NOCHES RUSAS, humor chejoviano

Una mirada alternativa sobre el teatro clásico ruso

Actúan: César André, Fernanda Cantarella, Marcela Fraiman, David Paez, Mario Petrosini y María Viau – Vestuario y Escenografía: Jorgelina Herrero Pons – Iluminación: Jorgelina Herrero Pons y Martín Ortiz  – Autor: Anton Chejov – Dirección: Martín Ortiz

Quien alguna vez tomó contacto con la dramaturgia clásica rusa, no podrá dejar de pensar en su costado dramático. Pero la propuesta del director Martín Ortiz permitirá al desprevenido espectador comprobar que siempre hay una excepción que confirma la regla. Un escenario que por sus dimensiones facilita una conexión más cercana entre los actores —de labor impecable— y el público, y un decorado más que minimalista y funcional servirán para dar vida a este díptico chejoviano, compuesto por dos breves piezas: El oso y Pedido de mano.

En la primera, una reciente viuda -interpretada por Marcela Fraiman- decide autoexiliarse en su propia casa para, en parte, llorar a su difunto esposo y, en parte, demostrarle que, pese a todo —infidelidades incluidas— cumplirá con su promesa de lealtad hasta la tumba. Fernanda Cantarella compone a su criada, quien deberá no solamente sacar de su tristeza a la viuda, sino mostrarle que hay vida después de la muerte… de su marido. La hilaridad de la situación se ve resaltada por la irrupción de un acreedor del muerto, encarnado por Mario Petrosini, quien da rienda suelta a su enojo por la morosidad en el pago. El monólogo del iracundo acreedor, cuyo comportamiento y gorro típicamente ruso remiten al oso del título, es uno de los momentos más celebrados por el público. Y si bien su personificación es realmente desopilante, están también muy logradas las caracterizaciones de las dos actrices, quienes se lucen a la par.

Los intereses económicos también están presentes, como punto de contacto, en la segunda pieza. Un muchacho bastante torpe, tímido e hipocondríaco, acude a la casa de un terrateniente vecino para pedir la mano de su joven y enérgica hija (). Pero el pedido deviene en una intensa discusión entre el novio, por un lado, y el futuro suegro y la prometida, por el otro, por la posesión de una porción de terreno entre las fincas de ambas familias. Aquí debemos resaltar la divertida personificación que María Viau hace de la novia, que deberá decidir si acceder al pedido de mano o defender los intereses familiares. El trío, que se completa con David Páez y César André, se encarga de arrancar risas en los espectadores con diálogos que rayan en lo absurdo.

Puesto que, por lo general, se tiende a asociar el teatro ruso con lo trágico, es probable que las expectativas del espectador se vean —valga el oxímoron— gratamente frustradas. Todo lo que suceda en el escenario divertirá al público. Es un espectáculo altamente recomendable para quien desee asomarse a una faceta distinta del teatro clásico ruso.  Viviana Aubele

Domingos a las 18
Teatro El Crisol
Scalabrini Ortiz 657 – Cap.
Reservas:
reservascrisol@gmail.com

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