ALEJANDRO GENES RADAWSKI, una voz propia

El dramaturgo y director nos cuenta de su vínculo con Gombrowicz y Lorca y de su necesidad de hacer carrera en otro país

El dramaturgo Alejandro Genes Radawski, radicado en Cracovia, ha recibido incontables becas internacionales para desarrollar su actividad artística. Dueño de una férrea disciplina y códigos firmes a la hora de trabajar, nos cuenta que egresó de Artes Dramáticas en la UNA, pero se fue a Europa buscando mejores oportunidades para dar a conocer su trabajo. También nos contó del escándalo que generó, en Polonia, su puesta de La casa de Bernarda Alba y cómo se agotaron las  localidades en todas las funciones. Con formación ecléctica y de distintos maestros, Alejandro Genes Radawski cree en la generación de un show en el hecho teatral y reniega del teatro convencional que se asemeja más a la lectura de un texto que a la creación de nuevas poéticas. El dramaturgo se opone a los amiguismos y a la corrección política y critica el gobierno de ultra derecha de Polonia, lugar donde por ahora, fija su residencia, alternándola con estadías en otros países de Europa.

¿Qué te atrapa de la obra de Witold Gombrowicz y que te acercó a Ferdydurke?

Encuentro en Witold un desenfreno, un tipo de desfachatez a la hora de escribir que me excita sobremanera. Me interesan los autores que se arrojan al abismo, donde la escritura fluye sin tanto raciocinio, donde no existe una lógica binaria y donde dos más dos puede y debe ser cinco, ¿por qué? porque sí. Simple. Porque el autor está jugando, y si no jugás como lector, quedate en tu casa, no vengas a la fiesta a la que te esta invitando.

Gombrowicz es un autor que te invita a jugar, a imaginar y romper estructuras que tenemos muy arraigadas desde nuestra «educación» o, mejor dicho, desde nuestro «adoctrinamiento» desde que somos niños, porque nos van moldeando para ser adultos y estar enfrascados en un mundo donde debemos pensar «la mayoría» de manera mas o menos parecida si no queremos que nos metan en una picadora de carne. Hoy en día está mal visto decir lo que pensás e ir en contra de los cánones establecidos por la mayoría, es un horror no ser políticamente correcto, sos el enemigo, el outsider, si no seguís el mismo pensamiento que el rebaño. Creo que Witold Gombrowicz es justamente todo lo que está bien, porque precisamente se caga en todo lo que dije anteriormente y me veo súper identificado. 

Ferdydurke surgió como un proyecto comisionado por la Embajada de Polonia en Argentina, donde trabajo asiduamente como una especie de “representante cultural” donde realizo proyectos artísticos que me comisionan para difundir la cultura polaca en Argentina, allá por el 2016 surgió hacer algo de Gombrowicz, y me leí todas sus novelas, pero Ferdydurke me agarró como un gancho desde las entrañas. La leía y en simultáneo la veía en el escenario, como si una voz me estuviera dictando al oído la adaptación de la novela en formato teatral.

¿Cómo fue que pensaste esta puesta con la inclusión de canciones y una interacción de las actrices con el público?

Eso fue y va de la mano con mi lucha por generar obras teatrales que se asemejen a un show, me interesa lo multidisciplinario, trato de alejarme de ese tipo de teatro ligado a las lecturas dramatizadas, donde solo hay actores que repiten un texto y deambulan por el escenario. Me interesa trabajar con actores creadores de un espectáculo multidisciplinario, que ellos no solo repitan un texto creado por un autor, sino que también sean los creadores de un show.

La pregunta que me hago siempre a la hora de montar una obra es: ¿para qué pongo un actor en escena si solo va a repetir un texto? Porque sería mejor poner un grabador con un casete que reproduzca la voz, hasta es más simple, no hay que lidiar con egos, ni horarios, ni olvidos de letras, ni cansancios, ni nada, solo darle play y ensayás sin errores todo el tiempo que quieras. Entonces, si voy a usar un cuerpo vivo, es para que este sea un cuerpo creador de teatralidad. Una teatralidad enemiga de la literatura, enemiga de ese teatro vetusto que solo se trata de que los actores «pongan» ciertos tonos y emociones berretas y sus cuerpos caminen de derecha a izquierda, se paren, se sienten, y eso es todo.

En mis puestas en escena trabajo incansablemente para romper el realismo aburrido que se asemeja más a una lectura que a una obra teatral, y una de esas formas es usar alguno de los innumerables lenguajes que componen al teatro, en este caso elegí canciones y la interacción con el público.

