NIKOLAI KAPUSTIN, perseguido por su música

El pianista ruso fallecido en julio pasado y su Piano Concerto No. 2 op. 14

Nikolai Kapustin fue perseguido en los años cuarenta por ser emblema de una ideología que no comulgaba con la del régimen gobernante. También fueron perseguidos quienes lo interpretaban, o se los expulsaba de los conservatorios. Pero no obstante todos los esfuerzos emanados del régimen para prohibirlo, y pese a toda la campaña oficial en su contra, al jazz nadie ni nada lo detuvo, y logró meterse en los oídos de los soviéticos. A esto lo ayudó el hecho de que se pudiera captar las radios extranjeras que transmitían programas de jazz. Otro factor fundamental fueron los rollos de película capturados en territorios ocupados.

La llegada de Nikita Khrushchev al poder trajo algo de aire, y poco a poco el horizonte musical comenzó tímidamente a abrirse. Recién en 1960 el Conservatorio de Leningrado ofreció su primer concierto de jazz, ejecutado por una orquesta formada por estudiantes del conservatorio y escuchado por un auditorio íntegramente compuesto de estudiantes. Si había docentes entre el público, eran muy pocos. Todavía el jazz era considerado no solo inferior a la música clásica sino exponente de la cultura de la potencia rival, y un instrumento tan vinculado a este género como es el saxofón también fue prohibido y reemplazado por clarinetes. Una verdadera relación de amor-odio.

Más o menos para los años cincuenta, un muchacho ucraniano componía su primera sonata para piano: tenía trece años y se llamaba Nikolai Kapustin. Pero poco más tarde, como sucedía con muchos jóvenes soviéticos, el joven músico descubriría este género tan resistido por el Kremlin. Entre 1956 y 1961 estudió en el Conservatorio de Moscú. Pero Kapustin tenía ya cierta fama como compositor y pianista de jazz; mientras estudiaba en el conservatorio, formó un quinteto de jazz.  Al igual que muchos otros de sus compatriotas fanáticos del jazz, Kapustin apelaba a la escucha ilegal de radios foráneas: gracias a Voice of America pudo conocer la música de Glenn Miller, Louis Armstrong, o Benny Goodman. Kapustin tocó para dos conocidas bandas locales de la época, la de Yuri Saulsky y la Oleg Lundstrem Orchestra; esta última fue, para él, su “segundo conservatorio”, por la cantidad de arreglos y de presentaciones a lo largo de once años.

Hacia inicios de los setenta, Kapustin -que no estudió composición de manera formal- componía su Piano concerto No. 2 op. 14, una estupenda y amena pieza que consta de tres movimientos (allegro molto, andante y tocatta). Su estreno mundial fue en 1980, en el Tchaikovsky Hall de Moscú. Después de esta ocasión, Kapustin decidió no dar más conciertos en público para dedicarse a la composición. Es que Kapustin no se consideraba a sí mismo un músico para tocar ante un auditorio: “Jamás fui un músico de jazz. Nunca intenté ser un verdadero pianista de jazz. Pero tuve que hacerlo a causa de la composición. No me interesa la improvisación, pero ¿qué es un músico de jazz sin la improvisación? Todas mis improvisaciones están escritas, por cierto, y se volvieron mejores”.

Kapustin murió en julio de 2020, a los 82 años. Un año antes, el pianista ruso Dmitry Masleev y la Krasnoyarsk Philharmonic Orchestra, conducida por Vladimir Lande, interpretaron el mismo concierto que este fenómeno ucraniano no tan difundido estrenaba en Moscú en 1980. Masleev, nacido en 1988 y que también estudió en el Conservatorio de Moscú, obtuvo el primer puesto en el Concurso Internacional Chaikovski en 2015. Según los conocedores, es el “pianista del futuro”. Y da placer ver sus ágiles dedos recorrer las teclas del piano, trayendo al público aquella música que en su país tuvo varios claroscuros por razones políticas pero que cautivó y sigue cautivando a su gente, y al resto del mundo. Viviana Aubele

 Nikolai Kapustin en Rhinegold 

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