THE MAIDS, la intimidad como espectáculo

El clásico de Jean Genet llevado al universo de las redes sociales y la exhibición permanente

The maids (Las criadas) – Autoría: Jean Genet – Elenco: Lydia Wilson, Phia Saban, Yerin Ha – Escenografía: Rosanna Vize – Vestuario: Marg Horwell – Iluminación: Jon Clark – Sonido: Dan Balfour – Música: DJ Walde – Video: Zakk Hein – Adaptación y Dirección: Kip Williams 

Antes de que The Maids comience formalmente, la obra ya está en marcha. Detrás de un velo traslúcido, una de las criadas se toma selfies, se filma y ensaya gestos frente a una cámara que todavía no vemos, pero que ya empieza a organizar nuestra mirada. Desde ese instante, la intimidad deja de ser un espacio privado para convertirse en espectáculo. La esfera privada no se abre simplemente a lo público: se produce, se administra y se construye para ser exhibida.

En esa tensión se sitúa la lectura que Kip Williams propone de The Maids, pieza escrita por Jean Genet en 1947 y presentada ahora en St. Ann’s Warehouse, luego de su estreno en 2025 en el Donmar Warehouse de Londres. Durante la primera parte, las criadas Claire y Solange (Lydia Wilson y Phia Saban) permanecen detrás del velo escénico, entregadas a un ritual de sustitución, deseo y resentimiento mientras Madame (Yerin Ha) está fuera de la casa. Este juego constituye mucho más que una fantasía íntima: reproduce el mundo que las rodea a diario y al que nunca logran acceder materialmente.

Es precisamente allí donde la dimensión digital de la adaptación adquiere mayor sentido. Las redes sociales no aparecen solo como un signo de actualización, sino como un lenguaje contemporáneo que construye estatus cultural y simbólico. The maids vuelve visible una tensión persistente del capitalismo moderno: el servicio doméstico sostiene, ordena y vuelve habitable un mundo de lujo al que, sin embargo, no pertenece. Las criadas no solo imitan a Madame; reproducen una forma de vida que conocen en sus gestos, objetos y superficies, pero que jamás pueden reclamar como propia.

Lydia Wilson y Phia Saban sostienen el núcleo de la puesta con un trabajo de gran precisión. Wilson compone una Claire calculada, con dominio de los pasajes entre la obediencia, el delirio y la apropiación. Saban aporta a Solange una energía más expuesta, que acentúa la dependencia mutua. Esta relación sororal concentra no solo la fantasía de terminar con la existencia de su opresora, sino también el deseo de ocupar su lugar y convertirse en protagonistas de una cámara que las condena al papel de subordinadas.

La entrada de Madame (Yerin Ha) desplaza el clima hacia una sátira de la élite digital: privilegio, narcisismo,  consumo, belleza, autopromoción y obsesión por la juventud. La persecución de esta última aparece como una condición inevitable que alcanza a todos, independientemente de la posición social o de los recursos disponibles. Madame surge menos como una amenaza psicológica que como el emblema de una cultura donde la belleza, la intimidad e incluso la fragilidad pueden administrarse para construir una imagen cuidadosamente diseñada.

El predominio del blanco y de los tonos pastel en la escenografía de Rosanna Vize, su pulcritud clínica y la rigurosa disposición de los objetos recrean una esterilidad cuidadosamente compuesta. La iluminación de Jon Clark acompaña con precisos cambios que modifican la densidad de la escena. Las cámaras en vivo y las proyecciones potencian ese juego de roles que se traduce en dominio y posesión. La imagen, mediada por las pantallas, amplifica y cristaliza esas relaciones de poder: quien controla la cámara también dirige la mirada del público. Más aún, en el modo selfie las categorías de sujeto y objeto, de quien exhibe y quien es exhibido, terminan por fusionarse.

Esta versión no abandona el núcleo oscuro de Genet: la identidad como máscara y el privilegio económico como objeto simultáneo de deseo y rechazo, además de instrumento de poder. Su mayor aporte consiste en releer esa estructura desde una época en la que la exposición ya no se opone a la intimidad, sino que la organiza. En The Maids, la casa deja de ser un refugio para convertirse en escenario, vitrina y espacio fértil de disputa social. Martín Quiroga Barrera Oro

Se dio hasta el 14 de junio de 2026
St. Ann’s Warehouse
45 Water Street, Brooklyn, NY
Estados Unidos
St. Ann’s Warehouse Website

THE MAIDS Trailer | St. Annu0027s Warehouse

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