Cuando decidí comenzar con el montaje, las actrices no sabían qué iban a hacer, porque yo tampoco lo sabía, no existía un texto, cada semana les entregaba la adaptación de un capitulo de la novela a su equivalente en una escena de la obra teatral. Esa incertidumbre de no saber como sigue la obra fue algo genial para poder crear sin cerrar sentidos de ante mano. En este proceso, Luján Bournot fue fundamental, ella es la única actriz que se mantiene en el elenco desde 2016, el resto fue entrando a la obra en 2017 y 2018. Con Luján pasábamos tardes enteras en Le Blé, mientras ella estudiaba el texto, yo iba adaptando. Creo que sin su soporte, compromiso y convencimiento esta obra nunca hubiera sido posible.

¿Realizaste muchos cambios respecto del texto original? ¿Qué se conservó y qué aspectos se vieron modificados?

La verdad es que traté de focalizarme en la trama dura, porque la novela Ferdydurke de Gombrowicz tiene más de 300 paginas y está minada de puntos de fuga, donde todo parece que explota para todos lados y la tensión se diluye, entonces me enfoqué en la historia principal. Luego es una novela de «hombres» donde hay una carga de masculinidad que me interesaba destruir. Justamente por mi forma de ver el mundo, y también el teatro, yo nunca veo géneros, veo personas, entonces donde el público ve actrices haciendo una obra masculina de hombres, yo no veo mujeres ni actrices, veo personas. Y desde ese punto se trabajó, ninguna de ellas parodia ni crea estereotipos, son ellas, personas, haciendo de personas. Lo que se trata es un conflicto universal, donde no entra el género, desde mi punto de vista. Obvio que en el mundo básico y binario en el que vivimos, todo tiene que ser: derecha/izquierda, verde/celeste, masculino/femenino. Yo me cago en todo eso, me cago de risa de todo eso porque me parece arcaico, y lo destruyo, esa libertad me permite trabajar con personas y hacer cualquier cosa, donde dos más dos sea ocho.

¿Te interesan más los argumentos fragmentarios que los lineales?

Los argumentos no me mueven la aguja, porque el texto no me parece importante, creo que lo más importante es lo que uno crea con un texto. ¿Qué sentido tiene hacer Hamlet hoy, si todos sabemos lo que pasa y cómo termina? Creo que lo interesante es ver cuál es la creación con ese texto. En ese punto, me da igual si el argumento es fragmentario o lineal, porque de todas formas lo voy a romper todo para crear una obra teatral, usando un texto que esté al mismo nivel y tenga el mismo valor que una silla, y los actores tengan la misma importancia que un pantalón.

¿Cómo definirías tu identidad hoy, más como polaco o argentino?

Como persona, no creo en las nacionalidades como tampoco en los géneros. Solo me identifico como una persona. Pero entiendo tu pregunta, ya que al viajar tanto es algo que me divierte bastante, en Finlandia o Estonia donde trabajé últimamente, me decían que parecía ruso, en Polonia suelen decirme que parezco alemán y cuando voy a Argentina me dicen que no parezco argentino, a veces me gusta decir que soy chino, solo para evidenciar el racismo. Sobre todo, en una sociedad tan fascista como la polaca, donde más del 50% elije sistemáticamente a este gobierno de ultra derecha que tenemos hoy acá, donde se ponen nerviosos cuando se dan cuenta de que yo soy polaco igual que ellos, que tengo los mismos derechos y hasta que voto acá… les agarra alergia.

¿De qué manera te han influido los textos de autores polacos y los argentinos?

En la biblioteca de mi casa siempre hubo innumerables libros de autores polacos y es algo que he consumido desde pequeño, pero también he leído autores argentinos y de otros países, todos han nutrido mi forma de interpretar el teatro, la literatura y el mundo. Siempre me aboqué más a textos absurdos o con cierta complejidad, textos lúdicos y que juegan con las estructuras narrativas. Definitivamente eso influyó en mi manera de dirigir y crear.

Contanos de tu experiencia con La casa de Bernarda Alba

En el plano artístico fue algo maravilloso, dirigir en el Stary Teatr de Cracovia es el sueño de cualquier director, un teatro donde han dirigido Jerzy Grotowski y Tadeusz Kantor. Es un lugar donde tenés la libertad absoluta para crear, hasta elegí yo la obra, ahí realicé en 2018 una versión de La casa de Bernarda Alba, de García Lorca, titulada Dom Bernardy A. donde fusioné lo audiovisual para trabajar el concepto de hiperrealidad. Bernarda fue la talentosa Ewa Kolasińska que tiene una sensibilidad descomunal y pertenece al elenco estable desde hace más de cuarenta años.

