EL LADINO, notable renacer

Una lengua asombrosamente beneficiada por la pandemia

Después de meses enteros de quedarnos, forzosamente, en casa; de hacer home office y de tener a nuestros hijos haciendo la escuela o la facultad a distancia; de limitar nuestras salidas, de decirle adiós por un tiempo a los conciertos, al teatro, al cine o a salir con amigos; de pensar mil veces antes de programar nuestras vacaciones… ¿qué nos queda de este tiempo tan peculiar —e inédito—que nos ha tocado vivir en prácticamente todo el 2020 y lo que va del 2021? Muchas cosas, buenas y malas. Y también se han suscitado cuestiones que quizás uno ni imagina. Por ejemplo, el resurgimiento de una lengua: el ladino.

Las actividades en línea, que llegaron a un pico inusitado en el último año, fueron factor crucial para que esta lengua tomara un inesperado impulso pese a los sombríos pronósticos sobre su supervivencia. Según ethnologue.com, sitio que proporciona estadísticas y datos varios de las lenguas vivas de todo el mundo, el ladino (o judeoespañol) está en problemas: contabiliza 51 mil usuarios en todo el mundo (43 mil en Israel). El estatus de la lengua es “8a moribund”; es decir, en peligro de extinguirse, según el parámetro EGIDS (Expanded Graded Intergenerational Disruption Scale), que mide el estatus de una lengua en términos de su posible extinción o su desarrollo. Hay que tener en cuenta que lo ideal para una lengua es una calificación 0 a 4; de hecho, el español se halla dentro de ese rango.

Pero en los primeros días de este 2021, el sitio esefarad.com publicó un artículo que pinta un panorama un poco más alentador para esta lengua romance derivada del español antiguo y que hablaban los judíos de España y Portugal antes de su expulsión en 1492; la diáspora hizo que la lengua se difundiera por los Balcanes, por el entonces Imperio Otomano, y norte de África, entre otras regiones, y que se enriqueciera de los aportes de las lenguas de esos lugares.

El artículo da cuenta del inesperado empuje recibido por el ladino gracias a una circunstancia poco grata, el Covid-19, que obligó a encarar desde la virtualidad las actividades de las distintas instituciones que se ocupan de la conservación y difusión de esa lengua. ¿El resultado? Cursos de ladino con participantes de varios puntos del planeta, reuniones a distancia en ladino, y un interés por la lengua no solo de parte de los descendientes de aquellos sefaradíes, grandes o chicos, sino de no judíos, y hasta la reaparición de un periódico, Aki Yerushalayim, de Israel, luego de haber estado ausente durante varios años.

En términos fonológicos y léxicos, el ladino se asemeja al español antiguo, más que al moderno, por lo que a nosotros, hispanohablantes, no nos resulta difícil de comprender. El alfabeto usado para su escritura puede ser el latino o el hebreo. Recibió, como se dijo, aportes de las muchas lenguas de las regiones por donde pasaron los sefaradíes que habían sido desplazados de la península ibérica, especialmente del turco, del griego y del italiano. Los judíos que vivían en Turquía al momento de la Segunda Guerra Mundial fueron muy importantes para la subsistencia del ladino, debido a la dramática baja de muchos miembros de las comunidades judías de Europa. Esta influencia se ha dado en la literatura, que tiene en Djohá a su máximo exponente. Djohá es en realidad la versión ladina de Nasreddin Hoca, un personaje del folklore popular turco que encarna al tonto del pueblo, alrededor de quien se han tejido infinidad de historias, a cuál más graciosa.

El uso difundido de internet y redes sociales ha revitalizado, por lo que se ve, al ladino. Esta lengua ha estado presente también en la música de la comunidad sefaradí, como por ejemplo la cantante israelí Yasmin Levy o del marroquí Gerard Edery, e incluso en el repertorio de artistas como George Dalaras, cantante griego de gran popularidad y larga trayectoria, o en la literatura de Matilda Koen-Sarano, nacida en Italia y nacionalizada israelí. Matilda, que en la actualidad tiene 82 años, es hija de padres turcos y estudió letras en su país natal. Su interés por el ladino la llevó a realizar estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha escrito más de una decena de libros de cuentos, guiones y material didáctico para la enseñanza del ladino. Entre sus obras de ficción, destaca los relatos sobre el mencionado Djohá. En el video que les traemos hoy, podemos ver y disfrutar a Matilda contando historias sobre este simpático “antihéroe” en ladino, que si uno aguza un poco el oído, puede entender casi a la perfección. Viviana Aubele

Matilda Koen-Sarano – Cuentos de Djohá

 

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