EL CÓNSUL, teatralidad y música de excelencia

Destacada puesta en escena de la ópera de Gian Carlo Menotti, con brillo de Carla Filipcic Holm

El cónsul (drama lírico en tres actos) – Intérpretes: Leonardo Neiva, Carla Filipcic Holm, Rocío Arbizu, Virginia Correa Dupuy, Héctor Guedes, Adriana Mastrángelo, Marisú Pavón, Marina Silva, Sebastián Sorarrain, Alejandro Spies, Marisú Pavón, Pablo Urban –  Iluminación: Gonzalo Córdova – Escenografía y Vestuario: Jorge Ferrari – Libro y Música: Gian Carlo Menotti – Orquesta: Estable del Teatro Colón – Dirección musical: Justin Brown – Régie: Rubén Szuchmacher

Autor del libreto y la música, Gian Carlo Menotti marca desde el inicio los desesperados momentos que vive un disidente político perseguido, a mediados del siglo pasado, en un país centroeuropeo con un régimen totalitario. De hecho, el personaje llega a su casa escapando, herido, y su mujer le pregunta si alguien lo siguió o lo reconoció. Ella intenta conseguirle la visa para ir a un país más seguro. El miedo se apodera de los personajes y se transmite al público, mientras él se guarece en un escondrijo debajo del piso para no ser descubierto por la policía secreta, que controla su vida e irrumpe en su casa para apresarlo. En la requisa, los agentes solo ven a su madre, su mujer, y su hijito enfermo.

La paleta monocromática en tonos grises de la escenografía, muy bien pergeñada por Jorge Ferrari, remeda las imágenes realistas de Edward Hopper, aunque tamizadas de lo tremendo de la historia sin esperanza alguna y un creciente clima kafkiano que hace eclosión en el consulado. La iluminación de Gonzalo Córdova, acorde a la tensión del relato, está tan lograda que el solo cambio de color en los sueños de los personajes alivia la pesada sensación, introduciéndonos gratamente en el universo onírico. Mientras el precioso trío entona “no permitamos que las lágrimas de amor atenúen la luz de nuestro camino”, el color general cambia a un rosa fulgurante que en los sueños deviene verde. El quinteto final del primer acto deja un hilo de esperanza que difícilmente llegue. La madre ha preanunciado el destino: “hasta la muerte parece demasiado lenta”.

La aparición del consulado, con sus centenares de biblioratos plenos de historias eternas y sin solución es un hallazgo que coadyuva a la atmósfera imperante de gente que desespera para ser atendida por el misterioso cónsul que jamás aparecerá, pues siempre está en reunión, atendiendo a alguien más importante. La secretaria, fría e impertérrita ante los pedidos de los visitantes, exige cada vez más papeles, rechaza fotos porque su tamaño no es el pedido y todo vuelve a empezar, alejando posibilidades de una vida que aparece perdida.

En la dramática historia hay, sin embargo, poesía puesta en palabras y música, aunque se mencione que los nombres son números, y las esperanzas un expediente. Magda Sorel, la mujer del disidente, habla del vino negro como la sangre derramada y del pan blanco como la carne de los muertos. Nika, un mago encantador intenta seducir con sus artes y tampoco logra siquiera una sonrisa dentro del hermético recinto.

Aprovechando un notable elenco, Rubén Szuchmacher ha creado una estupenda régie para El cónsul.  Su concisa marcación actoral refleja la opresión y la angustia vivida por los personajes, agotados y desesperanzados ante el abuso de poder, la burocracia y las amenazas. Asimismo utilizó la maquinaria del teatro para los rápidos cambios de escena, generando un espectáculo de gran teatralidad, por momentos cinematográfico.

La música de Gian Carlo Menotti es tan detallista que estremece y fue apreciablemente expresada por la Orquesta Estable, que vibró con las sutilezas y matices indicados por el inglés Justin Brown. Los cantantes hicieron un notable trabajo vocal y algunos resultaron muy expresivos y sustanciados con sus personajes, como Pablo Urban -el mago Nika Magadoff-, Adriana Mastrángelo -la secretaria-, Virginia Correa Dupuy -la madre- y Rocío Arbizu -Vera Boronel-. El barítono brasileño Leonardo Neiva, sustanciado como John Sorel, imprimió en su voz y en su personaje el sello correcto del perseguido.

Sin embargo, la estrella de El cónsul es Carla Filipcic Holm quien, con su potencia vocal, relevante registro y expresión superlativa, transmite la desesperación en todo momento y lugar, así en su hogar como en el consulado. La soprano conmueve en un papel sobresaliente; su final del segundo acto fue glorioso y memorable. Martin Wullich

Fue el 3 de mayo 2022
Teatro Colón
Libertad 621 – Cap.
(011) 4378-7100
teatrocolon.org.ar
Rubén Szuchmacher en este Portal
Carla Filipcic Holm en la Sinfonía No. 3 de Henryk Górecki

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