La lengua es un músculo pero el lenguaje es un virus – Intérprete: Diego Carreño –Voces en off: Edda Díaz, Nazareno Casero, Diego Gentile, Noelia Vittori – Arte, Escenografía y Vestuario: Analía Cristina Morales – Iluminación: Víctor Chacón – Música: Pablo Bronzini – Dramaturgia: Gabriel Wolf y Diego Carreño – Dirección: Leandro Aíta
La obra nos presenta a un lingüista en el último tramo de terminar la tesis que lo volverá finalmente filólogo, tras veinticuatro años de trabajo y reclusión en la casa del cerro de su familia. Dicha tesis se propone comprobar el planteo de William Burroughs en el que afirma que el lenguaje es un virus.
La lengua es un músculo, pero el lenguaje es un virus se gesta a partir de textos recopilados de la cuenta de Facebook de Gabriel Wolf. Junto a Diego Carreño han logrado teatralizar esos escritos de manera excelente. La obra pone como eje protagónico -como es de esperarse tras haber oído su título- al lenguaje. Así, ejemplifica diferentes figuras retóricas que serán parte de la monstruosa tesis de nuestro protagonista, tales como la metáfora, la paradoja, la paronomasia, la dubitación, el cancionismo, entre otras.
La actuación de Carreño es desopilante. Son sesenta minutos de risas sin parar. A pesar de las carcajadas que nos pueda producir, la obra tiene su trasfondo trágico. El protagonista, un tipo solitario y despreciado por su familia, se embarca en una misión titánica, de veinticuatro años de duración, que le da un poco de sentido a su vida vacía, pero a la que finalmente encuentra estéril.
La lengua es un músculo, pero el lenguaje es un virus indaga de manera correcta la condición trágica del hombre, usando el humor lingüístico -al mejor estilo Les Luthiers- para que semejante trago amargo no sólo sea digerible, sino también disfrutable. Lucio Oliveto
Viernes a las 22
El Camarín de las Musas
Mario Bravo 960 – CABA
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