LUCREZIA BORGIA, atrayente rescate

Una ópera poco frecuentada que no hay que tomarse a risa

Lucrezia Borgia (ópera) – Música: Gaetano Donizetti – Libreto: Felice Romani – Intérpretes: Florencia Fabris, Darío Schmunck, Christian Peregrino y Vanina Guilledo – Escenografía: Nicolás Boni – Vestuario: Lucía Marmorek – Iluminación: Rubén Conde – Dirección musical: Jorge Parodi – Dirección coral: Juan Casasbellas – Régie: Tomer Zvulun

Un lúgubre cementerio a la medianoche, que presagia una particular tragedia, se convierte repentinamente en un salón de fiestas en el cual la algarabía parece estar a la orden del día. Con estas dos imágenes contrastantes se inicia la puesta en escena ideada por el israelí Tomer Zvulun para la actual temporada de Buenos Aires Lírica. La acción, que según el argumento original se desarrolla en las ciudades de Venecia y Ferrara en los inicios del siglo XVI, fue trasladada a la Pequeña Italia norteamericana, en las primeras décadas del siglo XX. Nada que objetar: la sórdida historia del enfrentamiento entre los Borgia, empeñados en acrecentar su poder político al costo que fuese, y los diversos deudos de quienes terminaron siendo las víctimas directas de su ambición, muertas generalmente por envenenamiento, de acuerdo a la tradición familiar, funciona perfectamente en el lugar que sea.

Según la historia, Lucrezia Borgia se estrenó en el Teatro alla Scala de Milán en diciembre de 1833, un día después de la Navidad, y fue recibida por el público sin demasiado entusiasmo. Es más: Victor Hugo, en cuya ficcionalización de la vida de la noble italiana se basa este trabajo, nunca autorizó el uso de su texto y se opuso a que la ópera mantuviera su título original, por lo cual el libreto debió ser retocado, los personajes pasaron de ser aristócratas italianos a turcos e incluso se llegó a cambiar el título por el de La rinnegata. Nunca llegó este título a contarse entre las óperas favoritas del repertorio, a pesar de tener momentos realmente elevados. De manera que su inclusión en la temporada fue una apuesta interesante. El núcleo del drama es el encuentro entre Lucrezia y Gennaro, su hijo no reconocido, atravesado por relaciones de amor y odio e intrigas palaciegas de todo tipo.

En la puesta de Tomer Zvulun fueron destacables los trabajos de Florencia Fabris como Lucrezia, Darío Schmunck como su hijo Gennaro (muy tarde conocerá el personaje este vínculo, cuando la suerte fatal ya esté echada…), un notable Christian Peregrino como Don Alfonso y Vanina Guilledo como Maffio Orsini. El desempeño vocal de Guilledo no merece críticas, pero sinceramente su physique du rôle, que no logra hacer olvidar que en realidad se trata de una mujer travestida, no se ajusta para nada al personaje de Orsini. Cierto es que Donizetti indica una voz femenina para cubrir este personaje, pero el falso bigote y el vestuario no alcanzan para hacer creíble el personaje y por momentos parecen más bien parte de un paso de comedia, algo muy alejado del contexto maquiavélico y perverso que reviste la historia. Tal vez hubiese sido mejor recurrir a un contratenor para el papel, algo admitido por el historial del presente título. En cualquier caso, Donizetti no iba a ofenderse por este cambio más de lo que podría haberse molestado por el del trastocamiento temporal y geográfico de la historia.

Algunas voces del elenco sonaron demasiado pequeñas, en particular el Rustighello de Mauro Di Bert, que en cambio estuvo muy bien actoralmente. Pero para ser justos cabría señalar que, desde el palco donde estábamos ubicados, fue notable la diferencia entre las voces que demostraron una mayor proyección y otras que, incluso correctas en todo lo demás, parecían ser retenidas en el escenario. La dirección musical, a cargo de Jorge Parodi, mereció el aplauso de todos. Germán A. Serain

Lucrezia Borgia
se exhibió el 17 de mayo de 2013

Teatro Avenida
Av. de Mayo 1222 – Cap.
(011) 4381-0662

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