NAVAJA EN LA CARNE, sórdido retrato

Desdibujada puesta de una potente narración de Plinio Marcos

Navaja en la carneActúan: Oscar Giménez, Juan Pablo Rebuffi, Sandra Villarruel – Escenografía: Zacarías Gianni – Iluminación: Lautaro Romano – Autor: Plinio Marcos – Dirección: Antonio Leiva

Navaja en la carne promete a los espectadores asomarse a la realidad cruda y sórdida de una pensión donde una prostituta, un proxeneta y un homosexual comparten una serie de situaciones que pretenden asomarnos a aspectos recónditos y violentos de la condición humana. La promesa resulta atrayente, sobre todo en la medida que actualiza un texto del controvertido dramaturgo brasileño Plinio Marcos, censurado durante la dictadura brasileña por abordar temas marginales y poner la mirada sobre las hendiduras de una sociedad fragmentada.

Una adaptación de un texto así puede ser no solo interesante, sino importante y vigente, y en ello el trabajo de Carlos Mathus me parece destacable. El texto tiene todas las aristas infecciosas para contagiarnos de un drama turbulento y potente. La crudeza de las situaciones tiene reveses y matices insospechados que dan todos cuenta de las fuentes reales y demasiado vivas de Marcos: la crónica roja, la psicología, un contexto político agitado y una sociedad convulsionada que él abordó con una lente naturalista.

Escrita en 1967, Navaja en la carne tiene los elementos para desarrollar un montaje en vías a un teatro de la crueldad. Una dramaturgia que tiene la posibilidad de hacerse ventana a los engranajes secretos que alientan una crónica roja, que nos remiten a nuestros propios miedos y pasiones. Ahora bien, hay algo entre la puesta en marcha actoral y de dirección –Antonio Leiva– que no logra generar una acción efectiva de la obra. La prometedora potencia del texto aparece aún en proceso. Los momentos de fusión entre espectadores y performance, los posibles trances a los que podría llevarse a la audiencia en la confrontación con estos espejos crueles y obscenos, se quedan a medio camino.

El texto desfila atropelladamente, en acciones efímeras, dotadas de un histrionismo mecanicista y poco orgánico; allí, donde se necesitarían contrastes para que los personajes adquieran volumen y salgan del estereotipo, yendo incluso más allá de las coordenadas de noticia violenta donde surgieron; justo allí, nos topamos con una sucesión apresurada de gritos, imprecaciones, bofetones y otros gestos agresivos, que se apagan tan rápidamente como se encienden. La violencia, como región de las pasiones que con frecuencia nos es tan oscura como reprimida, tiene  ritmos que requieren ser traducidos con mayor delicadeza; y por momentos parece que los actores no son conscientes de estar operando escénicamente con tal dinamita.

Esta ausencia de ritmo le quita volumen a un texto tan prometedor, hace que los arcos dramáticos no se tensen. A pesar de que los conflictos son impactantes, la falta de alternancia entre el status de los personajes hace que las acciones violentas tengan un aspecto plano (la víctima demasiado abrazada a su debilidad y el victimario que no se sustrae a su grandeza); el suspenso se resuelve siempre en domesticidad violenta y no logra saborearse el sustrato psicológico que alienta los motivos de los personajes, sus otras posibles necesidades, los reveses de la máscara. Si bien estos tres seres tienen un tinte perverso, pertenecen también al ámbito de la vida, contienen humor, fragilidad, miedo, incluso ciega ingenuidad. Todos ellos elementos que, a mi juicio, merecen ser tenidos en cuenta en el trabajo de dirección.

En este punto y a modo de cierre, me es imposible dejar pasar una cita de Artaud, a propósito del filo y lo que concibió como propuesta para manejar una fuerza tan primigenia como la crueldad: “No se trata de sacar en todo momento al escenario el cuchillo de carnicero, sino de reintroducir en cada gesto de teatro la noción de una especie de crueldad cósmica sin la que no habría vida, ni realidad”.  Camilo Barajas Hernández

NAVAJA EN LA CARNE (teatro) - Plinio Marcos - Antonio Leiva - martinwullich.com

Se dio hasta junio 2019
Teatro Empire

Hipólito Yrigoyen 1934 – Cap.
(011) 4953-8254
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