EL JILGUERO, premio Pulitzer de Ficción 2014

El libro de Donna Tartt derrama belleza y desesperación

A lo largo de 1.143 páginas Theo Decker se convertirá en un entrañable compañero a quien nos dará pena abandonar “en el naufragio del tiempo”. El protagonista de la novela El jilguero es un joven de veintisiete años que se lanza a escribir la historia de su vida a partir de un fatídico día que transcurre en Nueva York, cuando él tenía trece años. Una lluvia persistente obliga a su madre y a él a refugiarse en el Met (Metropolitan Museum of Art) para disfrutar algunas de sus maravillosas salas mientras el tiempo escampe. Es el día en que por un atentado terrorista estalla una bomba en el museo y su madre muere.

Momentos antes del estallido habían compartido la contemplación de unas obras de arte flamenco en compañía (a cierta distancia) de un hombre mayor con una niña de la edad de Theo, la que despierta en él una singular atracción. Instantes después se separan para encontrarse más tarde en la tienda de postales y la bomba cambia sus planes para siempre. Luego de recobrar la conciencia tras el impacto de la explosión, Theo se ve junto al anciano moribundo que acompañaba a la niña, y mientras lo asiste recibe el encargo de “tomar” uno de los cuadros de la ya derruida sala.

Se trata de una pequeña tabla que data del año 1654, El jilguero, de Fabritius, un pintor de la escuela flamenca, alumno de Rembrandt y maestro de Vermeer. Curiosamente era una obra favorita de su madre y, sin pensarlo mucho se alza con ella y un anillo de sello que el anciano le entrega para que lo lleve a su socio. A partir de allí, se tejen las desventuras del niño, quien debe sortear el pozo de orfandad en que lo sume la vida, a la vez que conserva en secreto la posesión del cuadro del jilguero, como un talismán sagrado, cargado de significados que a su corta edad no alcanzaba a revelar.

La narración de Donna Tartt es bella y lúcida; se le atribuyen reminiscencias de Charles Dickens, maestro de la narrativa, y en verdad le hace honor al delinear un puñado de caracteres donde contrastan las clases sociales y las debilidades humanas, actualizadas con las plagas del siglo XXI: estrés post traumático, drogadicción, robo de piezas de arte, fraudes de restauración, alcoholismo, bipolaridad. Como contraparte de las vertiginosas circunstancias en las que se ve envuelto Theo, destacan la figura de su protector, Hobie, un personaje benévolo a prueba de todo y estable, que además le enseña un oficio, la restauración de muebles; Boris, un amigo ucraniano cuya conducta se aleja bastante de lo socialmente aceptable, y por último, el desafío de aceptar que Pippa, la mujer que ama, pertenece a un abismo similar al suyo (es la chica que sobrevive a la explosión en el Met).

Lejos de toda sensiblería y con una agudeza que traza impecablemente los cambios que sobrevienen inesperados y fortuitos, deteniéndose en detalles que hacen exquisita cada escena, El jilguero alcanza a sacudir la emoción y a entonar a la reflexión, a medida que las piezas se ordenan y un alivio relaja la tensión cultivada página a página por una autora minuciosa y delicada, que durante toda la obra despliega la belleza del arte como consuelo frente a lo irreparable. Donna Tartt (Greenwood, Mississippi, 1963) tardó más de diez años en escribir este libro; una década es su timing para dar a luz una novela, y se aprecia en el resultado. Silvia Bonetti

El jilguero
Donna Tartt
1143 páginas
Lumen

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