MAESTROS SALVADORES, homenaje sin tizas

Una muestra de Yad Vashem para recordar a los maestros que protegieron judíos

¿Cuánto se ha dicho ya sobre los maestros? Muchísimo, sin lugar a dudas. Sus artes se remontan a tiempos inmemoriales; además del ambiente familiar, la influencia de nuestros maestros suele marcar nuestro desenvolvimiento como personas adultas. ¿Cuántos han decidido el rumbo de sus vidas gracias al consejo de su maestro, y más aún, gracias a su ejemplo? La relación maestro-alumno ha sido descrita por los especialistas en educación de muchas maneras, pero lo que no puede soslayarse es esa relación casi familiar que se teje entre ambos. En nuestro sistema educativo, el niño pasa muchas horas en un aula; por los años setenta, un afiche del Consejo Publicitario Argentino mostraba a una maestra y una mujer con sendos epígrafes: “La segunda madre”, “La primera maestra”, en clara alusión al vínculo que se forja en esa etapa de la vida.

Hay ocasiones en que el ejemplo y la vocación trascienden las paredes de un aula. La historia mundial, sabemos, ha dado muchísimos sinsabores, innumerables episodios que, aunque preferiríamos olvidar, de todos modos debemos recordar para no repetir errores. Y en esas circunstancias, hubo quienes arriesgaron su pellejo. No nos referimos a hombres de armas ni corresponsales de guerra, ni siquiera a médicos en el frente de batalla; sino a hombres y mujeres comunes que cuando decidieron dedicarse a la docencia no imaginaban ni por asomo que en algún momento, la vida los iba a poner entre la espada y la pared en la defensa de sus educandos.

Yad Vashem es una entidad israelí que recuerda las víctimas del Holocausto, y ofrece exhibiciones en línea sobre temas relacionados con  ese triste episodio de la historia mundial. Una de estas exhibiciones es en homenaje a aquellos maestros que fueron perseguidos, encarcelados o muertos por proteger a sus alumnos judíos del hostigamiento nazi. En Israel, el día del maestro está estipulado en diciembre, pero -casualidad o no- esta muestra virtual es una buena excusa para aprovechar septiembre y meditar sobre estos educadores que fueron más allá de una mera labor áulica, aun a riesgo de perder la vida.

En la página “Maestros que salvaron a judíos durante el Holocausto” (disponible también en varios idiomas), se puede leer breves biografías de personas comunes, que se instruyeron, trabajaron, formaron familias y cuyos nombres quizás no hubiesen trascendido de no haberse involucrado activamente en ser canales de bendición al Pueblo Elegido. Así, nos enteraremos de Elisabeth Abegg, una alemana que prefirió perder el empleo a abandonar a sus alumnos a su negra suerte; leeremos cómo Nuro Hoxha, un maestro musulmán de Albania rescató a toda una familia judía; nos conmoverá la historia de la hermana polaca Gertruda Marciniak, directora de la escuela de un orfanato, quien afirmó que “cuando me traen un niño su destino se convierte también en el mío”.

Hay otras sentidas y no menos apasionantes reseñas que, si bien breves, nos dan una pincelada en blanco y negro de lo que significaba vivir en constante peligro; de la zozobra permanente de ser descubiertos por los nazis o traicionados por sus mismos vecinos o conocidos. Personas que no escatimaron techo ni alimento para cobijar a alumnos, sean solos o con sus familias, ni tampoco dudaron en ayudarlos a escapar del infierno en vida hacia otros lugares más amables.

Y por eso a estos goyim, a estos gentiles se los ha honrado póstumamente con el título de “Justos de las Naciones”. Según se consigna en la página, estos justos “eran seres humanos comunes, y es precisamente su humanidad la que nos conmueve y la que debiera servir de modelo. Hasta ahora, Yad Vashem ha reconocido a Justos de 44 países y nacionalidades; hay entre ellos cristianos de todas las denominaciones e iglesias, musulmanes y agnósticos, hombres y mujeres de todas las edades; provenientes de todos los estilos de vida; altamente educados, así como campesinos analfabetos; figuras públicas y marginales; citadinos y granjeros de los más remotos rincones de Europa; profesores universitarios, maestros, médicos, clérigos, enfermeras, diplomáticos, trabajadores no calificados, sirvientes, miembros de la resistencia, policías, pescadores, un director de zoológico, el propietario de un circo, y muchos más”.

Son todas vidas preciosas que sabían perfectamente del valor de la vida humana, más allá de toda diferencia de cualquier índole, y que nos siguen enseñando incluso mucho después de haber partido de este mundo caído. Viviana Aubele

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré”. Génesis 12:2-3

Sitio web de Yad Vashem

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