Luego, la prensa fascista de Polonia estaba en contra de la obra por cuestiones políticas, y por no soportar que alguien venga de afuera a exponer y criticar a la iglesia y a los gobiernos de derecha, como lo hice con mi versión en tiempos donde la derecha está en el poder. Por eso, estos periodistas de derecha y los medios fascistas pusieron en marcha toda una batería de “mala prensa” contra la obra en una especie de persecución política que corresponde a las épocas del fascismo acérrimo, a las épocas de Bernarda Alba, cuando Franco mandó a asesinar a Federico García Lorca. Creo que les serví para exacerbar su odio y su fascismo, y verlos así desnudos me daba risa. Pero no termina ahí. Gracias a ellos estuvimos dos años en cartel con localidades agotadas en todas las funciones, las entradas se agotaban en menos de 48 horas y los aplausos eran eternos, lamentablemente la pandemia cerró todos los teatros en marzo de 2020 y la obra ya no se volvió a hacer.

¿Cómo viviste las becas que has recibido para desarrollar tu creación artística?

Por un lado, ser premiado por jurados internacionales de instituciones con prestigio e historia es algo reconfortante, porque te sentís valorado y tenés la oportunidad de trabajar con todas las comodidades y en lugares increíbles por las que han pasado grandes escritores y artistas. Hasta el momento he ganado 7 residencias en dramaturgia, y la experiencia es única. Pero por el otro lado las vivo como una especie de sensación agridulce, porque son los mismos proyectos que presento en Argentina y no los seleccionan nunca. Entonces me genera una sensación rara, que exactamente los mismos proyectos que presento para concursos, becas, o programación… en Europa son seleccionados y en Argentina no.

Tal vez el pecado es no haberme conformado con las migajas que me daban en Buenos Aires y tener ambición. O tal vez sienten una especie de resentimiento porque me fui a desarrollar a Europa, o tal vez piensan que yo desprecio Argentina, como si me sintiera superior, o tal vez, solo tal vez, es mera casualidad que en 15 años no hayan seleccionado ningún proyecto mío.

¿Siempre supiste que te ibas a dedicar a la dramaturgia y la dirección?

Comencé estudiando teatro como divertimento en Rosario a los 14 años y luego se apoderó de mí una pasión irrefrenable. Por eso en 2006, con 22 años, me mudé a Buenos Aires completamente decidido a formarme, pero también con el objetivo claro de trabajar en teatro, cine y tv. Tuve la suerte de lograr trabajar en los tres ámbitos en menos de seis meses de haber llegado. La obsesión por dedicarme a esto era tan grande que me acuerdo de que había diseñado (escrito) un plan a cinco años en los que debía combinar el estudiar con el hacer. Entre muchas cosas ese plan incluía que solo iba a dormir 4 horas por día para tener 20 para dedicarle al arte. Siempre me gobernó la disciplina y ese plan lo mantuve unos 7 años. Fueron tiempos en los que casi no salí de noche, no iba a ningún lado porque estaba ensayando, estudiando, leyendo o escribiendo.

Aparte la formación fue muy ecléctica, porque debía absorber todo ya que ese era el plan. Abarcar todas las áreas que conforman el hecho teatral para luego, como director, ponerlas en un mismo plano para crear obras multidisciplinarias y no solo obras de “actores y texto”. Ingresé a la UNA para estudiar Artes Dramáticas y al mismo tiempo entré al curso de actores formados que dicta Julio Chávez, luego me fui a la Escuela de Raúl Serrano y al finalizarla me fui a lo de Ricardo Bartís. Mientras estudiaba dramaturgia con Alejandro Tantanian, y además títeres con Ana Alvarado. Me recibí en la UNA de licenciado recién en el 2017 debido a mis continuos trabajos en Europa, y luego hice una Maestría en Periodismo en la UBA. En unos años pienso hacer mi doctorado teatral acá en Europa.

Si bien mi formación tiene gran peso como actor en mis inicios, por suerte comprendí tempranamente que la actuación y yo no somos compatibles porque el egoísmo y yo nos llevamos a las patadas. Cuando comencé a ver que, como actor, mis propios compañeros de elenco con sus actos egoístas estaban boicoteando el proyecto, por ejemplo cuando no sabían el texto, cuando se olvidaban algo, cuando llegaban tarde, cuando no habían estudiado las marcaciones, no podía quedarme callado y ser cómplice de su desidia y displicencia. Pero eso no se hace, los actores se deben cubrir entre sí, deben aceptar que el compañero de elenco arruine la obra, están como amaestrados para hacer silencio. Ahora si eso mismo lo hace el director, es un escándalo.

Sos un autor prolífico, ¿cómo hacés para tener tantos estrenos en cartelera?

