HATE RADIO, el sonido del genocidio

Basada en hechos reales, la obra reconstruye el dispositivo que transformó un medio de comunicación en un arma de exterminio

Hate Radio – Elenco: Sébastien Foucault, Eric Ngangare, Diogène Ntarindwa, Bwanga Pilipili, Sylvain Souklaye – En video: Estelle Marion, Nancy Nkusi, Afazali Dewaele – Dramaturgia y Dirección conceptual: Jens Dietrich – Escenografía y Vestuario: Anton Lukas – Video: Marcel Bächtiger – Sonido: Jens Baudisch – Subdirectora: Mascha Euchner-Martínez – Texto y Dirección: Milo Rau

Tras presentarse en más de 25 países, Hate Radio llega a Nueva York de la mano del director suizo Milo Rau y del International Institute of Political Murder, plataforma europea de teatro político con base en Suiza y Alemania. Mientras en 1994 buena parte del planeta seguía la Copa del Mundo en Estados Unidos, en Rwanda se consumaba uno de los hechos más devastadores de la historia reciente: el genocidio contra la población tutsi.

Entre los engranajes que facilitaron esa violencia estuvo la Radio Télévision Libre des Mille Collines (RTLM), emisora privada vinculada a sectores extremistas del poder hutu. Desde sus micrófonos se difundía propaganda, se deshumanizaba sistemáticamente a la población tutsi —a quienes se refería reiteradamente como inyenzi (“cucarachas” en kinyarwanda)— y se llamaba abiertamente a su eliminación física.

El teatro St. Ann’s Warehouse ocupa el histórico Tobacco Warehouse del siglo XIX, antiguo almacén portuario de tabaco restaurado por el estudio Marvel a orillas del East River. La intervención realza su condición industrial al conservar su estructura y materialidad robusta, integrándolas con precisión al entorno urbano. Desde su jardín exterior el edificio dialoga con el perfil iluminado del Puente de Brooklyn, potenciando su presencia e identidad histórica.

Al ingresar a la sala, el espectador se encuentra con declaraciones de testigos proyectados en escala ampliada sobre cortinas blancas. El recurso de la magnificación evoca a intervenciones posteriores como Habeas Corpus de Laurie Anderson, que trasladó simbólicamente Guantánamo Bay a Park Avenue. Cuando las cortinas se elevan y revelan la cabina vidriada que contiene el estudio de radio, la escenografía de Anton Lukas materializa la traslación de Kigali en 1994 a la orilla ribereña de Dumbo. A partir de testimonios y materiales de archivo, Rau procura recrear el espíritu de RTLM, exponiendo cómo la voz radial se convirtió en instrumento de propaganda del odio.

La experiencia sonora resulta decisiva. Desde el inicio, los espectadores reciben auriculares que canalizan la señal radial como si se tratara de una transmisión en vivo. Cuando la programación entra en corte comercial, el audio deja de oírse por los auriculares y pasa al sistema de sonido de la sala. El cambio altera el régimen de escucha: de la recepción individual se pasa a una experiencia colectiva, más expansiva y física.

La selección musical (Jens Baudisch) no es aleatoria. La emisora alternaba incitación a la violencia con hits internacionales de la época —de Reel 2 Real a Nirvana— generando una convivencia inquietante entre géneros como el rock alternativo y el hip house con el discurso genocida. La inclusión de temas como Rape Me introduce una ironía perturbadora: mientras la emisora atacaba a Naciones Unidas y a la administración de Bill Clinton, sonaban éxitos de la cultura pop estadounidense. Durante estas transiciones musicales, los locutores y el DJ —custodiados por un guardia de seguridad— bailan y bromean, mientras en el exterior se perpetran crímenes de lesa humanidad.

Se registra una leve disonancia temporal. Los locutores anuncian frecuentemente los horarios de Kigali, reforzando la ilusión documental; sin embargo, el reloj visible en escena marca la hora local de Nueva York. No queda claro si se trata de una decisión deliberada para subrayar el desfase temporal o de una omisión escénica. En cualquier caso, el desajuste recuerda que lo que se escucha pertenece a otro contexto histórico.

La obra rehúye lecturas tranquilizadoras y sugiere que el estado de derecho y la garantía efectiva de los derechos humanos son condiciones frágiles, dependientes de instituciones capaces de contener la incitación sistemática al odio y sus consecuencias. Hate Radio desplaza el foco del exterminio hacia la infraestructura mediática que lo hizo posible. No dramatiza únicamente un episodio histórico, sino que lo expone como ejemplo extremo de lo que ocurre cuando el discurso público promueve una escalada represiva y la deshumanización se vuelve norma. Martin Quiroga Barrera Oro

Se dio hasta el  28 de febrero de 2026
St. Ann’s Warehouse
45 Water St. – New York City
NY – Estados Unidos

Mirar videíto HATE RADIO en YouTube

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