MEDIO SIGLO SIN JIMI HENDRIX, be wild

Breve semblanza del guitarrista a cincuenta años de su fallecimiento

Su verdadero nombre era Johnny Allen Hendrix. Pero él se hacía llamar James Marshall, y el mundo entero lo conocerá como Jimi. Fue uno de los guitarristas más influyentes de la historia del rock y probablemente uno de los músicos más virtuosos y sanguíneos de la historia, al margen de cualquier frontera de género. Jimi Hendrix  nació en Seattle, en los Estados Unidos de América, un 27 de noviembre de 1942. Falleció muy joven, a los 27 años, en Notting Hill, en el Reino Unido de la Gran Bretaña, el 18 de septiembre de 1970. Live Fast, Be Wild, Die Young.

Este año se cumplieron cincuenta años de aquella fatal mañana en que Hendrix fue hallado inconsciente, algunos dicen que ya muerto, con un cuadro de asfixia por una intoxicación con barbitúricos. Al parecer había tomado pastillas prescriptas por su médico, pero en una dosis dieciocho veces mayor a la recomendada.​ Su leyenda se forjó a partir de una carrera profesional muy breve, que en rigor abarcó un lapso de apenas cuatro años y tres álbumes oficiales, aunque más tarde su discografía se multiplicó a partir de registros en vivo y una gran cantidad de grabaciones inéditas que todavía hoy, cincuenta años más tarde, continúan saliendo a la luz.

Con sangre afroestadounidense y cheroquee, Hendrix comenzó a tocar la guitarra a los 15 años. Tocó con los Isley Brothers, con Curtis Knight y con Little Richard, antes de mudarse a Inglaterra a fines de 1966. Allí llamó la atención del bajista Chas Chandler, quien se convirtió en su manager, y en cuestión de meses llegó con tres singles al Top 10 del Reino Unido: Hey Joe, The Wind Cries Mary y Purple Haze. La leyenda ya había comenzado a escribirse.

Be Wild. Esta fue definitivamente la marca de una cultura de la cual Hendrix es una de las caras más visibles. Las postales se multiplican. Por ejemplo, la del escenario del Monterey Pop Festival de California, el 18 de junio de 1967, cuando ante 50.000 espectadores, y tras un desquiciado y lisérgico solo con el cual culminó su versión de Wild Thing, dejó su guitarra en el suelo, se arrodilló en actitud religiosa, roció sobre ella una lata de combustible y la prendió fuego, ofreciéndola en sacrificio. Luego explicaría que de eso se trataba, precisamente: “La gente sacrifica las cosas que ama, y yo amo a mi guitarra”. Amor y destrucción. Die Young.

También daría  explicaciones cuando dos años más tarde, en 1969, en el festival de Woodstok, estableció otro momento icónico al cerrar su presentación ejecutando una furiosa y distorsionada versión de Star Spangled Banner, el himno nacional estadounidense, para el asombro de los asistentes. “Todo lo que hice fue tocar el himno de mi país, porque también soy estadounidense”, sería su justificación, ante la furia de algunos conservadores. Y cuando en el show de Dick Cavett le señalaron que su versión había sido por lo menos muy poco ortodoxa Hendrix contestó: “No lo sé. A mí me pareció algo hermoso”.

Las postales se multiplican: Hendrix tocando con los dientes, con la guitarra en la espalda, haciendo acoples al empujar su guitarra contra el amplificador, experimentando con los sonidos, haciendo una mímica casi obscena, como si estuviese copulando con la guitarra. Y probablemente fuese esto, ni más ni menos, lo que hacía.

El violinista británico Nigel Kennedy, discípulo nada menos que de Yehudi Menuhin, le dedicó un disco a su música en 1999, convirtiendo las composiciones de Hendrix en música de cámara. Ante la sorpresa de la crítica musical clásica, Kennedy manifestó que que él veía a Jimi Hendrix como un compositor tradicional atrapado en la figura de un rockero. Y aseguraba que se lo debería contar entre los grandes músicos de todos los tiempos, a la par de Mozart, Bach, Liszt o Chopin. “Creo que posiblemente se parecía más a Liszt o a Chopin”, asegura Kennedy. “Un gran compositor e intérprete de su instrumento que hacía música en un género totalmente nuevo para su época.” Más Liszt que Chopin, decimos nosotros. O quizás Paganini: músicos que hicieron de su virtuosismo sobrehumano un antes y un después.

Por supuesto, esta comparación tomó por sorpresa a muchos críticos de la música clásica. Pero esto no pareció preocupar demasiado a Kennedy, quien luego de recordar que los músicos clásicos siempre han tomado prestado mucho de la música popular, cerraba su comentario con esta conclusión categórica: “Si alguien no consigue escuchar los méritos de la música de Jimi Hendrix, entonces no debería opinar ni escribir sobre música. Más bien deberían dedicarse a ser bibliotecarios, o a cualquier otra cosa”. Por su parte, Cathy Etchingham, quien fuera novia de Hendrix en la década de 1960, solía recordar que a Hendrix le encantaba la música clásica, en particular Mozart, Bach y Handel, y que solían ir juntos a comprar discos de esos compositores.

A medio siglo de distancia, lo cierto es que Jimi Hendrix -tanto la leyenda como su música- se ha convertido en un clásico, cuyo legado merece ser recordado y revivido. Y por eso dejamos a continuación dos actuaciones en video que documentan su obra. Germán A. Serain

The Jimi Hendrix Experience - Voodoo Child (Slight Return) (Live In Maui, 1970)

The Jimi Hendrix Experience: “Voodoo Child (Slight Return)” – Maui, 1970

MEDIO SIGLO SIN JIMI HENDRIX, be wild

Jimi Hendrix – Konserthuset, Estocolmo – 9 de enero de 1969
1. Killing Floor
2. Spanish Castle Magic
3. Fire

4. Hey Joe

5. Voodoo Child (Slight Return)

6. Red House

7. Sunshine Of Your Lov

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