MANZANA DE LAS LUCES, vergonzoso

Mucho ruido, pocas nueces y demasiadas sombras para un punto clave de la historia nacional

El cartel de la fachada anuncia, en medio de un incómodo andamiaje que parece haber llegado para quedarse, que “en este edificio transcurrió parte importante de nuestra historia”, y que merece respeto. Se trata de la Manzana de las Luces, ubicada en pleno centro porteño, en un solar por el que pasaron muchas cosas que se mencionan en los textos de historia. Allí fueron los inicios de la Universidad de Buenos Aires, que funcionó la Real Imprenta de Niños Expósitos, que fue sede del Banco Provincia, de la Aduana de Buenos Aires, del Concejo Deliberante de la Ciudad, entre otros.

Semejante prolegómeno y el atractivo histórico y turístico de la zona -a metros de la calle Florida, de la Casa Rosada, la Catedral, la Plaza de Mayo y a pasos de San Telmo- invita a entrar al lugar. Sin embargo, el visitante deseoso de conocer un poco de la historia del lugar saldrá frustrado. Cerca del escritorio de recepción hay un pizarrón que exhibe, escrito con tiza sobre los restos de tiza de otras escrituras (lo cual muestra que nadie se toma la molestia de limpiarlo) la leyenda: “¡Bienvenidxs!”. Y debajo, con una familiaridad a la que los organismos estatales nos tienen (mal) acostumbrados desde hace décadas, reza “¿Querés conocer la historia de la Manzana? Escaneá los QR en los puntos de la historia”.

Ya se ha hablado en este portal sobre la supuesta “inclusión” que pregonan los estamentos superiores de la sociedad, haciendo uso de un inútil lenguaje “inclusivo” (o exclusivo), variante que pretenden imponer a como dé lugar, transgrediendo las normas de nuestra lengua y generando más caos que orden. También resulta chocante la confianzuda familiaridad e informalidad con que este cartel recibe a los visitantes. Debería existir -y los ciudadanos deberíamos exigir- una respetuosa distancia en el trato.

La tan mentada “inclusión” que emana del Ministerio de Cultura de la Nación parece, sin embargo, acabarse con los citados códigos QR. Salvo que a algún trasnochado se le ocurra promulgar una ley obligando a todos los ciudadanos a poseer celulares, todavía tenemos la opción de decidir si tener o no uno, sea porque no podemos pagarlo o porque no nos interesa tenerlo. Pero para el ministerio parece que fuera obligatorio y paradójicamente excluye a quien no posee o no desea poseer uno, de la información que debería estar disponible para todos, independientemente de si tiene los medios para comprarse un dispositivo móvil. La “inclusión” sigue siendo una excusa, más que un fin en sí mismo.

Este artículo podría terminar aquí. Pero, lamentablemente, hay más. Pasando una pantalla de video y un cartel intitulado “Manzana de las Luces y las sombras” -lo único en el lugar que puede arrojar algo de luz a nuestras preguntas- puede verse otro cartel que pretende explicar dos enormes estatuas que aparecen en el patio central. Se lee “Historias montadas, relatos disidentes – Episodio 1: La piedad de las estatuas”, y menciona a Alexis Minkiewicz, arquitecto santafesino que reside en Buenos Aires y a quien pertenece la muestra. Una de las estatuas representa a dos hombres practicando shibari, un tipo de atadura practicada por los cultores del BDSM. La otra estatua es  Cristóbal Colón en plena orgía marina con dos enormes pulpos. Por supuesto, el cartel no lo dice, ni hay ninguna indicación acerca de las estatuas; hay que indagar en Google para toparse con esta información. Quienes no tienen acceso a internet a su alcance quedan expuestos a las más abyectas tinieblas.

Sobre las estatuas, dice un artículo de Clarín (19 nov. 2021): “Inaugurada el 12 de octubre, fecha en que se recuerda la otrora llamada ‘conquista de América’, el artista se propone reversionar el Colón de Arnaldo Zocchi, célebre también por la polémica que acarreó su traslado de la Casa Rosada a la Costanera Norte, entre 2013 y 2015”. Y citamos este breve párrafo del artículo, pues el estilo usado para redactar el texto del cartel que está en la Manzana de las Luces parece confundir más que aclarar. No hay nada de malo que un profesional escriba en estilo académico y finamente elaborado. Lo que no encaja es ese tipo de complejidad de expresión en un lugar que se supone que debe enseñar, más que confundir, y al que asisten personas de todas clases y condiciones sociales y trayectos académicos o escolares. Otra vez, la dichosa “inclusión” queda en una triste quimera.

Por otra parte, cabe preguntarse: ¿qué tienen que ver estas obras de alto voltaje sexual con la historia que contiene la Manzana de las Luces? ¿Qué aporta la temática de estas esculturas, que deberían estar exhibidas en un entorno más afín? No pretende ser esto un clamor moralista denunciando corrupción de menores ni un intento de censura, sino que nos preguntamos si en realidad el fin de tal muestra se propone plantear ideología en vez de mostrar la historia.

Más allá de todos estos cuestionamientos, lo lamentable es que se desaproveche un lugar tan rico para nuestra historia y que tanto saber puede aportarnos, además (mal) mantenido con nuestros impuestos. Los pocos empleados disponibles que fueron consultados sobre el estado del lugar cargaron las tintas “a la gestión anterior” y a la pandemia. Es probable que haya algo de verdad pero -si bien puede ser válido- no justifica el descuido, la desidia y el desinterés de un estado nacional, del color político que fuere, por el patrimonio histórico y la educación de sus ciudadanos. Viviana Aubele

Miércoles a domingos de 12 a 19
Manzana de las Luces
Perú 294 – Cap. – Buenos Aires
(011) 4342-9930 / 6973
Sitio Web Manzana de las Luces
Sitio Web Alexis Minkiewicz

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