LAS MUJERES SABIAS, extraordinaria y memorable versión

La penúltima comedia de Molière, en la creativa y original puesta en escena de Willy Landin, marca un hito en las producciones del San Martín

Las mujeres sabias – Actúan: Graciela Araujo, Hernán Boglione, Guido Bonacossa, Luis Campos, Manuel Coggiola, Amalia de Camillis, Sofía Gavito, Juan José Hair, Tony Lestingi, Matías Mancilla, José Marquez, Rocío Mercado, María Luz Morteo, Laura Mouge, Verónica Pelaccini, Gimena Riestra, Sebastián Rosso, Eugenia Stanovnik, Sebastián Suñé, Rita Terranova y Florencia Vecino – Cantante: Damián Ramírez – Músicos: Soledad Grigeria, Florencia Stabilini y Cesar Tello – Vestuario: Nidia Ponce – Iluminación: Miguel Morales – Coreografía: Miguel Ángel Elías – Dirección musical: Cesar Tello – Autor: Molière – Versión, Escenografía y Dirección: Willy Landin

A manera de prólogo y antes de la apertura del telón, un contratenor canta las recomendaciones al público -apagar los celulares, no fumar, etc.- acompañado por un trío compuesto por violín, cello y clave. Desde ese mismo instante se percibe que esta puesta en escena será diferente y el talentoso Willy Landin nos deleitará con su propia y remixada visión de estas “sabias” mujeres de Molière.

La música de Jean-Baptiste Lully predispondrá con sus acordes a la aparición de los personajes, para seguir con Haendel, Vivaldi o Kreisler, pasando por la profunda y sensible Meditación de Thaïs, de Jules Massenet o la locura del aria Sempre libera de La Traviata, de Verdi. También sabrá intercalarse Locomía, en este gran disparate que ha creado el regisseur Landin, donde los certeros tiros de un cazador de patos serán marcados a la manera de un videogame, o donde se hará referencia a la intangibilidad de los depósitos, ironizando la realidad de nuestro país y aclarando que  “a los que depositaron Luises, se les devolverán Luises…”.

La puesta en escena es absolutamente colosal y magnífica. No se han escatimado recursos originales, estéticos ni técnicos. Cuesta creer que nuestro Teatro San Martín esté ofreciendo un espectáculo no sólo comparable sino superior a cualesquiera de las puestas que se hayan hecho en otros rincones del mundo. Desde el comienzo, Las mujeres sabias se asemeja a una ópera, probablemente el más complejo de los géneros para poner en escena. No es casual que Willy Landin haya egresado del Instituto Superior del Teatro Colón. Él mismo tradujo y adaptó la obra tomando en cuenta el texto original francés, respetando la filosofía y la ironía del mismísimo autor quien se burlaba sin ambages de las almidonadas costumbres y ridículas convenciones de su tiempo.

La hipocresía, la mediocridad y la falsedad de ciertos llamados “intelectuales” o “cultos” y quienes forman su séquito son el blanco permanente de Molière que los hace aparecer -con inteligente humor- como idiotas frívolos e ignorantes. Temas que no han cambiado ni cambiarán pues son inherentes al ser humano -la ambición, el poder, las envidias, los celos- están presentes también para reflexión y deleite.

El vestuario de Nidia Ponce es increíblemente llamativo no sólo por su diseño sino por su realización. La iluminación de Miguel Morales y el mismo director es estéticamente precisa y generadora de los climas necesarios para interpretar la historia. La coreografía pergeñada por el perspicaz bailarín y coreógrafo Miguel Ángel Elías es atrayente y creativa, acorde a cada momento representado.

Un elenco bien dirigido nos presenta el mundo de estas mujeres yendo del siglo XVII al XXI sin solución de continuidad.  El desfile observado por las cortesanas no tiene parangón. Es una entrada franca al puente entre dos épocas, entre dos civilizaciones, entre dos estilos, entre la vanguardia y el clasicismo, también una demostración de que nada ha cambiado nunca o –recordando a Lampedusa- todo lo que ha cambiado ha permanecido en su lugar.

Graciela Araujo compone una sobresaliente madre de la burguesa familia, llevando a su personaje a la más increíble y ridícula cursilería.  También se mete en esa piel de necedad la dúctil Rita Terranova, sustanciada con la idiotez del personaje, que recrea con notable lascivia. Tony Lestingi es admirable en sus dos roles y denota su capacidad histriónica pasando de uno a otro cómoda y divertidamente, sobre todo cuando personifica al empalagoso zalamero de turno.

Un capítulo aparte merece Gimena Riestra, la hija de tan ostentosa señora, llegando a un punto de banalidad y falsa apariencia que compone con un histrionismo superlativo. El crecimiento actoral de Riestra se evidencia como nunca, aportando elocuencia gestual y un tono en su voz y en su dicción que logra transmitir el desencanto y la desazón en esta vida en la cual el dinero no puede reemplazar lo que le falta. Estupenda, Gimena  desgrana hacia el final el emotivo Mon coeur est un violon, de Lucienne Boyer, estremeciendo al público. Martin Wullich

Se dió hasta el 14 de diciembre de 2008
Teatro Presidente Alvear
Estrenó en el San Martín
Av. Corrientes 1659
0800-333-5254
www.teatrosanmartin.com.ar

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