LA FIESTA DE LOS CHICOS, desorientación dramática

Mescolanza emotiva transitada con algunos momentos cómicos

La fiesta de los chicos (The boys in the band) – Actúan: Fer Dente, Nicolás Di Pace, Tomás Fonzi, Tupac Larriera, Santiago Pedrero, Roberto Peloni, Nicolás Riera, Agustín Suárez, Sergio Surraco – Escenografía: Mariana Tirantte – Vestuario: Alejandra Robotti – Iluminación: David Seldes – Música: Diego Lichtenstein – Autor: Mart Crowley – Dirección: Ricky Pashkus

El texto original de Mart Crowley –The boys in the band– fue estrenado en Broadway en 1968 y llevado al cine con su elenco original  a los dos años. Recientemente se estrenó para la plataforma Netflix en una versión protagonizada por actores norteamericanos reconocidos y abiertamente gays. Este último detalle es un valor ideológico no menor. La obra cuenta con un antecedente nefasto en Argentina, en 1970, cuando fue prohibida por orden municipal, a pocos días de su estreno. Años más tarde, también fue censurada su versión cinematográfica. 

Con este historial y recorrido de la pieza, sumado al contexto actual de lucha y resistencia por la libertad y los derechos sexuales e igualdad de género, la puesta dirigida por Ricky Pashkus prometía ser una gran versión. Sin embargo, se queda en el camino. 

Al levantarse el telón, la primera imagen de La fiesta de los chicos tiene un gran impacto visual:  una luz tenue baña los cuerpos semidesnudos de los 9 actores, entrada efectista que no tiene conexión alguna con el resto de la obra. Parece un deseo de sexualizar esos cuerpos sin sentido ni necesidad, y se aleja de los ejes que articulan esta comedia dramática, que se desarrolla en una fiesta de cumpleaños de un grupo de amigos homosexuales. 

El reparto tiene grandes perlas como Roberto Peloni, en una interpretación concisa y persuasiva de su personaje como Bernard; la experiencia se hace evidente en su pisada y desenvoltura escénica. Por su parte, Nicolás Di Pace explota muy bien su personaje de Emory, el más efusivo del grupo de amigos; con mucha ligereza y gran desparpajo logra robarse la obra en muchos momentos.

Fernando Dente personifica a Michael, el anfitrión de la fiesta, en una interpretación apocada y a medias tintas; su registro actoral es llano y recita su texto como una catarata mientras no cesa su confusa caminata de izquierda a derecha y de norte a sur. Agustín Suárez en el papel de Alan, el único heterosexual del encuentro, desentona fuertemente; se supone que su aparición debería aportar una cuota de misterio, pero no solo carece de esto, sino de sustanciación con el personaje.  Además, su texto está cargado de chistes y comentarios de manual que empobrecen aún más el relato.

Es entendible que se trata de un texto escrito hace más de 50 años y que modificarlo está sujeto a asuntos (legales y burocráticos) ajenos a los actores, pero existen otras formas de encarar obsolescencias. El problema de esta puesta radica en la dirección. Son evidentes los problemas de espacialidad para estos actores que llegan a estados de vulnerabilidad sin una construcción previa, sin hacerse cargo del peso de su texto. 

Debido a su reciente estreno, quizá le falta maduración para reformular problemas estructurales o definir simplemente si se trata de una puesta genuina con algunos momentos cómicos. Andrés Ruiz Quintero

Se dio hasta fin 2021
Teatro Astral
Av. Corrientes 1639 – Cap.
(011) 4374-5707
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