LAS BERNARDAS, gritos y plegarias

Teresa Duggan homenajea a García Lorca a 80 años de su asesinato

Intérpretes: Vanesa Blaires, Maria Laura García, Magda Ingrey, Vanesa Ostrosky, Josefina Peres, Gabriela Pizano, Laura Spagnolo y Daniela Velazquez – Vestuario: Nam Tanoshii – Música: Eduardo Zvetelman – Sobre textos de: Federico Garcia Lorca – Idea, Coreografía y Dirección: Teresa Duggan

Nacida en la sociedad asfixiante de la España de 1936, La casa de Bernarda Alba -una de las obras más célebres de Federico García Lorca- ha generado múltiples versiones coreográficas, utilizando distintos lenguajes: Feast of ashes (Alvin Ailey, 1962), Las hermanas (Kenneth MacMillan, 1963), Rango (Rafael Aguilar, 1963), Bernarda (Mats Ek, 1978), son sólo algunos ejemplos; y dentro de las puestas locales, recordamos la montada por Julio López en el Teatro Colón (1988), y la de Sibila (1999), en clave de flamenco.

¿Cómo encontrar otra mirada, otro enfoque, para abordar el tema de la severa mater familias del drama lorquiano, y homenajear a su autor a ochenta años de su asesinato? Con variados recursos teatrales, Teresa Duggan lo logra en el particular escenario del Celcit. Hay una presencia constante del texto de la obra, mediante proyecciones que traspasan a las bailarinas. Estas ocho mujeres son Bernardas, recorridas por una corriente de violencia ora reprimida, ora explícita con la utilización del grito como desahogo o como elemento represivo hacia sus pares.

La opresión ejercida desde la religión está también mostrada en el frenesí de las plegarias, en un tenso contrapunto con la sexualidad, que aflora salvaje en todas ellas cuando Adela –la rebelde, la descarriada- las tienta con un pantalón masculino como símbolo de Pepe el Romano. Tomado como elemento erótico, la prenda pasará de mano en mano para dar rienda suelta a tanto instinto contenido, tanto deseo almacenado.

El diseño en L del espacio es, ab initio, todo un desafío que la coreógrafa resuelve variando los planos de modo que cada desplazamiento tenga más de un sentido. Ese doble juego se traslada también a las lecturas que pueden practicarse sobre los símbolos que Duggan utiliza con habilidad. La manzana, la tentación, pasa por las faldas de las Bernardas en un juego nervioso de atracción y rechazo; las diminutas sillas remiten a lo lúdico de la niñez; las fotografías, armadas para crear la apariencia de una perfección que no existe, sorprenden a las mujeres, que emiten sus sonrisas a destiempo frente al flash. Todo un acierto resulta la inclusión del gato, personificación de un tiempo que transcurre en otro ritmo, contrastante con la ansiedad y el frenesí del grupo.

Encaminada por la senda del movimiento corporal más que de la danza, Las Bernardas apela al lenguaje de la danza-teatro, exigiendo dramáticamente a las intérpretes, quienes responden de maravillas al reto. El uso del color verde en el vestido de Adela y en el ovillo con el cual juega el felino al comienzo, cierra el círculo de esta obra que explora en profundidad las facetas del universo femenino. Patricia Casañas

Sábados a las 20
CELCIT
Moreno 431 – Cap.
(011) 4342-1026
www.celcit.org.ar

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