TONY KARAPETYAN, raíces y nuevas creaciones

El pianista y compositor armenio-ruso llega a Buenos Aires para presentar su más reciente álbum y clásicos del jazz reinventados

Tony Karapetyan encuentra una conexión entre Rusia y Argentina: “Ambas culturas comprenden la introspección, la añoranza y los matices emocionales”. Formado en una familia de músicos, el pianista reflexiona sobre su proceso creativo y sobre la forma en que cada ciudad deja su huella en la música: “Cada lugar tiene su propio pulso, memoria y vibración invisible. Simplemente escucho y luego traduzco lo que ya está ahí en sonido”. Tony concibe el jazz como un estado mental y llega a Buenos Aires para presentar su álbum Point of View. El martes 24 de marzo se presentará a las 20 en Jazz Voyeur.

¿Dónde resides y trabajas actualmente?
Vivo entre Rusia y Armenia, aunque estoy casi constantemente en movimiento. Con los años he llegado a sentirme en casa en el tránsito. En ese sentido, soy una especie de nómada moderno, un cosmopolita moldeado por el movimiento. Esta idea se volvió profundamente personal para mí; de hecho, mi próximo álbum, Modern Nomad, se lanzará a fines de este año.

¿Cómo describirías tu estilo musical y, en particular, el de tu disco Point of View?
Me resulta difícil definir mi música dentro de límites fijos. Mi lenguaje musical está vivo: evoluciona, absorbe y se transforma. Point of View podría describirse como música improvisada europea contemporánea, pero eso sería apenas una parte. El álbum se centra menos en el estilo y más en la perspectiva: en cómo uno elige ver, escuchar y sentir. Refleja un momento particular de mi paisaje interior.

¿Cómo ha sido tu formación?
Nací en la música. En mi familia nunca fue simplemente una profesión: era un linaje, un idioma, casi una forma de oración transmitida de generación en generación. Algunos de mis primeros recuerdos son de estar entre bastidores durante los conciertos de mis padres, esperando en la penumbra entre el vestuario y la escenografía. De niño, era como entrar en otra dimensión, especialmente en el teatro, donde caminar entre los decorados se parecía a vagar por un mundo secreto y encantado.

Con el tiempo comprendí —y todavía lo siento con mucha fuerza— que ser artista no es solo una carrera, sino un privilegio. Pertenecer a la música es un don. Ver a mi familia en el escenario fue mi primera escuela. Mi abuela, Vera, me inculcó la fe, en Dios y en la música. Mi tío, Alexey, me enseñó que cada nota debe tocarse con el corazón, o no tocarse. Mi madre, Tamara, y mi padre, Karlen, me transmitieron todo lo que sabían y todo lo que eran. Y mi maestro, Sergey Senin, me dio algo que iba mucho más allá de la técnica. Fue como si, a nivel metafísico, me hubiera transmitido una forma de escuchar y, a través de esa escucha, una forma de ser.

Más tarde estudié en el Berklee College of Music y en el Musicians Institute de Los Ángeles. Estoy profundamente agradecido por esas experiencias, pero los verdaderos cimientos de mi identidad musical se formaron mucho antes: en casa, entre bambalinas, en ese mundo invisible entre el silencio y el sonido.

¿Cuál es el proceso para desarrollar tus composiciones?
Intento capturar la emoción como un fotógrafo captura la luz. Cada pieza es una especie de “fotografía musical”: una respiración suspendida en el tiempo. La inspiración suele surgir durante las pruebas de sonido. Llegas a una ciudad nueva, subes al escenario e inmediatamente percibes su atmósfera. Cada lugar tiene su propio pulso, memoria y vibración invisible. Simplemente escucho y luego traduzco en sonido lo que ya está allí. En cierto modo, no invento la música: la revelo.

¿Cómo es tu conexión con la Argentina?
La conexión se siente muy arraigada. Desde mi juventud escuché a Luis Salinas, Astor Piazzolla, Matías Méndez y muchos otros compositores y músicos argentinos extraordinarios. Su música posee un lirismo profundo y una intensidad emocional que siempre me ha marcado. En muchos sentidos, moldeó mi percepción interior de este país mucho antes de mi llegada.

Hay una sensibilidad poética natural en la cultura argentina: una hermosa melancolía, un espíritu reflexivo. En ese sentido siento una profunda conexión entre Argentina y Rusia. Ambas culturas comprenden la introspección, la añoranza y los matices emocionales. Mi propia música transmite luz, profundidad y contemplación, y creo que este diálogo resultará natural. Cada día que paso aquí me siento más inspirado por la cultura local, la arquitectura y, sobre todo, por la calidez y la humanidad con que la gente se relaciona. Hay algo vibrante y profundamente sincero en esta atmósfera. Siento el deseo de capturarlo musicalmente, quizá no durante esta visita, pero sin duda en el futuro.

¿Qué es lo que más valoras de tu trayectoria?
Orgullo no es la palabra adecuada. La gratitud se siente más cercana. Estoy agradecido por haber tenido la oportunidad de servir de canal, de ser de algún modo un instrumento de algo más grande que yo. Para mí, la música nunca se trata solo de logros; se trata de conexión, crecimiento y sinceridad. Si hay algo que más valoro, es la capacidad de mantener la honestidad en mi voz artística, de seguir evolucionando sin perder la autenticidad.

¿Qué músicos te acompañan?
Manuel Nieto y Santiago Hernández. Manuel es un contrabajista excepcional de Buenos Aires. Nos conocimos hace años mientras trabajábamos en un crucero en Alaska. Nos encontramos en medio del océano y desde entonces mantuvimos el vínculo. Santiago es un baterista muy conocido por el público local: una voz única y una intuición musical refinada. Valoro a los músicos que escuchan con atención, y creo que nuestra colaboración se apoyará precisamente en eso: una escucha atenta y receptiva.
También existe la posibilidad de que se sume un músico maravilloso, muy conocido por el público local. Por ahora mantendré su nombre en secreto: prefiero que sea una sorpresa.

¿Te definirías como músico de jazz o dirías que has incursionado en otros estilos?
Para mí el jazz no es simplemente un género: es un estado mental. Es una forma de habitar el tiempo, de permitir la libertad dentro de la estructura. Claro que exploré muchos estilos, y todos dejaron su huella. Pero no veo los límites como algo inamovible. La música es un organismo vivo. Las etiquetas pueden ser útiles, pero nunca son la esencia.

¿Qué esperas de tu próximo show en la Argentina? ¿Tu gira continúa?
Espero un intercambio genuino: ese momento frágil y hermoso en el que el público y los músicos empiezan a respirar al mismo ritmo. Para mí, ese es el verdadero propósito de una actuación en vivo. Y sí, el viaje continúa. Los invito a todos a unirse a este recorrido conmigo.

Fue el 24 de marzo de 2026
Tony Karapetyan
Jazz Voyeur

Hotel Meliá Recoleta Plaza
Posadas 1557 – CABA
Ciclo Always Cool

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