KREMERATA BALTICA, clásico y moderno

Valiosas sorpresas en un nuevo concierto para los abonados de Nuova Harmonia

Hasta último momento desconocíamos qué obras íbamos a escuchar. Pero sabíamos que la Kremerata Baltica, la agrupación fundada en 1997 por Gidon Kremer, era una garantía. En esta ocasión el grupo se presentó dirigido por el violoncellista italiano Mario Brunello, quien cumplió con calidad, calidez y temperamento su doble rol de director y solista en las obras concertantes programadas. Un programa que -de esto nos enteramos en el momento- fue cambiado a última hora para incorporar una obra en homenaje al compositor georgiano Giya Kancheli, quien acababa de fallecer a sus 84 años de edad. No sería ésta la única sorpresa de la noche.

Además del nombre de Kancheli, cuya música en general presenta un estilo tonal sencillo, con influencias modernas y ligeramente disonante, reconocimos de inmediato en el programa la presencia de Franz Joseph Haydn y Ludwig van Beethoven. El primero, con su Concierto para violoncello en Do mayor (Hob. VIIb:1); el segundo, atravesado por una propuesta atrevida: su Cuarteto Nº 16 Op. 135, el último que escribió el compositor, ofrecido en versión para orquesta de cuerdas. Así transformado, el cuarteto de Beethoven supuso un redescubrimiento de la obra, modificada por la multiplicación de los instrumentos y el aporte del registro grave de los contrabajos, en una metamorfosis que hizo que nos preguntáramos si era la misma composición. Ciertos acentos, realces y el modo de enfatizar algunos elementos, llegaron a convertir  de a ratos esta obra en algo moderno, con tintes casi minimalistas. Un Beethoven tan diferente como interesante y brillante.

Pero la gran sorpresa de la noche vino de la mano de dos obras, la primera y la última incluidas en el programa modificado, firmadas por Giovanni Sollima, un cellista y compositor siciliano nacido en 1962, cuyo lenguaje musical pone en juego una riqueza notable, con influencias tomadas de un amplio rango estético que remite por momentos al jazz, a músicas étnicas, o incluso al rock, y todo el tiempo a la modernidad.

Note sconte (Notas escondidas), la composición que abrió el concierto de la Kremerata Baltica, presentó un inicio exquisitamente tenue, que debió competir con un desagradable fondo contrastante generado por las insistentes toses del público, algo que llevó a preguntarnos una vez más por qué razón algunas personas, cuando se sienten mal, en lugar de ir a una consulta médica deciden asistir a un concierto. Luego la obra progresa con pizzicatos y diferentes efectos percusivos, juegos rítmicos, creativos divisis y hasta algún que otro grito de los instrumentistas. Esta obra moderna y original en su concepción, pero al mismo tiempo amable, y sobre todo divertida, fue una gratísima sorpresa y un descubrimiento valioso, que se completó más tarde con Violoncelles, vibrez!, del mismo compositor, para dos cellos y orquesta, donde también participó como solista Iván Karizna, quien junto con Brunello protagonizó un duetto de corte casi rockero.

El coro de toses, nerviosas y para nada disimuladas, se repitió durante la obra de Kancheli, sumadas al nulo tino de algún espectador que se puso a desenvolver un caramelo en el momento de mayor sutileza de la música, peor. Evidentemente hay cierta falta de adecuación entre el público que asiste y la música que se le ofrece. O falta de educación, simplemente. La obra del fallecido compositor, plena de dinámicas y contrastes, inicia y culmina con una voz electrónica, y equilibra las disonancias con un eje permanente de seducción armónica.

En los bises, el finale del Concerto per archi de Nino Rota y una canción tradicional armenia del siglo X cerraron una noche musicalmente excelente, donde la novedad y la tradición clásica se dieron la mano en un bienvenido formato.  Germán A. Serain

Fue el 10 de octubre de 2019 
Teatro Coliseo
M. T. de Alvear 1125 – Cap.
(011) 4816-3780
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