EL INGREDIENTE PRINCIPAL, todos vamos a morir

¿Qué harías o qué dejarías de hacer si conocieras tu fecha de partida?

El ingrediente principal – Actúan: Fanny Cittadini, Marcelo Arbach – Escenografía: Mario Arietto, Claudia Daniele –Música: Fernándo Sánchez – Dramaturgia: María Inés Prosdócimo – Dirección: Mario Arietto

Si hay algo que sabemos con absoluta seguridad, es que en algún momento todos vamos a morir. Lo lamentable (aunque también es posible que en definitiva esa sea precisamente la parte buena del caso) es que no sabemos cuándo. Norma y Horacio saben. Seis meses los separan del momento fatal. Y eso cambia todas las perspectivas. ¿O tal vez no cambia nada?

Intente imaginar el lector qué haría o dejaría de hacer si un médico le revelara que a lo sumo le queda medio año de vida por delante. Que dispone de ese tiempo para preparar su propio funeral, para despedirse de su familia, para hacer en definitiva lo que le venga en gana. El eventual contraste entre lo que a usted le suceda al pensar en semejante situación y lo que hacen aquí los personajes es el eje de este trabajo.

Escrita por María Inés Prosdócimo, dirigida por Mario Arietto y muy bien actuada por Fanny Cittadini y Marcelo Arbach, la obra tiene un dispositivo escénico por demás simple: una mesa y dos asientos dispuestos sobre un piso en irregular damero y unas cuantas luces. Alcanza y sobra para que allí se desarrolle la acción. Una acción acotada, con un tono ambiguo de comedia, marcada todo el tiempo por los claroscuros.

Los personajes no terminan de hacerse cargo de la situación, ni de su propia desorientación, pero de todos modos reconocen su angustia. Sin embargo estamos muy lejos de la angustia fáustica. Aquí el problema no está dado por la proximidad del final de la vida, sino por el sinsentido de la misma existencia. Un recurrente motivo musical, a menudo acompañado por un dramático tic-tac, le da continuidad a las escenas al mismo tiempo que nos recuerda el devenir incesante de las horas.

Así El ingrediente principal transcurre entre incomunicaciones, frustraciones, añoranzas, confesiones y sinsentidos. Detrás de todo esto, el ingrediente principal quizá sea el contraste tácito que aporte el espectador en relación a su propia experiencia de vida. En el fondo, la obra nos hace recordar las palabras de aquel poeta que preguntaba: ¿Por qué te lamentas por no ser inmortal, si ni siquiera sabes qué hacer con el escaso tiempo que te ha sido dado de vida? Tal vez la respuesta a esta pregunta sea: “Necesito tiempo para aprender, justamente”. Ahí es donde, al fin y al cabo, aparece Fausto. Germán A. Serain

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