Básicamente gracias a mí, por no tener días libres, trabajar duro, y nunca dejar de creer. Luego es fundamental comenzar a rodearte con gente que entienda el teatro con una mirada igual a la tuya, no hablo de las obras de teatro, sino más bien del hacer, de la producción. Los actores con los que trabajo son productores, cosen vestuarios, pintan escenografías, son prensa, son fleteros, son volanteros, son todo lo que hace a una obra teatral, me llevó algunos años ir depurando los grupos y dejar en el camino a esos actores que solo querían ir a actuar y recibir el aplauso. Y gracias a la convicción de un puñado de personas, podemos llevar a cabo muchos proyectos.

A veces, lo que los críticos no ven, lo que nunca preguntan y deberían comenzar a hacer, es: “¿como es el trato en el teatro en el que estás haciendo la obra?” Hay muchas salas que maltratan a los grupos, que te hacen sentir que te están haciendo un favor, que los molestás, que no quieren que estés ahí, donde no te ayudan en absoluto y todo el tiempo te dicen que nada se puede hacer, todo es no, todo son palos en la rueda. Entonces, es obvio que el producto se ve afectado, las ganas de la gente, todo se ve reflejado en la obra. Al menos yo creo que el teatro es una actividad de contagio, y cuando te sentís bien, te sentís cuidado y te tratan con alegría, todo sale mejor.

¿Cómo influyen tus raíces polacas y tu historia familiar en tus obras?

Calculo que en todas las personas las historias personales y familiares influyen inevitablemente en lo que hacemos, yo no podría decir exactamente cuánto, pero creo firmemente que nuestras raíces son una parte fundamental de quienes somos.

Contanos de tu abuelo Nicolás y la obra que él te inspiró.¿ Te marcó esta relación?

Sí, claro, fue el quien me regalo mi máquina de escribir, fue muy importante en mi camino artístico, me inculcó la lectura desde muy chico y fue a quien cuidé hasta sus últimos días, cuando yo era solo un adolescente.

¿Cómo vivís la experiencia del exilio? Es es muy común que los abuelos de nuestras generaciones hayan venido a la Argentina buscando mayor prosperidad y que hoy sus nietos regresen a Europa en busca de mejores oportunidades.

Es un exilio artístico, así lo llamo yo, al no tener la posibilidad de trabajar en mi país ya que mis proyectos, como dije antes, no son seleccionados, y me vi obligado a buscar lo que quería en otro lugar. Me siento muy feliz de haberme animado, creo que si uno no encuentra lo que quiere en un lugar, tiene que moverse de ahí. El sistema está diseñado para hacerte creer que el problema es tuyo, por suerte me di cuenta antes de que el sistema está podrido.

Durante algunos años venía viendo cómo sistemáticamente algunos directores y dramaturgos accedían a lugares de legitimación teatral gracias a que eran amigos de quienes seleccionaban, hasta que un día me harté de ver la corrupción cultural que se vive en Argentina. A esto hay que sumarle que soy considerado hombre y no tengo las mismas oportunidades que las mujeres hoy en Argentina. Por ejemplo, el INT (Instituto Nacional del Teatro) en su Concurso Nacional de Dramaturgia anual, en una de las últimas ediciones lo hizo solo para dramaturgas.

¿Cómo es Polonia para vivir? ¿Estás establecido allí o viajás mucho por otros países de Europa?

Viajo mucho por trabajo entre Finlandia, Italia, Estonia, Francia y Polonia, aunque mi base es Cracovia, pero algunos años estoy en Cracovia solo dos meses. También trato de no perder contacto con Argentina, aunque la última vez habían pasado dos años de no ir.

Polonia es un país maravilloso pero, como todo país, tiene cosas hermosas y cosas detestables. Acá tenemos un gobierno de ultraderecha que es votado por la mayoría año tras año, entonces al menos a mí me hace ruido. Por ejemplo, lo que está sucediendo ahora con los refugiados de la guerra en Ucrania es que al intentar ingresar a Polonia las personas que habitan en Ucrania y son de color o de otra religión (muchos de ellos son refugiados de las otras tres guerras que actualmente están en curso por parte de Estados Unidos -Iraq, Siria y Mozambique-), les prohíben el acceso pues solo aceptan ucranianos, y los derivan a países vecinos como Moldavia o Rumania.

Obras de Alejandro Genes Radawski en cartel en Buenos Aires

Ferdydurke
Se dio hasta fin de marzo 2022
elcamarindelasmusas.com

El alemán que habita en mí
Sábados a las 22.30
(hasta 23 de abril 2022)
Teatro del Pueblo

Lavalle 3636 – Cap.
(011) 7542-1752
teatrodelpueblo.org.ar
Entradas por Alternativa

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