AMY BEACH, contra viento y marea

La tenacidad de una mujer para componer música clásica

Precoz como pocos. Tenaz como nadie. Amy Beach (1867-1944) es un caso aparte en la música clásica pero, lamentablemente, con menos reconocimiento del que merece. Fue la primera mujer estadounidense en publicar una sinfonía, en una época en que la mujer quedaba relegada a la sombra del varón. Pese a las circunstancias en contra, Amy tuvo el privilegio de que su primera sinfonía, Gaelic Symphony in E minor p. 32, fuera interpretada en el estreno nada menos que por la Boston Symphony Orchestra (BSO), en 1896.

Al año de edad, Amy Beach, née Marcy Cheney, ya podía entonar la friolera de cuarenta melodías distintas, y a los dos se manejaba sin problemas con el contracanto. Su familia no tenía dudas de que la niña era dueña de un talento poco usual. Y no era para menos: aprendió a leer -sola- a los tres años. A los cuatro, en un verano en la casa de su abuelo, compuso valses. Lo curioso era que en esa casa no había ningún piano; Amy componía las melodías en su cabeza y las interpretaba al regresar a su casa.

Su primera maestra de piano fue Clara, su madre, y las condiciones de Amy reclamaban para ella una instrucción en las escuelas europeas de música. Pero los cánones morales de la época para una mujer de su clase no daban margen para esto, y Amy tomó clases en su país, con tres maestros distintos. Para complementar los espacios, la joven se apropió de cuanto libro sobre música le fue posible, y por su cuenta aprendió contrapunto, armonía y fuga. Hasta se hizo su propia traducción al inglés de un tratado de Hector Berlioz sobre orquestación.

La siempre precoz Amy Beach comenzó a tocar en público a temprana edad, pero su debut en concierto lo hizo a los dieciséis años, en el Music Hall de la ciudad de Boston. En ese concierto, con dirección de Adolph Neuendorff, Amy interpretó el Rondó en mi bemol de Fréderic Chopin y un solo: el Concierto para piano No. 3 en sol menor  de Isaac Moscheles. Eso fue en 1883. Después de dos años dando varios conciertos y de participar del concierto de cierre de temporada de la BSO, Amy se convirtió en la señora H. H. A. Beach, al contraer enlace con el cirujano bostoniano Henry Harris Aubrey Beach. Así figuraría ella en los subsiguientes programas y en las publicaciones de sus obras.

La familia de origen de Amy era de una posición bastante encumbrada, posición que mantuvo al casarse con alguien de su misma condición. Y tal circunstancia desalentó, en cierto modo, las aspiraciones de Amy como pianista. Entre las condiciones del matrimonio estaba la de adecuar su vida al estatus de Henry; renunció a dar clases de piano -cuestión que era vista como que solo dejaba dinero “para gastos”- y limitó sus presentaciones a dos conciertos por año. Lo recaudado de esos conciertos iría a beneficencia. Y, además, debía abocarse más a la composición que a dar conciertos en público. Aunque esta cuestión hoy haga ruido a nuestros oídos posmodernos, hay que decir que el matrimonio, aunque no dejó descendencia, fue feliz, que el señor Beach era un buen cantante y pianista amateur con amplio conocimiento de música y que en realidad estimuló a su esposa a profundizar en composición.

El producto final de la señora Beach fue elogioso. Aunque Amy no se formó en Europa -cosa que era habitual en todo talento musical- fue motivo de orgullo en su país al convertirse en la primera mujer estadounidense en publicar una sinfonía. Antes de la Gaelic Symphony, en 1892, la orquesta de la Haendel and Haydn Society había interpretado su Misa en mi bemol mayor; era la primera vez desde la fundación de esa entidad en 1815 que interpretaba una obra escrita por una mujer. En 1900, la BSO estrenó el Concierto para piano op. 45, con Amy como solista. Su única ópera, Cabildo op. 149, no fue interpretada hasta después de su fallecimiento.

Amy Beach es la única mujer que es parte de los Boston Six, un grupo de músicos de fines de siglo XIX y principios del siglo XX con base en Boston, y cuyo legado en el desarrollo de la música clásica estadounidense se distingue del de sus ancestros europeos. En una época en que se pensaba que la mujer no poseía la capacidad natural de componer obras de relevancia, en un tiempo en que el escenario musical de Estados Unidos estaba dominado por la música de Alemania y por músicos alemanes, Arthur P. Schmidt, editor de música nacido en Hamburgo y gran defensor de las compositoras estadounidenses, fue quien dio visibilidad a la obra de Beach. De las más de 300 composiciones de Beach, Schmidt publicó más de 200. Todo dicho. Viviana Aubele

Sitio Web Amy Beach
Amy Beach en Wikipedia
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