ORQUESTA FILARMÓNICA DE DRESDEN, magnífica

Dos conciertos sinfónicos memorables del Mozarteum junto al pianista Herbert Schuch

Beethoven Concierto No. 5 (final) - Schuch, piano - Fil. Dresden - martinwullich.com

Hay conciertos sinfónicos que valen por el programa musical que ofrecen. Otros, por la calidad de las orquestas que se presentan. De vez en cuando se juntan ambas cosas: esos conciertos son los imperdibles. Fundada en 1870, la Orquesta Filarmónica de Dresden es una de las mejores que hayamos tenido ocasión de escuchar en el Teatro Colón. Dirigida por Michael Sanderling desde 2011, tiene una potencia sonora, una precisión y una calidad musical extraordinarias. Los dos conciertos ofrecidos por Mozarteum Argentino para sus dos ciclos de abono tuvieron una estructura similar: una obra contemporánea en la apertura, luego un concierto para piano del repertorio tradicional -con participación solista del joven rumano Herbert Schuch– y una sinfonía de gran porte.

En sendos estrenos americanos, para el primer ciclo la obra contemporánea escogida fue The End, del argentino Oscar Strasnoy (n. 1970), elaborada a partir de los compases finales de la Octava Sinfonía de Beethoven; en tanto en la segunda fecha se escuchó una obra del alemán Detlev Glanert (n. 1960) basada en las primeras notas de la Cuarta de Brahms: Weites Land (Musik mit Brahms). Si bien fue notable que una orquesta del calibre de la Filarmónica de Dresden estrenara la obra de un compositor argentino actual en el Colón, en sí misma la pieza nos pareció insustancial, más un ejercicio de deconstrucción sinfónica que un trabajo musicalmente valioso. De mayor atractivo nos resultó el trabajo de Glanert, pleno de disonancias y conservando pese a ello un dejo del espíritu brahmsiano que le da origen, particularmente interesante en su densidad cromática, aunque con un final débil para lo que promete durante su desarrollo.

Descubrir al notable Herbert Schuch fue otra sorpresa agradable. A través del Concierto Nº 20 de Mozart en el primer programa y del Concierto Nº 5 de Beethoven en el segundo, pudo mostrar su gran capacidad pianística, que no se agota en un virtuosismo carente de sensibilidad, sino que se extiende en una amplia dimensión expresiva. En este sentido, los asistentes al primer ciclo pudimos maravillarnos con su lectura de la transcripción realizada por Franz Liszt sobre La Campanella de Niccolò Paganini, ofrecida como bis; un desafío sustancial que Schuch sorteó con seductora gracia, para recibir una merecida ovación.

Pero el plato fuerte de ambas fechas estuvo en la segunda parte de los respectivos programas. Es que hay obras sinfónicas que solo pueden ser interpretadas plenamente a través de orquestas como esta Filarmónica de Dresden. Así sucedió con la monumental Tercera Sinfonía de Anton Bruckner y con la Duodécima de Dmitri Shostakovich. Ambas composiciones son colosales en su concepción, y lo fueron asimismo en su recreación. Curiosamente, estos dos compositores comparten también el hecho de haber debido enfrentar circunstancias que amenazaron el justo reconocimiento que merecían: Shostakovich por haber estado penosamente acotado por la burocracia soviética de su tiempo, y Bruckner por haber quedado en medio de la absurda lucha que la crítica musical de entonces planteaba entre Brahms y Wagner, a quien Bruckner admiraba profundamente.

Pero el tiempo muchas veces es un tribunal justo, y la interpretación de estas dos sinfonías quedará en la memoria de quienes tuvimos la suerte de escucharlas en estas dos noches de magnífico disfrute orquestal.  Germán A. Serain

Fue el 8 y el 9 de septiembre de 2018
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
mozarteumargentino.org

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