donde el piano acentuó el carácter melancólico del canto. Siguió Ombre amene, la primera de las Seis pequeñas arias de Mauro Giuliani —originalmente para canto y guitarra—, cuya versión para piano sumó riqueza tímbrica.

De los reconocidos operistas Gaetano Donizetti y Giuseppe Verdi se escucharon Me voglio fa’ na casa y La Seduzione, dos canciones que revelaron su talento en el terreno más íntimo de la música de cámara. De Francesco Paolo Tosti, compositor mimado por el público británico, se interpretó con emoción la hermosa ’A Vucchella, sobre texto en napolitano de Gabriele D’Annunzio. La ternura de la melodía y la química entre los intérpretes crearon un momento entrañable. El cierre de la primera parte llegó con La Spagnola de Vincenzo Di Chiara, vals lleno de picardía que, cantado en italiano, evocó con humor la alegría española, arrancando sonrisas desde el teclado. 

La segunda parte se abrió con dos clásicos universales: Rosita Silvestre de Franz Schubert, el más popular de sus Lieder, y Plaisirs d’Amour de Jean-Paul Égide Martini. Ambas piezas fueron interpretadas con frescura y naturalidad, como un soplo de aire sereno. El repertorio brasileño se hizo presente con el Lundu da Marquesa de Santos de Heitor Villa-Lobos, obra inspirada en un ritmo popular de origen africano, que forma parte de su Ciclo Brasileiro. 

Luego llegó La Rosa y el Ruiseñor de Rimsky-Korsakov, con su atmósfera oriental, cuya introducción pianística preparó el clima justo para una sentida interpretación en ruso. Como broche de oro sonó De los álamos vengo, el primero de los Cuatro Madrigales Amatorios de Joaquín Rodrigo, compuesto en 1947 sobre textos del siglo XVI. Su contagioso buen humor dejó al público con ganas de más. Tres bises sellaron una velada inolvidable que, al caer la noche sobre Palermo, dejó a los asistentes con el alma colmada de música y belleza. Estela Telerman

Fue el 11 de julio de 2025
La canción de cámara a través de los siglos

Alliance Française Palermo
Billinghurst 1925 – CABA
Sitio Web Alianza Francesa

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