FILARMÓNICA DE BUENOS AIRES, destacado inicio

Dos contrastantes obras con la batuta de Enrique Arturo Diemecke

El habitual salto al podio, sello del Maestro Enrique Arturo Diemecke, no fue uno más. Se lo veía exultante. Fue el primer salto dado como Director Artístico del Teatro Colón. Dió la bienvenida como dueño de casa, con un simpático monólogo respecto de su cargo y de las piezas a interpretarse, sin soslayar el calor reinante en la sala, producto de una falla en el aire acondicionado. No sólo el público debió abanicarse, también lo hicieron los músicos y los coreutas cuando la partitura los dejaba libres, sirviendo a su vez de improvisado abanico.

El concierto se inició con Madre Tierra, díptico sinfónico de Esteban Benzecry, que ensalza las características y leyendas de la fuerza y energía que moran en el mundo natural y animal, imperio de la Pachamama –deidad de la cultura inca-  y de Ñuke Mapu, la mismísima y portentosa Tierra. Por eso la partitura es más rica en sonidos que en notas, aquellos que remedan los movimientos, a veces invisibles, del universo que nos alberga. Se pueden adivinar vientos, montañas y bosques. Se puede percibir el silente vuelo de un ave sobre aguas lacustres o el magma rugiente en vísperas de una erupción volcánica.

Es la música de la Tierra, imaginada por el compositor y liberada a la visión de cada oyente, libre y sensible. Con algunas reminiscencias mahlerianas en la inspiración de la Naturaleza y breves toques minimalistas al estilo Philip Glass, la música de Benzecry homenajea merecidamente a esa madre que nos cobija y marca el camino como si de un documental sonoro se tratara. Allí se perciben los crótalos y los platillos, campanas de bambú, cascabeles, maracas, y un glockenspiel, entre otros inusuales instrumentos sinfónicos. Diemecke hizo llegar el espíritu de esa Madre al alma de cada espectador, en una interpretación sentida y sutil que marcó el estreno americano, con su autor presente.

Seguidamente, junto al Coro Estable del Teatro Colón y el Coro de Niños, con la estupenda dirección de Miguel Martínez y César Bustamante, la célebre Carmina Burana de Carl Orff,  sonó superlativa en la versión de la Filarmónica. Las impecables marcaciones de Diemecke, otorgando una fuerza contundente, generaron una función para el recuerdo, gloriosa, emotiva, magnífica. La soprano cordobesa Laura Rizzo, el barítono uruguayo Alfonso Mujica y el contratenor suizo-argentino Martín Oro entregaron lo mejor de sí. Cabe mencionar que Oro reemplazó a Damián Ramírez -originalmente designado para cantar la parte del cisne-, fallecido hace muy poco y a quien se le brindó un minuto de silencio. Fue una interpretación superlativa, un tutti de voces perfectamente ajustado y con el carácter preciso indicado por Orff para esta cantata, de impronta profana, que se redescubre en interpretaciones de excelencia, como la ofrecida en este comienzo de temporada. Martin Wullich

Fue el 2 de marzo de 2017
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7100
teatrocolon.org.ar

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